El nombre Nazareno (del griego Nazarenos o Nazoraios, y del latín Nazarenus) se aplica a Jesucristo en referencia a Nazaret, la ciudad de Galilea donde vivió durante sus primeros treinta años, bajo el cuidado de María y José1,2. Esta designación es utilizada en los Evangelios, particularmente por aquellos que no formaban parte de su círculo íntimo de amigos3. Sin embargo, en los Hechos de los Apóstoles, San Pedro, San Pablo e incluso el propio Señor resucitado emplean el término3.
La etimología de Nazara (el nombre de la ciudad en la época de Eusebio y San Jerónimo) se conecta con la palabra hebrea neser, que significa «brote» o «flor»2. San Jerónimo, en su «Comentario sobre San Mateo», sugiere que la mención de «los profetas» en plural en Mateo 2:23 (»…que había de ser llamado Nazareno») no se refiere a una profecía única, sino a las predicciones generales de que el Mesías sería despreciado (cf. Juan 1:46)3. La pregunta de Natanael, «¿De Nazaret puede salir algo bueno?» (Juan 1:45-46), ilustra la baja estima de la ciudad en ese tiempo, a pesar de lo cual Jesús fue llamado «Nazareno» o «Jesús de Nazaret de Galilea»4. El mismo Pilato usó esta expresión en la inscripción de la cruz: «Jesús el Nazareno, el Rey de los Judíos» (Juan 19:19)4.
Es importante distinguir Nazareno de Nazareo. Un nazareo era una persona consagrada a Dios mediante un voto temporal o de por vida, que implicaba abstenerse de vino, dejar crecer el cabello y evitar el contacto con cadáveres5. Cristo no fue un nazareo3.
