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No nos dejes caer en tentación y libranos del mal

«No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal» constituye la última petición del Padrenuestro en su formulación litúrgica habitual en España. Con estas palabras, el cristiano reconoce su fragilidad, confía en la providencia del Padre, pide ayuda para no consentir el pecado y suplica la liberación de todo mal, tanto moral como espiritual y, en determinadas circunstancias, también de la acción extraordinaria del demonio.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreNo nos dejes caer en tentación y libranos del mal
CategoríaObra
DescripciónÚltima petición del Padrenuestro que suplica protección contra la tentación y todo mal. Petición litúrgica del Padrenuestro que reconoce la fragilidad humana y pide la gracia divina para no ceder al pecado y ser liberado de todo tipo de mal, tanto moral como espiritual, social y físico. Expresa confianza filial en el Padre, solicitando que Dios no permita que el creyente sea vencido por la tentación y le libre del mal y del poder del demonio
Referencias
  • Mateo 6,13
  • Lucas 11,4
AutorJesucristo (según el Evangelio)
ContextoOración cristiana diaria, incluida en la liturgia católica en España.
Contexto BíblicoMateo 6,13; Lucas 11,4.
Enseñanzas Principales1) La debilidad humana requiere la gracia de Dios; 2) Dios no induce al pecado; 3) La tentación no es pecado si no se consiente; 4) La gracia ayuda a discernir y resistir; 5) El mal puede manifestarse en diversas formas y se pide liberación de todas ellas.
TextoNo nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal
TipoOración
Uso LitúrgicoForma parte de la oración del Padrenuestro recitada en la misa y en la vida de oración de los fieles.

Tabla de contenido

Lugar dentro del Padrenuestro

La petición aparece al final de la oración que Jesucristo enseñó a sus discípulos. El Evangelio de san Mateo transmite la fórmula: «No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal» (Mt 6,13). San Lucas ofrece una forma más breve, centrada en la petición de no entrar en la tentación (Lc 11,4).

La oración culmina así con una súplica relacionada con el combate espiritual. Después de pedir el pan cotidiano y el perdón de las ofensas, el fiel reconoce que necesita la gracia de Dios para conservar la libertad, perseverar en el bien y alcanzar la salvación. La petición no expresa desconfianza hacia Dios, sino confianza filial en el Padre que sostiene a sus hijos. El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica resume su sentido como una petición para que Dios no abandone al creyente bajo el poder de la tentación y para que el Espíritu Santo le conceda discernimiento, vigilancia y perseverancia final.1

«No nos dejes caer en la tentación»

Sentido de la expresión

La traducción «no nos dejes caer en la tentación» pretende expresar el significado de la petición griega del Evangelio. El verbo original admite dos matices relacionados: no permitas que entremos en la tentación y no permitas que cedamos ante ella. Por tanto, la oración no pide necesariamente una vida sin pruebas, dificultades o tentaciones, sino la gracia de no quedar vencidos por ellas.2

La Iglesia no enseña que Dios incite al pecado. La Carta de Santiago afirma que Dios no puede ser tentado por el mal y que tampoco tienta a nadie (St 1,13). Jesucristo revela al Padre como alguien que cuida de sus hijos, no como quien coloca trampas para hacerlos caer. El papa Francisco explicó que un padre no prepara emboscadas contra sus hijos y que Dios combate junto a la persona cuando el mal aparece en su vida.3

La expresión litúrgica reconoce, por tanto, dos verdades:

  • La debilidad humana: la persona puede consentir el mal y apartarse de Dios.
  • La providencia divina: Dios no abandona al creyente y ofrece la gracia necesaria para resistir.

Santo Tomás de Aquino relaciona esta petición con los males futuros que pueden inclinar al pecado. El cristiano pide ayuda para no ser abandonado por el auxilio divino, no consentir el engaño y no sucumbir ante la adversidad.4

Confianza en la providencia

La petición adquiere su sentido completo dentro de la palabra inicial del Padrenuestro: «Padre». Quien pronuncia estas palabras no se dirige a una fuerza impersonal, sino al Dios providente que conoce las necesidades de sus hijos. La providencia no elimina la libertad humana ni convierte la existencia en un mecanismo fatalista. Dios sostiene la libertad y actúa en ella mediante la gracia, la conciencia, la virtud y las decisiones concretas.

Santo Tomás enseña que la oración no pretende modificar caprichosamente los planes divinos ni situarse fuera de la providencia. La oración forma parte de la misma providencia: Dios quiere conceder determinados bienes mediante la súplica de sus hijos. La petición del Padrenuestro, por ello, no pretende informar a Dios de un peligro que desconoce, sino disponer al creyente para recibir humildemente su ayuda.5

San Cipriano interpreta esta súplica como una confesión humilde de la propia fragilidad. El creyente no presume de sus fuerzas ni se considera invulnerable. Reconoce que toda victoria espiritual procede, en último término, de Dios.6

Tentación, prueba y pecado

La tentación no equivale al pecado

La tentación es una incitación, atracción, presión o situación que puede conducir al mal, pero no constituye pecado mientras la voluntad no la acepte libremente. El pecado comienza con el consentimiento consciente y deliberado a una acción contraria a la ley de Dios.

La persona puede experimentar pensamientos, impulsos, emociones, deseos desordenados o presiones externas sin haber pecado por ello. La responsabilidad moral depende de la libertad y del consentimiento. Una tentación resistida puede convertirse incluso en ocasión de crecimiento en la virtud, aunque nunca conviene buscarla temerariamente.

El Compendio del Catecismo distingue entre una prueba que ayuda a crecer en el bien y una tentación que conduce al pecado y a la muerte. También distingue entre ser tentado y consentir la tentación. Jesucristo venció las tentaciones mediante la oración y permanece como modelo y fuente de la perseverancia cristiana.1

Enseñanza de los Padres de la Iglesia

San Cirilo de Jerusalén compara la tentación con un torrente invernal difícil de atravesar. Algunos logran cruzarlo sin ser arrastrados; otros quedan sumergidos. Judas sucumbió a la tentación de la avaricia, mientras que Pedro, aunque cayó en la negación, recibió la gracia de superar finalmente aquella prueba mediante el arrepentimiento.7

San Juan Casiano explica que «no nos dejes caer en la tentación» no significa «no permitas que seamos tentados jamás». Job, Abraham y José fueron probados, pero no quedaron sometidos a la tentación porque no dieron su consentimiento al mal. La petición pide que Dios no permita que la persona sea vencida y que le conceda una salida proporcionada a sus fuerzas.8

Dionisio de Alejandría establece una diferencia semejante: quien resiste es tentado, pero no entra plenamente en la tentación; quien queda vencido por el mal cae bajo su dominio. Dios puede utilizar una prueba para formar y salvar, mientras que el tentador pretende conducir a la destrucción.9

Tertuliano distingue también entre la prueba de la fe y la tentación que busca destruirla. La prueba de Abraham no pretendía inducirle al pecado, sino manifestar su fidelidad. En cambio, el demonio aparece como origen de la tentación que conduce al mal. Por eso, la petición final del Padrenuestro pide ser apartados del poder del Maligno.10

Resistencia y crecimiento espiritual

La resistencia cristiana no consiste solo en fuerza de voluntad. Incluye la gracia, la oración, la vigilancia, el discernimiento, la formación de la conciencia, la práctica de las virtudes y la huida prudente de las ocasiones de pecado.

Santo Tomás de Aquino afirma que incluso una caridad pequeña puede resistir la tentación cuando la persona coopera con ella. La dificultad de la lucha no demuestra que el pecado resulte inevitable. La libertad, fortalecida por la gracia, conserva la capacidad de rechazar el consentimiento.11

La prudencia cristiana no busca exponerse innecesariamente al peligro. Santo Tomás enseña que la tentación puede producir un bien indirecto cuando la persona la vence, pero que, por causa de la debilidad humana, resulta más seguro evitarla que buscarla.12

«Y líbranos del mal»

El mal moral y el mal que hiere la vida

La última petición amplía la anterior. El creyente no solo pide no sucumbir ante la tentación; también implora ser liberado del mal en todas sus dimensiones.

El mal puede presentarse como:

  • Mal moral: el pecado cometido libremente.
  • Mal espiritual: la pérdida de la fe, la desesperanza, el odio a Dios o la esclavitud interior.
  • Mal social: la injusticia, la violencia, la explotación, la persecución y la opresión.
  • Mal físico y psicológico: el sufrimiento, la enfermedad, la angustia y la muerte.
  • Mal producido por la acción del demonio: siempre bajo los límites que Dios permite.

La petición no promete una existencia terrena sin sufrimiento. Pide que ningún mal tenga la última palabra sobre la persona y que Dios la conduzca a la salvación. El papa Francisco relacionó esta invocación con el sufrimiento de los perseguidos, los desesperados, los moribundos y las víctimas inocentes. La oración cristiana contempla la realidad del mal sin atribuirlo a Dios ni caer en la desesperación.13

Santo Tomás interpreta esta petición como una súplica contra el mal presente, cualquiera que sea su forma. El creyente, afligido por la tribulación, pide ser sostenido y liberado por Dios.4

«El mal» o «el Maligno»

La expresión griega final puede entenderse como «el mal» en sentido general o como «el Maligno», es decir, el demonio. Ambas interpretaciones resultan compatibles con la fe católica.

La Iglesia reconoce la existencia de Satanás y de los demonios como criaturas espirituales que se apartaron de Dios y actúan contra la salvación humana. Sin embargo, su poder no es absoluto. La acción demoníaca permanece subordinada a la soberanía divina y no puede superar los límites establecidos por Dios.14

La oración no convierte al demonio en el centro de la vida cristiana. El centro permanece en el Padre, en Jesucristo y en la acción del Espíritu Santo. El creyente pide ser librado del Maligno precisamente porque confía en la victoria de Cristo. Jesucristo afrontó la tentación en el desierto, rechazó al tentador y manifestó su victoria sobre el poder del mal.3

Cristo, modelo de victoria sobre la tentación

Jesús experimentó la prueba y la tentación sin cometer pecado. Después de su bautismo, el Espíritu le condujo al desierto, donde fue tentado por Satanás. Cristo venció mediante la obediencia al Padre y el rechazo de toda forma de poder, autosuficiencia y utilización interesada de Dios.

La petición del Padrenuestro une al discípulo con esa victoria. El cristiano no lucha aislado ni pretende vencer solo mediante sus capacidades psicológicas o morales. Permanece unido a Cristo por la fe, la oración, los sacramentos y la caridad.

La escena de Getsemaní ofrece otra clave. Jesús pide al Padre que aparte el cáliz, pero añade: «No se haga mi voluntad, sino la tuya». La confianza cristiana no consiste en exigir que desaparezca toda prueba, sino en abandonarse al Padre y permanecer fiel dentro de la prueba. El papa Francisco presenta este misterio como una manifestación de la cercanía de Dios: Cristo permanece con el ser humano en la alegría, el dolor, la derrota y el pecado.3

Medios ordinarios para vivir esta petición

La oración diaria del Padrenuestro debe traducirse en una forma concreta de vida cristiana. El fiel que pide no caer en la tentación también procura:

  • Examinar la propia conciencia.
  • Evitar las ocasiones próximas de pecado.
  • Cultivar la sobriedad y la vigilancia.
  • Pedir ayuda a Dios ante la tentación concreta.
  • Alimentarse de la Sagrada Escritura.
  • Practicar la caridad y la justicia.
  • Buscar consejo prudente cuando la dificultad lo requiera.
  • Acudir al sacramento de la Penitencia.
  • Participar dignamente en la Eucaristía.
  • Perseverar en la oración incluso durante la sequedad espiritual.

El Ritual de los exorcismos recuerda que los fieles, aunque hayan renacido en Cristo, continúan experimentando tentaciones. Por eso necesitan orar, vivir sobriamente, resistir firmes en la fe y recibir fuerza de los sacramentos, especialmente mediante la celebración frecuente de la Penitencia.14

La oración cotidiana del fiel posee así un carácter humilde y universal. Todas las personas necesitan pedir protección frente al pecado, la desesperanza y las consecuencias del mal. Esa súplica pertenece a la vida ordinaria de la Iglesia.

Oración cotidiana y ritos sacramentales de liberación

La oración del Padrenuestro

El Padrenuestro forma parte de la oración común de todos los bautizados. Cualquier fiel puede rezarlo, tanto individualmente como en familia, en la liturgia y en las diversas formas de piedad cristiana. La petición «líbranos del mal» expresa la confianza habitual en la protección de Dios y la necesidad ordinaria de la gracia.

Esta oración no equivale por sí misma a un exorcismo. Tampoco permite que cualquier persona ordene al demonio retirarse o realice actos reservados al ministerio autorizado de la Iglesia.

Exorcismo y sacramentales

El exorcismo es una oración específica que la Iglesia dirige contra el poder del demonio. Pertenece a los sacramentales, signos sagrados instituidos por la Iglesia para santificar diversas circunstancias de la vida. No es uno de los siete sacramentos instituidos por Cristo. El sacramento de la Penitencia perdona los pecados, reconcilia con la Iglesia y concede gracia para luchar contra el mal; el exorcismo posee una naturaleza distinta y dispone a recibir la gracia sacramental.15

La Iglesia distingue entre:

  • Exorcismo menor, presente en determinados itinerarios litúrgicos y especialmente relacionado con la preparación al Bautismo.
  • Exorcismo mayor o solemne, destinado a casos de posesión u opresión extraordinaria y sometido a la autoridad del obispo diocesano.

El exorcismo mayor constituye una celebración litúrgica y requiere autorización expresa. La autoridad de la Iglesia no lo confunde con la oración privada, la dirección espiritual, la confesión sacramental ni las reuniones ordinarias de oración.14

Discernimiento y prudencia pastoral

La Iglesia evita atribuir automáticamente al demonio toda enfermedad, perturbación psicológica, sufrimiento o conducta extraña. La valoración de una posible acción extraordinaria requiere discernimiento serio, prudencia pastoral y, cuando corresponde, la intervención de profesionales de la salud.

El ministerio del exorcismo depende estrictamente del obispo diocesano y debe ajustarse a las normas litúrgicas y canónicas. Las oraciones de exorcismo no pueden insertarse arbitrariamente en la misa, los sacramentos o la Liturgia de las Horas.16

La misma distinción protege la dignidad de las personas y evita el sensacionalismo. Las celebraciones de oración no litúrgicas deben permanecer claramente diferenciadas de los ritos litúrgicos aprobados, sin teatralidad, histeria ni artificiosidad.16

Traducción y formulación litúrgica

Las distintas traducciones reflejan los matices del verbo griego. Algunas versiones traducen literalmente «no nos introduzcas en la tentación»; otras prefieren «no nos dejes caer» o «no permitas que sucumbamos». La formulación litúrgica española evita atribuir a Dios una acción positiva de inducir al pecado y expresa adecuadamente la petición de protección y perseverancia.

La última parte puede traducirse como «líbranos del mal» o «líbranos del Maligno». La primera fórmula abarca toda forma de mal; la segunda acentúa la dimensión personal del tentador. La tradición católica admite ambos matices porque el mal moral y la acción del Maligno aparecen relacionados, aunque no sean idénticos.

Síntesis teológica

«No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal» reúne varios elementos fundamentales de la fe cristiana:

  1. La bondad de Dios: el Padre no induce al pecado ni desea la perdición de sus hijos.
  2. La fragilidad humana: nadie debe presumir de sus propias fuerzas.
  3. La realidad de la libertad: la tentación no obliga necesariamente al pecado; el consentimiento humano tiene importancia moral.
  4. La necesidad de la gracia: Dios ofrece auxilio para discernir, resistir y perseverar.
  5. La realidad del mal: el sufrimiento, el pecado y la acción demoníaca forman parte del drama de la existencia caída.
  6. La victoria de Cristo: Jesús ha vencido al tentador y acompaña al creyente en el combate.
  7. La esperanza final: Dios puede preservar al cristiano en la fe y conducirlo a la liberación definitiva.

La última petición del Padrenuestro no nace del miedo servil, sino de la confianza filial. El cristiano reconoce que necesita protección, evita la presunción, combate el pecado y espera que el Padre lo sostenga hasta la vida eterna.

Citas y referencias

  1. Parte cuatro - Oración cristiana. Capítulo tres - La vida de la oración. Oración cristiana, Promulgado por el Papa Benedicto XVI. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 596 (2005). 2
  2. Artículo 3 las siete peticiones, Catecismo de la Iglesia Católica, 2846 (1992).
  3. «lead us not into temptation, but deliver us from evil» (Mt 6:13), Papa Francisco. Audiencia General del 1 de mayo de 2019, 1 (2019). 2 3
  4. Sed contra y respuesta, Tomás de Aquino. Comentario a las Sentencias, 3.D34.Q1.A6.resp (1256). 2
  5. Capítulo 6, Tomás de Aquino. Comentario sobre Mateo, 6:9 (1272).
  6. Capítulo 6, Tomás de Aquino. Catena Aurea sobre Mateo, 6.9 (1272).
  7. Lección catequética: (sobre los misterios. V.) sobre la liturgia sagrada y la comunión, Cirilo de Jerusalén. Lecciones catequéticas - Lección 23, 17 (350).
  8. De la cláusula: Lead us not into temptation, Juan Casiano. Conferencia 9. Primera Conferencia del Abad Isaac. Sobre la oración, Capítulo 23.
  9. Sobre Lucas 22:42-48, Dionisio el Grande. Fragmentos exegéticos (Dionisio), Sobre Lucas 22 (264).
  10. Capítulo 8. La séptima o última cláusula, Quintus Septimius Florens Tertuliano (Tertuliano). Sobre la oración, 8.
  11. Sed contra y respuesta, Tomás de Aquino. Comentario a las Sentencias, 3.D31.Q1.A3.resp (1256).
  12. Sed contra y respuesta, Tomás de Aquino. Comentario a las Sentencias, 2.D21.Q1.A3.resp (1256).
  13. «and lead us not into temptation» (Mt 6:13b), Papa Francisco. Audiencia General del 15 de mayo de 2019, 1 (2019).
  14. Sagrada Congregación para el Culto Divino. De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam (Exorcismos y otras súplicas), 10 (1999). 2 3
  15. Preguntas sobre el exorcismo - Introducción, Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Exorcismo, 1 (2023).
  16. Introducción, Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción sobre oraciones de curación, 2000 (2000). 2
Modificado el 27 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.61 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/x7xxnr453

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