El nártex ocupa la zona de acceso al templo, por delante de la nave, el espacio destinado a la asamblea de los fieles. En algunas iglesias lo separaba de la nave un muro bajo o una mampara; en otras, formaba parte de una estructura de entrada más amplia. Por tanto, no equivale a la nave ni al santuario: marca el paso desde el exterior hacia los espacios interiores de la iglesia.1,2
La disposición del edificio expresa también una idea espiritual. El Catecismo de la Iglesia greco-católica ucraniana presenta la secuencia del nártex, la nave -o «templo de los fieles»- y el santuario como una orientación hacia la plenitud del Reino de Dios. Entrar por el nártex simboliza dejar atrás las preocupaciones cotidianas para dirigirse a «lo único necesario».2


