La persecución de Decio y los lapsi
A comienzos del año 250, el emperador Decio desencadenó una persecución que obligó a muchos cristianos a afrontar la posibilidad de renegar de su fe. Algunos ofrecieron sacrificios a los dioses paganos; otros entregaron incienso o consiguieron certificados que acreditaban falsamente su sacrificio. La Iglesia llamó lapsi-«caídos»- a quienes habían cedido de alguna manera ante las exigencias de las autoridades.4,1
Tras el martirio del papa Fabián, el clero romano aplazó la elección de su sucesor. En las discusiones sobre cómo tratar a los lapsi, Novaciano, presbítero de Roma, participó inicialmente en la defensa de una disciplina que exigía prudencia y penitencia. Los clérigos romanos sostenían que la reconciliación debía tratarse con moderación y que la decisión correspondía a la Iglesia reunida, no a la iniciativa particular de cada confesor o mártir.4,1
La cuestión no afectaba solo a la disciplina. La persecución planteaba cómo debía actuar la Iglesia ante personas arrepentidas de un pecado grave cometido después del bautismo. En Roma, el papa Cornelio defendió que los apóstatas arrepentidos podían recibir penitencia y, en determinadas condiciones, volver a la comunión eclesial. Novaciano rechazó esa posibilidad de reconciliación sacramental.5,1
Elección de Cornelio y ruptura
En 251, Cornelio fue elegido obispo de Roma. Una minoría eligió a Novaciano como rival y lo presentó como defensor de una disciplina más estricta. Novaciano sostuvo que la Iglesia no debía readmitir a quienes hubieran apostatado, aunque les exhortara a arrepentirse y dejara a Dios el perdón de sus pecados. Así nació un cisma que también disputó la legitimidad del obispo de Roma.2,6
El cisma no consistió, por tanto, en negar que Dios pudiera perdonar. La disputa se centró en si la Iglesia tenía autoridad para reconciliar con la comunión eclesial a determinados pecadores bautizados. Los novacianos remitían la esperanza de perdón directamente a Dios, pero excluían a los penitentes de los sacramentos y de la comunidad de la Iglesia.5,6


