Naturaleza
La noche del sentido constituye la primera fase de la purificación pasiva. Afecta principalmente a los apetitos, emociones y consuelos sensibles vinculados a la vida espiritual. La persona puede perder el gusto que encontraba anteriormente en la oración, la meditación, las devociones o las prácticas religiosas.
San Juan de la Cruz la describe también como una reformación y moderación del apetito. La expresión resulta técnicamente significativa: la purificación sensible no elimina la naturaleza humana ni destruye los afectos, sino que ordena los deseos para que dejen de dominar la voluntad y puedan integrarse en el amor de Dios.
La noche del sentido afecta a los principiantes y resulta más frecuente que la noche del espíritu. Su función consiste en liberar a la persona de una relación todavía demasiado dependiente de los gustos, satisfacciones y consolaciones. Dios atrae así al creyente desde una forma inmadura de amar hacia una adhesión más gratuita y teologal.
Signos característicos
Entre sus manifestaciones pueden aparecer:
- Sequedad en la oración.
- Falta de gusto en los ejercicios espirituales.
- Dificultad para meditar mediante imágenes, ideas o afectos.
- Sensación de incapacidad para avanzar.
- Tentaciones relacionadas con la sensualidad, la impureza o la búsqueda desordenada de satisfacciones.
- Escrúpulos, confusión y excesiva preocupación por el propio estado espiritual.
- Deseo persistente de servir a Dios, aunque falte el consuelo interior.
San Juan de la Cruz distingue la sequedad purgativa de la tibieza. La persona tibia abandona la solicitud por Dios y relaja deliberadamente su vida espiritual; quien atraviesa una sequedad purgativa, en cambio, suele experimentar dolor precisamente porque desea amar y servir a Dios, aunque no encuentre satisfacción sensible en la oración.
La oración durante la noche del sentido
Durante esta etapa, la oración discursiva puede resultar difícil o poco fecunda. La persona intenta meditar como antes, pero encuentra cansancio, vacío o incapacidad para producir pensamientos religiosos. Esta dificultad no demuestra por sí misma una falta de fe ni una pérdida de la gracia.
La respuesta adecuada no consiste en buscar continuamente nuevas emociones religiosas. Conviene perseverar con sencillez, aceptar la pobreza interior, evitar la ansiedad y mantener los medios ordinarios de la vida cristiana: la liturgia, los sacramentos, la lectura espiritual, la caridad y el acompañamiento prudente.
La oración cristiana exige esfuerzo y respuesta personal, además de ser don de la gracia. Las dificultades habituales incluyen distracciones, sequedad, falta de fe y acedia.