El contexto evangélico
El evangelio de Lucas relata que los discípulos, al observar la oración de Jesús, le pidieron que les enseñara a orar (cf. Lucas 11:1‑4)1. Jesús respondió con la forma abreviada del Padre Nuestro, que incluye la súplica «No nos dejes caer en tentación» y «líbranos del mal».
La transmisión del texto
El Concilio de Nicea y la tradición litúrgica adoptaron la versión de San Mateo (6:9‑13) como forma oficial, manteniéndola sin sustituto en la liturgia de la Iglesia2. Esta oración ha sido citada por los Padres de la Iglesia, como Cipriano de Cartago, quien la recita íntegramente en su tratado sobre la oración del Señor3.
