Nombre y nacimiento
Neftalí nació de Bilhá, esclava de Raquel, después de que Raquel interpretara su nacimiento como una victoria en la rivalidad con su hermana Lía. El relato del Génesis explica el nombre mediante un juego de palabras hebreo relacionado con la lucha o contienda. La tradición exegética antigua vinculó, por tanto, Neftalí con la idea de «mi lucha» o «lucha de Dios», aunque la etimología exacta presenta dificultades lingüísticas.1
La forma castellana Neftalí procede de la tradición bíblica latina y de las formas hebreas y griegas transmitidas por las Escrituras. Conviene distinguirla de grafías como Neftalím, Neftalí o Neftalim, que aparecen en distintas transliteraciones. En la Biblia española, los nombres de sus cuatro hijos suelen aparecer como Yajseel, Guní, Yéser y Salén, aunque las ediciones pueden adaptar de modo diferente la transcripción de los nombres hebreos. La tradición latina conserva las formas Jasiel, Guni, Jeser y Sellem o Salem.1
Neftalí figura entre los doce hijos de Jacob, que recibieron el nombre colectivo de hijos de Israel. Su madre, Bilhá, pertenecía al entorno doméstico de Raquel, del mismo modo que Zilpá pertenecía al de Lía. La genealogía patriarcal atribuye a Bilhá dos hijos: Dan y Neftalí.2
Noticias sobre la vida de Neftalí
El texto bíblico ofrece pocos datos narrativos sobre la vida personal de Neftalí. Las Escrituras permiten afirmar con seguridad su filiación, su pertenencia a la familia de Jacob y la existencia de sus cuatro hijos, pero no desarrollan una biografía individual comparable a la de José, Judá o Rubén.1
Algunas tradiciones judías posteriores atribuyeron a Neftalí diversas acciones durante la historia de José. El Targum Pseudo-Jonatán, por ejemplo, lo presenta como el primero que comunicó a Jacob que José seguía vivo y lo incluye entre los hijos presentados por José al faraón. Estos relatos pertenecen a la interpretación targúmica y no forman parte del texto inspirado del Génesis.1
El Testamento de los doce patriarcas, obra apócrifa o pseudepigráfica, afirma que Neftalí murió a los ciento treinta y dos años y que recibió sepultura en Egipto. La exégesis católica debe diferenciar estos datos de la revelación bíblica: la Iglesia puede estudiar esa literatura como testimonio histórico de la piedad judía y de la recepción de las figuras patriarcales, pero no atribuye a sus noticias la misma autoridad que a los libros canónicos de la Sagrada Escritura.1


