Nicodemo es uno de los personajes más enigmáticos del Nuevo Testamento, ya que su presencia se limita a tres pasajes clave en el Evangelio de Juan. El nombre Nicodemo es de origen griego, aunque se ha encontrado una forma hebrea (Naqdimon) en el Talmud, indicando que era un nombre adoptado por judíos de la época1. Se le describe como un hombre de alta posición social y religiosa: un fariseo y un archōn o líder de los judíos, lo que implica que era miembro del Sanedrín, la asamblea suprema judía2,1.
1.1 El Encuentro Nocturno (Juan 3:1-21)
La primera y más famosa aparición de Nicodemo ocurre al comienzo del ministerio público de Jesús. Él se acerca a Jesús «de noche»2, una circunstancia que los Padres de la Iglesia, como San Agustín y San Juan Crisóstomo, interpretan como un signo de su timidez o miedo a la opinión pública, a pesar de ser un creyente inteligente y culto1,3,4.
Al iniciar el diálogo, Nicodemo reconoce a Jesús como «un maestro que ha venido de parte de Dios,» basándose en los milagros que había visto2,5. La respuesta de Jesús, sin embargo, lo lleva a un plano espiritual más profundo: «De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios»2.
Nicodemo malinterpreta esta enseñanza, preguntando cómo un hombre viejo puede volver a entrar en el vientre de su madre2,6. Esta incomprensión subraya la dificultad de pasar de una lógica puramente humana a la lógica de la gracia divina7. Jesús aclara que el nuevo nacimiento es una generación del agua y del Espíritu2, un concepto que la teología católica interpreta como la regeneración bautismal y la vida en el Espíritu Santo8.
1.2 La Defensa en el Sanedrín (Juan 7:50-51)
Nicodemo reaparece más tarde en el Evangelio, en medio de una discusión hostil dentro del Sanedrín sobre el arresto de Jesús. Los líderes judíos estaban decididos a condenar a Jesús sin un juicio formal9. En este momento, Nicodemo interviene, haciendo valer un principio fundamental de la ley judía: «¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho?»9.
Aunque su defensa es cautelosa y legalista, su acción demuestra su creciente convicción y su voluntad de defender a Jesús ante sus colegas, a pesar de su anterior timidez4. Los otros fariseos le responden con desprecio: «¿Eres tú también galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta»9.
1.3 La Sepultura de Jesús (Juan 19:39-42)
La fe de Nicodemo se manifiesta plenamente en el momento de la Pasión. Junto con José de Arimatea, otro discípulo secreto y hombre de medios, Nicodemo se presenta públicamente para encargarse del cuerpo de Jesús después de la crucifixión1,10.
El Evangelio de Juan relata que Nicodemo trajo una mezcla de mirra y áloes, como cien libras1. Este acto no solo requería un valor considerable, ya que se identificaba abiertamente con el condenado, sino que también implicaba un gasto significativo, lo que sugiere que Nicodemo era un hombre de recursos1. Este acto final de piedad, al descender el cuerpo de la cruz y prepararlo para la sepultura11, marca su plena conversión y su paso de la noche a la luz7.

