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Natividad

La Natividad del Señor es la celebración cristiana del nacimiento de Jesucristo en Belén de Judea. La Iglesia contempla en este misterio la Encarnación del Hijo de Dios, nacido de la Virgen María por obra del Espíritu Santo, y proclama que el Salvador entra verdaderamente en la historia humana. La solemnidad forma parte del tiempo de Navidad, ciclo litúrgico dedicado al nacimiento de Cristo y a sus primeras manifestaciones.1

Adorazione dei pastori Allendale Adoration of the Shepherds
Ver información de la imagenAdoración de los pastores. c. 1505. National Gallery of Art, Washington, D. C., colección en línea, Giorgione, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreNatividad
CategoríaEvento
DescripciónCelebración cristiana del nacimiento de Jesús en Belén, destacada como solemnidad del tiempo de Navidad. Conmemora la Encarnación del Hijo de Dios, nacido de María por obra del Espíritu Santo, marcando el inicio histórico de la misión redentora de Cristo, con tradiciones como el belén y la Misa de medianoche. Manifestación de la encarnación divina, la entrada del Salvador en la historia humana
Contexto HistóricoPrimera referencia al 25-de-diciembre por Hipólito de Roma (~204), fijada como celebración en el siglo IV.
Fecha de Celebración25 de diciembre
HistoriaPasó de vínculo con la Epifanía a fiesta propia en el siglo IV; se difundió en la Edad Media, impulsada por San Francisco de Asís en Greccio.
InfluenciaInspiró artes visuales, música, literatura y la costumbre del belén, extendiéndose mundialmente.
SimbolismoLuz que vence la oscuridad, humildad del pesebre y universalidad representada por pastores y magos.
TipoFiesta litúrgica, Solemnidad litúrgica del tiempo de Navidad
UbicaciónBelén de Judea

Tabla de contenido

Significado del término

La palabra natividad procede del latín nativitas, «nacimiento». En el ámbito cristiano designa principalmente el nacimiento de Jesucristo, aunque también puede aplicarse al nacimiento de la Virgen María o de san Juan Bautista.

La Natividad del Señor recibe asimismo los nombres de Navidad, Nacimiento de Cristo y Nacimiento del Salvador. En la liturgia romana constituye una solemnidad central del año cristiano, inmediatamente después de la celebración anual del Misterio pascual en importancia dentro del ciclo litúrgico. Las normas litúrgicas universales describen la conmemoración de la Natividad y de las primeras manifestaciones del Señor como una de las costumbres más antiguas de la Iglesia.1

La Natividad en la Sagrada Escritura

Los relatos de san Mateo y san Lucas

Los únicos relatos evangélicos que narran directamente el nacimiento y los primeros acontecimientos de la vida de Jesús aparecen en los dos primeros capítulos de los Evangelios según san Mateo y san Lucas. Estos capítulos no funcionan como una crónica moderna, sino como una introducción teológica a cada Evangelio: presentan acontecimientos concretos y, al mismo tiempo, muestran quién es Jesús y cuál es su misión salvadora.2

Mateo y Lucas escriben desde perspectivas diferentes, pero coinciden en un núcleo fundamental:

  • María es una virgen desposada con José.
  • José pertenece a la casa de David.
  • María concibe a Jesús por obra del Espíritu Santo.
  • El niño recibe el nombre de Jesús.
  • Jesús nace durante el reinado de Herodes.
  • El nacimiento tiene lugar en Belén.
  • Después, la Sagrada Familia se establece en Nazaret.3

La coincidencia resulta especialmente significativa porque ambos evangelistas presentan tradiciones y composiciones literarias independientes. Los dos relatos relacionan la concepción virginal con la identidad única del niño y aluden a la profecía de Isaías 7,14.3

El relato de san Mateo

San Mateo comienza con la genealogía de Jesucristo y lo presenta como descendiente de David y heredero de las promesas hechas a Israel. La genealogía conduce hasta José, esposo de María, aunque el evangelista afirma que Jesús no procede de José según la generación humana.

El ángel del Señor revela a José en sueños que el niño concebido por María procede del Espíritu Santo. José recibe la misión de acoger a María y poner al niño el nombre de Jesús, porque «él salvará a su pueblo de sus pecados». Mateo interpreta así el nombre de Jesús en relación con su misión redentora.

El evangelista aplica a Jesús la profecía de Isaías sobre el Emmanuel, es decir, «Dios con nosotros». La Natividad aparece, por tanto, como el cumplimiento de las promesas antiguas y como la llegada del Mesías esperado. Mateo presenta también a Jesús en continuidad con figuras decisivas del Antiguo Testamento, especialmente Jacob-Israel y Moisés, aunque afirma su superioridad sobre todos ellos por ser el Hijo de Dios.4

El relato mateano incluye la visita de los Magos de Oriente, la consulta de Herodes, la huida a Egipto y el regreso posterior de la familia a Nazaret. Estos episodios muestran que algunos acogen al Mesías mientras otros lo rechazan. La adoración de los Magos anticipa la apertura universal de la salvación a los pueblos.

El relato de san Lucas

San Lucas narra la anunciación a María, la visita de María a Isabel, el nacimiento de Juan Bautista y el nacimiento de Jesús. El evangelista establece un paralelismo entre Juan, el Precursor, y Jesús, el Salvador: Juan prepara el camino, mientras que Jesús realiza definitivamente la obra salvadora.

El ángel anuncia a María que concebirá y dará a luz un hijo llamado Jesús. El niño será grande, recibirá el trono de David y será reconocido como Hijo de Dios. Ante la pregunta de María, el ángel atribuye la concepción a la acción del Espíritu Santo. El consentimiento libre de María expresa su obediencia confiada al designio divino.

Lucas sitúa el nacimiento en Belén durante un desplazamiento relacionado con el empadronamiento. María da a luz a su hijo primogénito, lo envuelve en pañales y lo acuesta en un pesebre porque no encuentran alojamiento adecuado. Los pastores reciben el anuncio de los ángeles y acuden a contemplar al niño. La escena manifiesta una paradoja esencial de la fe cristiana: el Salvador y Mesías aparece en la humildad, la pobreza y la indefensión de un recién nacido.

Lucas presenta a María como la mujer que conserva y medita los acontecimientos en su corazón. También muestra que la salvación comienza a manifestarse en Jerusalén y en el templo, antes de extenderse a Israel y a todas las naciones.4

Datos bíblicos y tradición devocional

La fe católica distingue entre los elementos expresamente contenidos en los Evangelios y los detalles que la tradición cristiana, la liturgia, el arte y la piedad popular han añadido para contemplar el misterio.

Elementos directamente evangélicos

Los Evangelios de Mateo y Lucas fundamentan los siguientes elementos:

  • El nacimiento de Jesús en Belén.
  • La maternidad de María.
  • La virginidad de María en la concepción de Jesús.
  • La acción del Espíritu Santo.
  • La presencia y misión de san José.
  • El nombre de Jesús.
  • La condición de Jesús como Mesías e Hijo de Dios.
  • La adoración de los pastores, narrada por Lucas.
  • La visita de los Magos, narrada por Mateo.
  • La referencia al reinado de Herodes.
  • La relación de Jesús con la casa de David.
  • El establecimiento posterior de la familia en Nazaret.3

Los Evangelios no proporcionan la fecha exacta del nacimiento. Tampoco describen todos los detalles que aparecen habitualmente en los belenes, como determinadas características del establo, el número de los Magos, sus nombres, la presencia del buey y la mula o la disposición concreta de los personajes.

Aportaciones de la tradición cristiana

La tradición devocional ha enriquecido la contemplación de la Natividad mediante imágenes, himnos, representaciones y costumbres. El belén reúne en una sola escena elementos procedentes de Mateo y Lucas: el niño en el pesebre, María, José, los pastores, los Magos y los animales. Esta composición no pretende reproducir una fotografía del acontecimiento, sino expresar visualmente el contenido de la fe.

Los nombres tradicionales de los Magos -Melchor, Gaspar y Baltasar- pertenecen a la tradición cristiana y no aparecen en el texto evangélico. Del mismo modo, la representación de tres Magos suele relacionarse con los tres dones ofrecidos a Jesús: oro, incienso y mirra, aunque Mateo no precisa su número.

La tradición del belén adquirió una fuerza especial en la Edad Media y alcanzó una difusión extraordinaria a partir de la celebración organizada por san Francisco de Asís en Greccio. Francisco quiso hacer perceptible la humildad y la humanidad de Cristo mediante una representación viva del nacimiento. La celebración contribuyó decisivamente a extender la costumbre cristiana del nacimiento o belén.5

Contenido teológico

El misterio de la Encarnación

La Natividad manifiesta que el Hijo eterno de Dios asumió una verdadera naturaleza humana. Jesucristo no aparece como un ser intermedio entre Dios y el hombre, sino como verdadero Dios y verdadero hombre. El nacimiento en Belén pertenece, por tanto, al misterio de la Encarnación del Verbo.

La Iglesia no contempla la Navidad como una simple conmemoración sentimental de la infancia de Jesús. El niño nacido de María es el mismo Señor que anuncia el Evangelio, muere en la cruz y resucita. La Natividad contiene ya el inicio histórico de la misión redentora de Cristo.

La maternidad virginal de María

Mateo y Lucas presentan la concepción de Jesús como obra del Espíritu Santo y excluyen la paternidad humana de José. La concepción virginal pertenece al conjunto de la fe cristológica: manifiesta que la iniciativa de la salvación procede de Dios y que Jesús posee una identidad única como Hijo de Dios.3

María aparece como la nueva Eva, llena de gracia, humilde y obediente. Su maternidad no constituye un elemento secundario del relato, sino una dimensión esencial del misterio de la Encarnación. El Hijo de Dios recibe de ella una verdadera naturaleza humana y nace verdaderamente como hombre.4

San José

San José desempeña una función decisiva en el relato de Mateo. Aunque no es el padre de Jesús según la generación corporal, recibe al niño y a su madre, protege a ambos y ejerce una auténtica paternidad legal y familiar. Su obediencia silenciosa permite que Jesús quede integrado en la descendencia davídica y en la historia de Israel.

La humildad de Dios

El pesebre expresa el modo desconcertante de la manifestación divina. Dios no se revela primero mediante el poder político, la riqueza o la fuerza militar, sino mediante la pobreza de un niño. La tradición espiritual cristiana ha encontrado en esta humildad una llamada a reconocer la dignidad de toda vida humana y a practicar la sencillez, la compasión y la entrega.

Benedicto XVI relacionó la devoción navideña difundida por san Francisco con la contemplación del amor indefenso de Dios, de su humanidad y de su bondad. La Navidad muestra así un modo nuevo de vivir y amar a partir de la cercanía de Dios hecho hombre.5

Cristo, luz para las naciones

La Natividad no pertenece únicamente a la historia de Israel. Los pastores representan a los humildes de Israel que acogen el anuncio; los Magos representan a los pueblos que buscan la verdad y llegan a adorar al Mesías. La liturgia contempla en ambos grupos el comienzo de una manifestación universal de la salvación.

El simbolismo de la luz ocupa un lugar destacado en la tradición navideña. Cristo es la luz verdadera que vence las tinieblas del pecado y de la muerte. La elección litúrgica del 25 de diciembre recibió también una interpretación cristiana vinculada a Cristo como verdadera luz y sol de justicia.6

Desarrollo histórico de la fiesta

De la Pascua a la celebración del nacimiento

La primera comunidad cristiana centró su calendario en la muerte y resurrección de Jesucristo. La Pascua constituye la celebración cristiana más antigua y el fundamento de la proclamación apostólica. La fiesta de la Natividad apareció posteriormente, cuando la Iglesia comenzó a conmemorar litúrgicamente el nacimiento histórico del Salvador.5

Durante los primeros siglos, varias comunidades cristianas conmemoraban el nacimiento y la manifestación de Cristo dentro de la celebración de la Epifanía. La palabra epifanía significa «manifestación» y expresaba de modo amplio la revelación de Cristo al mundo. Con el tiempo, las Iglesias de Oriente y Occidente desarrollaron calendarios y acentos litúrgicos diferentes.

La transición desde la Epifanía hasta el 25 de diciembre

La Iglesia occidental terminó diferenciando la celebración del nacimiento de Jesús, fijada el 25 de diciembre, de la celebración de su manifestación a las naciones, vinculada al 6 de enero. La separación no supuso una ruptura entre ambas fiestas, porque Navidad y Epifanía forman una unidad teológica: Navidad contempla el nacimiento del Señor y Epifanía contempla la revelación de su gloria.

Hipólito de Roma ofreció hacia el año 204 una de las primeras referencias conocidas al 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesús. La fiesta adquirió una forma estable en el siglo IV.5

La fecha exacta del nacimiento permanece desconocida desde el punto de vista histórico. Una antigua tradición cristiana relacionó el 25 de marzo, fecha atribuida a la concepción de Cristo y a su muerte, con el nacimiento nueve meses después, el 25 de diciembre. Otra hipótesis relaciona la fijación romana de la fiesta con la respuesta cristiana a celebraciones solares del mundo romano. La investigación histórica ha propuesto ambas explicaciones y ha discutido también otros factores litúrgicos y teológicos.7,6

La Iglesia no presenta el 25 de diciembre como una fecha históricamente demostrada del nacimiento, sino como la fecha litúrgica en la que la comunidad cristiana celebra sacramentalmente la Natividad.

La consolidación en el siglo IV y la Edad Media

La expansión de la fiesta durante el siglo IV coincidió con una mayor precisión de la formulación cristológica. La celebración del nacimiento de Cristo expresaba litúrgicamente la fe en Jesucristo como verdadero Dios y verdadero hombre, especialmente en el contexto de las controversias que siguieron al Concilio de Nicea.

Durante la Edad Media, la Navidad adquirió una intensa dimensión popular y espiritual. Los himnos, las representaciones dramáticas, las procesiones y los belenes ayudaron a transmitir el misterio de la Encarnación. La experiencia de Greccio, promovida por san Francisco de Asís, influyó de manera profunda en la difusión de la piedad ante el Niño Jesús.5

La Navidad en el año litúrgico

El tiempo de Navidad

El tiempo de Navidad comienza con la celebración de la Natividad del Señor y comprende también las primeras manifestaciones de Cristo. La liturgia articula este periodo en torno a varios misterios relacionados:

  • La Natividad del Señor.
  • La Sagrada Familia.
  • Santa María, Madre de Dios, el 1 de enero.
  • La manifestación del Señor a las naciones en la Epifanía.
  • El Bautismo del Señor.
  • La Presentación del Señor, celebrada el 2 de febrero, ya fuera del tiempo de Navidad.

La Iglesia vincula a la Navidad la memoria de los Santos Inocentes, el Santo Nombre de Jesús y la fiesta de la Sagrada Familia. Estas celebraciones desarrollan distintos aspectos de la manifestación de Cristo y de su vida familiar.8

La vigilia y las misas de Navidad

La liturgia romana celebra la Misa de la vigilia durante la tarde del 24 de diciembre, antes o después de las primeras vísperas de Navidad. El día 25 permite celebrar, según la antigua tradición romana, tres misas: durante la noche, al amanecer y durante el día.9

Estas celebraciones reciben tradicionalmente los nombres de:

  • Misa de medianoche o del gallo.
  • Misa de la aurora.
  • Misa del día.

Cada formulario litúrgico contempla el misterio desde un ángulo propio: la espera y el anuncio nocturno, la llegada de la luz y la contemplación plena del Verbo hecho carne.

Dimensión espiritual y moral

La Natividad invita a acoger a Cristo con fe como María, a obedecer con confianza como José, a buscarlo con perseverancia como los Magos y a acudir con humildad como los pastores.

El misterio también impulsa a reconocer a Cristo en los pobres, los enfermos, los migrantes, los niños desprotegidos y todas las personas que necesitan acogida. La celebración pierde su sentido cristiano cuando excluye la misericordia y la solidaridad.

La Navidad proclama que Dios ha querido acercarse al ser humano de forma radical. La respuesta cristiana no consiste solamente en recordar un acontecimiento pasado, sino en permitir que la Encarnación transforme la vida: mediante la oración, la reconciliación, la defensa de la dignidad humana y el amor concreto al prójimo.

Representación artística

La Natividad ha inspirado innumerables obras de pintura, escultura, música, arquitectura y literatura. Los artistas han destacado distintos aspectos del misterio: la pobreza del pesebre, la ternura de María, la custodia silenciosa de José, la adoración de los pastores, la solemnidad de los Magos o la luz que envuelve la escena.

El arte cristiano no pretende sustituir el Evangelio. Su función consiste en ayudar a contemplar sensiblemente la verdad de la Encarnación y a introducir al creyente en la adoración del misterio.

Síntesis doctrinal

La Natividad proclama conjuntamente varias verdades fundamentales de la fe católica:

  1. Jesucristo es el Hijo eterno de Dios hecho hombre.
  2. María concibió a Jesús por obra del Espíritu Santo y permaneció virgen.
  3. Jesús nació verdaderamente de María y entró en la historia humana.
  4. El nacimiento tuvo lugar en Belén y está vinculado a la descendencia davídica.
  5. Cristo es el Mesías prometido y el Salvador universal.
  6. La salvación alcanza a Israel y a todas las naciones.
  7. La humildad del pesebre manifiesta el amor de Dios.
  8. La Navidad conduce al conjunto del Misterio pascual: el niño nacido en Belén es el mismo Cristo que muere y resucita por la salvación del mundo.

La Natividad, por tanto, no constituye únicamente la memoria de un nacimiento. Es la celebración de que Dios ha venido al mundo en Jesucristo, ha asumido nuestra humanidad y ha inaugurado, desde la pobreza de Belén, la obra universal de la redención.

Citas y referencias

  1. Normas universales sobre el año litúrgico y el calendario - Capítulo I: El año litúrgico - Título II - el ciclo del año - IV. Tiempo de Navidad, Papa Pablo VI. Normas universales sobre el año litúrgico y el calendario romano general, 32 (1969). 2
  2. I. El evangelio de la infancia, G. Aranda-Pérez. Los evangelios de la infancia de Jesús, 2 (1978).
  3. B). G. Aranda-Pérez. Los evangelios de la infancia de Jesús, 39 (1978). 2 3 4
  4. G. Aranda-Pérez. Los evangelios de la infancia de Jesús, 56 (1978). 2 3
  5. Navidad, Papa Benedicto XVI. Audiencia General del 23 de diciembre de 2009, 1 (2009). 2 3 4 5
  6. Instituto Pontificio Litúrgico. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), 213 (1999). 2
  7. Instituto Pontificio Litúrgico. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), 212 (1999).
  8. Segunda parte: Directrices para la armonización de la piedad popular con la liturgia - Capítulo IV: El año litúrgico y la piedad popular - Tiempo de Navidad, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia: Principios y Directrices, 107 (2002).
  9. Normas universales sobre el año litúrgico y el calendario - Capítulo I: El año litúrgico - Título II - el ciclo del año - IV. Tiempo de Navidad, Papa Pablo VI. Normas universales sobre el año litúrgico y el calendario romano general, 34 (1969).
Modificado el 4 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.71Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/srxhtxtnx

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