Un eclesiástico dedicado a la ciencia
La figura de Copérnico ocupa un lugar singular en la historia católica de la ciencia. La Iglesia no aparece en su biografía únicamente como una autoridad que reaccionó ante el heliocentrismo, sino también como el ámbito institucional en el que Copérnico vivió, trabajó y recibió apoyo para publicar su obra. El cardenal Schönberg y el obispo Giese impulsaron la difusión del tratado, y Paulo III aceptó su dedicatoria.
La historia de la ciencia anterior a Galileo incluye numerosos eclesiásticos dedicados a la astronomía. Oresme, Nicolás de Cusa, Calcagnini y Copérnico figuran entre quienes estudiaron o defendieron la posibilidad del movimiento terrestre. Esta continuidad intelectual impide reducir la relación entre catolicismo y astronomía moderna a un conflicto simple entre religión y ciencia.
La recepción inicial
Durante varias décadas después de la publicación de De revolutionibus, la Iglesia católica no condenó el sistema copernicano. La oposición inicial por motivos bíblicos procedió principalmente de teólogos protestantes, entre ellos Martín Lutero y Felipe Melanchthon. Los papas que sucedieron a Paulo III y las congregaciones romanas no plantearon inmediatamente una prohibición contra el libro.
En el ámbito católico existieron, sin embargo, valoraciones diversas. El jesuita Cristóbal Clavio, uno de los principales responsables de la reforma del calendario gregoriano, rechazó inicialmente las hipótesis copernicanas por considerarlas incompatibles con la física aristotélica y con determinados pasajes de la Escritura. Más tarde, bajo la influencia de los descubrimientos de Galileo, adoptó una actitud más favorable hacia algunos aspectos del copernicanismo.
La prohibición de 1616 y su posterior retirada
La Congregación del Índice prohibió la obra de Copérnico el 5 de marzo de 1616, pero la medida estableció que el libro debía corregirse. En 1620 la Congregación determinó las modificaciones necesarias: nueve pasajes que presentaban el heliocentrismo como una certeza debían suprimirse o reformularse. Tras esas correcciones, la lectura del libro quedó permitida.
La prohibición estuvo relacionada con la controversia de Galileo y con la consideración entonces vigente de que ciertas afirmaciones cosmológicas podían entrar en conflicto con una interpretación literal de algunos pasajes bíblicos. La cuestión no consistía en una oposición general a la investigación astronómica, sino en la valoración de una teoría todavía no demostrada como una afirmación física cierta y vinculante.
En 1758, durante la revisión del Índice promovida bajo Benedicto XIV, el libro de Copérnico desapareció del catálogo de obras prohibidas.