La promesa de un hijo
Dios llamó a Abram y le prometió una descendencia numerosa, una tierra y una bendición destinada a alcanzar a todas las naciones. La promesa planteaba una dificultad evidente: Abraham y Sara habían envejecido sin tener hijos. Sara, además, era estéril, circunstancia que hacía imposible esperar descendencia desde el punto de vista de la fecundidad ordinaria.
El Génesis presenta esta situación como el marco en el que Dios revela que su palabra no depende de las posibilidades humanas. El Señor anuncia a Abraham que Sara tendrá un hijo y que la alianza continuará mediante ese descendiente. La promesa no queda vinculada a Ismael, nacido de Agar, sino al hijo que Sara dará a luz conforme al designio divino.
Dios había declarado anteriormente a Abraham:
«A Sara, tu mujer, no la llamarás Saray, sino Sara. Yo la bendeciré y también de ella te daré un hijo; la bendeciré, se convertirá en naciones, y reyes de pueblos procederán de ella» (Gn 17,15-16).
La promesa adquiere así un carácter sobrenatural. Isaac no nace simplemente como resultado de la continuidad biológica de una familia, sino como fruto de la palabra eficaz de Dios.
La incredulidad inicial de Abraham y Sara
La noticia provoca asombro tanto en Abraham como en Sara. Abraham tenía cien años cuando nació Isaac, y Sara había superado ampliamente la edad normal de la maternidad. La reacción de ambos incluye la risa, aunque con matices diferentes.
Abraham escucha la promesa y cae rostro en tierra, riéndose ante la perspectiva de que un hombre centenario pueda engendrar un hijo y de que Sara, ya anciana, pueda concebir. Más adelante, Sara también ríe interiormente al oír que tendrá un hijo. Su razonamiento resulta comprensible desde la experiencia humana: ella y su marido han llegado a una edad en la que la maternidad parece imposible.
La respuesta divina introduce una de las afirmaciones centrales del relato:
«¿Hay algo difícil para el Señor?» (Gn 18,14).
La pregunta no niega las leyes ordinarias de la naturaleza, sino que manifiesta la soberanía de Dios sobre la creación. El Dios de la alianza puede llevar a cumplimiento una promesa cuando todos los recursos humanos parecen agotados.


