La encíclica Mystici Corporis Christi afirma que la Iglesia es el verdadero Cuerpo de Jesucristo, el cual es la Iglesia Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana. Esta expresión, «Cuerpo Místico de Cristo», es considerada la más noble, sublime y divina para describir la Iglesia, y surge de la enseñanza constante de las Sagradas Escrituras y los Santos Padres.
El documento explica que la Iglesia es llamada «cuerpo» porque es una sociedad organizada, y es llamada el «Cuerpo de Cristo» porque el Señor es su Fundador, Cabeza, Sustento y Salvador. San Roberto Belarmino, citado en la encíclica, señala que esta denominación no solo se debe a que Cristo es la Cabeza del Cuerpo Místico, sino también a que Él sostiene la Iglesia y vive en ella de tal manera que la Iglesia es, en cierto sentido, otro Cristo. San Pablo, de hecho, se refiere a la Iglesia como «Cristo» sin más, siguiendo el ejemplo del Maestro que le preguntó: «¿Saulo, Saulo, por qué me persigues?».
Por qué es «Místico»
El término «místico» se utiliza para distinguir el Cuerpo de la Iglesia del Cuerpo físico de Cristo (nacido de la Virgen María y ahora oculto bajo los velos eucarísticos) y de cualquier otro cuerpo, ya sea físico o moral. Esta distinción es crucial para corregir errores modernos.
La diferencia entre un cuerpo místico y un cuerpo moral es considerable. En un cuerpo moral, el principio de unión es el fin común y la cooperación de todos bajo la autoridad de la sociedad para alcanzar ese fin. En el Cuerpo Místico, sin embargo, esta colaboración se complementa con un principio interno sobrenatural, infinito e increado: el Espíritu de Dios, que, siendo numéricamente uno y el mismo, llena y unifica toda la Iglesia.