La conmemoración de la Natividad de María tiene sus raíces en el Oriente cristiano, con los documentos más antiguos que datan del siglo VI1. San Romano el Meloda, un gran himnógrafo de la Iglesia griega, compuso un himno para esta fiesta entre los años 536 y 556, basándose en el Protoevangelio de Santiago, un texto apócrifo1. Este evangelio apócrifo es una fuente importante de las tradiciones populares sobre la vida temprana de María, incluyendo el relato de sus padres, Joaquín y Ana, y su nacimiento milagroso después de que ellos fueran estériles2.
La fiesta pudo haberse originado en Siria o Palestina a principios del siglo VI, en un período en que el culto a la Madre de Dios se intensificó notablemente, especialmente después del Concilio de Éfeso1. San Andrés de Creta, a principios del siglo VIII, predicó varias homilías sobre esta festividad, lo que indica su creciente importancia1.
La Iglesia de Roma adoptó esta fiesta del Oriente en el siglo VII, y se encuentra en los sacramentarios Gelasiano (siglo VII) y Gregoriano (siglos VIII-IX)1. El Papa Sergio I (687-701) prescribió una letanía y una procesión para esta celebración1. Sin embargo, la Iglesia Latina fue más lenta en aceptar plenamente este festival oriental, debido a que la historia del nacimiento de María se conocía principalmente a través de fuentes apócrifas1. A pesar de esto, el Sínodo de Salzburgo en 799 ya prescribía cuatro fiestas en honor a la Madre de Dios: la Purificación (2 de febrero), la Anunciación (25 de marzo), la Asunción (15 de agosto) y la Natividad (8 de septiembre)3.
La fecha del 8 de septiembre para la Natividad de María no tiene una explicación definitiva en los registros históricos, aunque algunos sugieren que podría estar relacionada con la consagración de una basílica en Jerusalén construida sobre la casa de Santa Ana, la madre de María4. La octava de la fiesta fue instituida por el Papa Inocencio IV en 12431.

