Noé fue el nieto de Matusalén e hijo de Lamec1. Su padre le dio el nombre de Noé, que significa «descanso», con la esperanza de que él los consolaría de las fatigas de la tierra que el Señor había maldecido1.
En un tiempo de gran maldad, donde los «hijos de Dios» se unieron con las «hijas de los hombres», llevando a una corrupción general, Noé fue hallado justo y perfecto, y encontró gracia ante los ojos del Señor1. Por esta razón, Dios decidió salvarlo a él y a su familia, junto con representantes de todas las especies de animales y aves, de la inminente destrucción por un diluvio1,2.
La Construcción del Arca y el Diluvio
Dios instruyó a Noé para construir un arca de madera de gofer, o ciprés, recubierta de brea por dentro y por fuera para hacerla impermeable3. Las dimensiones del arca eran de trescientos codos de largo, cincuenta de ancho y treinta de alto. Contenía varias habitaciones distribuidas en tres pisos, con una ventana y una puerta lateral3.
Noé recibió una advertencia divina del diluvio inminente 120 años antes de que ocurriera, cuando tenía 480 años1. Más tarde, cuando tenía 600 años, se le ordenó entrar en el arca con su esposa, sus tres hijos —Sem, Cam y Jafet— y sus esposas, llevando siete pares de animales limpios y dos pares de animales impuros, así como aves1,2. A pesar de los anuncios de Noé y sus exhortaciones al arrepentimiento, nadie hizo caso a sus palabras, y solo su familia inmediata encontró refugio en el arca1.
El diluvio duró cuarenta días y cuarenta noches, destruyendo toda vida fuera del arca. Las aguas prevalecieron sobre la tierra durante ciento cincuenta días2. Después de este período, las aguas comenzaron a disminuir, y Noé envió un cuervo y una paloma para verificar el estado de la tierra. Finalmente, la paloma regresó con una rama de olivo, indicando que las aguas habían bajado2. El arca se posó en las montañas de Armenia, específicamente en el monte Ararat3.
El Pacto con Noé
Tras salir del arca, Noé construyó un altar y ofreció holocaustos de animales y aves limpias a Dios1. Dios aceptó el sacrificio y estableció un pacto con Noé y, a través de él, con toda la humanidad, prometiendo no volver a destruir la tierra ni al hombre mediante otro diluvio1,4. El arco iris se convirtió en el signo y recordatorio de este pacto universal1.
En este pacto, Dios renovó la bendición que había pronunciado sobre Adán (Génesis 1:28) y confirmó el dominio del hombre sobre los animales, permitiendo su uso como alimento, pero prohibiendo comer la carne con la sangre (Génesis 8:20-9:17)1. Este pacto con Noé sigue vigente durante los «tiempos de los gentiles» hasta la proclamación universal del Evangelio5,6,7.
La Familia de Noé y sus Descendientes
Después del diluvio, Noé se dedicó a la agricultura y plantó un viñedo. Un incidente en el que se embriagó y fue hallado desnudo en su tienda llevó a la maldición de Canaán (hijo de Cam) y la bendición de Sem y Jafet1,8.
Los hijos de Noé fueron Sem, Cam y Jafet1. De Sem, el hijo mayor, provendría la línea de Abraham, David y Cristo, y Yahveh sería de manera especial el Dios de Sem9.
Noé vivió 350 años después del diluvio y murió a la edad de 950 años1.

