La palabra novísimos procede del latín novissima, «las cosas últimas». En teología, el término designa las realidades últimas del ser humano y del mundo. Comprende tanto el destino personal -muerte, juicio y estado definitivo- como la resurrección de los muertos y la consumación de la historia.1
La enseñanza católica aborda estas realidades con sobriedad. No pretende satisfacer toda curiosidad sobre el más allá, sino anunciar lo necesario para comprender el destino humano a la luz de la revelación cristiana. El centro de esta esperanza es Cristo: muerto y resucitado para la salvación, meta de la existencia humana y fundamento de la vida futura.3,1,4
En la catequesis tradicional suelen resumirse los novísimos personales en cuatro temas: muerte, juicio, cielo e infierno. El purgatorio completa esta exposición al explicar la purificación final de quienes mueren en la gracia de Dios, pero aún necesitan ser purificados. La enseñanza católica incluye además la resurrección de los muertos y el juicio final, que conciernen a toda la humanidad.3,5


