La Nochebuena, o Vigilia de Navidad, es un momento central en el calendario litúrgico católico, marcando el comienzo de la celebración de la Natividad del Señor1. La Iglesia ha considerado siempre la preparación de las personas, los lugares, los ritos y los textos para la celebración de la Eucaristía como una respuesta al mandato de Cristo de preparar la cena pascual2. La Misa, como acción de Cristo y del Pueblo de Dios, es el centro de la vida cristiana y en ella se recuerdan y se hacen presentes los misterios de la redención a lo largo del año3. Por lo tanto, es de suma importancia que la celebración de la Misa se organice de tal manera que los fieles puedan obtener frutos abundantes del sacrificio eucarístico4.
La Misa de la Vigilia de Navidad
Aunque la celebración de la Navidad comienza con esta liturgia, las oraciones y lecturas de la Misa de la Vigilia evocan un sentido de ansiosa anticipación, resumiendo el espíritu de todo el Adviento5. Muchas de las oraciones están en tiempo futuro, como «Por la mañana veréis su gloria» (Antífona de Entrada) o «Esperamos, Señor, vuestra redención» (Colecta), lo que intensifica la sensación de espera. Las lecturas proféticas de Isaías en esta Misa se centran en lo que sucederá, a diferencia de las otras Misas de Navidad que describen lo que ya está ocurriendo5.
La segunda lectura y el Evangelio de la Misa de la Vigilia presentan a Jesús como el Hijo de David y mencionan a los antepasados humanos que prepararon su venida5. La genealogía del Evangelio de San Mateo es similar a las lecturas del Antiguo Testamento en la Vigilia Pascual, trazando el largo camino de la historia de la salvación que culmina en el evento que está a punto de celebrarse5. La lista de nombres aumenta el sentimiento de expectación, asemejando a los fieles a niños que esperan el momento de abrir un regalo de Navidad5.
La Misa de Medianoche
La Misa de Medianoche, también conocida como la «Misa del Gallo», es un evento de gran significado litúrgico y de fuerte resonancia en la piedad popular6. En esta Misa, se proclama el nacimiento del Salvador, a menudo cantado según la fórmula del Martirologio Romano6. Las lecturas de la Misa de Medianoche, como las palabras del profeta Isaías, «Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado» (Is 9:5), contienen la verdad de la Navidad7. Este niño, nacido en un establo en Belén en condiciones de extrema privación, es el Hijo de Dios, consustancial con el Padre7. El Papa Juan Pablo II destacó que al cantar el Credo y arrodillarse ante las palabras «et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine et homo factus est», se medita en silencio sobre el misterio del Hijo de Dios que viene entre nosotros7.
El Evangelio de Lucas (2:1-14) narra el nacimiento de Jesús en Belén, el anuncio a los pastores por parte de un ángel y el canto de la multitud celestial: «¡Gloria a Dios en el cielo más alto, y en la tierra paz entre aquellos a quienes él favorece!»8. Esta narrativa subraya la humildad del nacimiento de Cristo y la alegría universal que trae7.
Otras Misas de Navidad
Además de la Misa de la Vigilia y la Misa de Medianoche, la solemnidad de la Natividad del Señor incluye la Misa de la Aurora y la Misa del Día1. Cada una de estas Misas tiene lecturas y oraciones distintas que profundizan en diferentes aspectos del misterio de la Encarnación1. La Misa del Día, por ejemplo, utiliza el Prólogo del Evangelio de Juan para iluminar la identidad del Niño en el pesebre: «La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad»9.
