El noviciado marca el comienzo de la vida en el instituto, pero no equivale todavía a la profesión religiosa. Su propósito consiste en iniciar a la persona en una forma concreta de vida consagrada y ayudarla a comprobar, con realismo, si puede abrazarla libremente y con generosidad. El discernimiento vocacional continúa durante esta etapa: la persona profundiza en su decisión de seguir a Cristo conforme al carisma propio del instituto, mientras la comunidad observa su idoneidad y disposición.1,3
El Código de Derecho Canónico atribuye al noviciado una triple finalidad: que los novicios conozcan mejor su vocación divina y la vocación propia del instituto; que experimenten el modo de vida de este; y que se pongan a prueba su intención y sus aptitudes. Por ello, no es un simple periodo de instrucción ni una mera preparación práctica para desempeñar tareas futuras. Busca una iniciación integral en una forma de vida evangélica.4,1
La vida religiosa adopta expresiones diversas según los institutos y sus carismas. Por ello, el contenido concreto del noviciado varía: cada instituto transmite su espiritualidad, misión y estilo de vida propios, dentro de las normas generales de la Iglesia y de su derecho particular.4,5


