La nación como comunidad humana
La nación constituye una comunidad histórica formada por vínculos culturales, lingüísticos, territoriales, sociales y jurídicos. La pertenencia nacional nace normalmente de relaciones concretas: la familia, la tierra de origen, la memoria colectiva, las costumbres, la lengua y las instituciones compartidas. Estas realidades ayudan a la persona a comprender su identidad y su responsabilidad social.1,2
La doctrina católica no identifica necesariamente nación y Estado. Una nación puede conservar su identidad y sus derechos propios aunque no coincida plenamente con las fronteras de un Estado o aunque varias comunidades nacionales convivan dentro de una misma estructura política. La existencia de una nación no depende de una uniformidad absoluta de sus habitantes, sino de una continuidad histórica, cultural y social.3,2
Qué significa nacionalismo
El término nacionalismo puede utilizarse con sentidos diversos. En un sentido amplio, designa la defensa de la identidad y de los intereses de una nación. Sin embargo, el magisterio pontificio reserva su crítica especialmente para las formas que convierten la nación en criterio supremo de la vida política y moral.
El nacionalismo se vuelve contrario a la doctrina católica cuando:
- Desprecia o considera inferiores a otras naciones y culturas.
- Transforma la diferencia nacional en enemistad.
- Justifica el racismo, la xenofobia o la persecución de minorías.
- Absolutiza la soberanía estatal.
- Subordina los derechos humanos al interés nacional.
- Utiliza la religión para legitimar proyectos políticos excluyentes.
- Convierte la nación, el pueblo o el Estado en realidades sagradas.
Juan Pablo II contrapuso el nacionalismo enfermizo, basado en el desprecio de otros pueblos, al patriotismo, entendido como amor ordenado a la propia patria. El verdadero patriotismo no busca el bienestar nacional a costa de los demás, porque la injusticia perjudica tanto a la víctima como al agresor.4
