«Nazareno» designa, en su sentido más inmediato, a quien procede de Nazaret, localidad de Galilea vinculada a la vida de Jesús. Los Evangelios llaman a Jesús «el Nazareno» o «Jesús de Nazaret». El apelativo recuerda el lugar donde vivió con su familia, aunque los relatos evangélicos sitúan su nacimiento en Belén de Judea.1
El Nuevo Testamento emplea formas griegas que las traducciones expresan como «Nazareno», «nazoreo» o «de Nazaret». Los matices exactos de esas formas y su relación con el topónimo han dado pie a distintas interpretaciones. La asociación básica con Nazaret resulta clara; la referencia de Mateo a los profetas plantea, además, una cuestión exegética propia.2


