Orígenes de la devoción mariana en América
La aparición de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego en el cerro de Tepeyac marcó un hito evangelizador que, según el Papa Juan Pablo II, «tuvo un efecto decisivo en la evangelización» y «se extendió a todo el continente»1. Desde entonces, la imagen mestiza ha sido vista como un ejemplo de evangelización inculturada, convirtiéndose en la Virgen de la primera y nueva evangelización de América1.
La Sinodal de los Obispos para América (1999)
El documento apostólico Ecclesia in America (1999) invocó a la Virgen de Guadalupe como «Patrona de toda América y Estrella de la primera y nueva evangelización» y propuso la celebración universal de su fiesta el 12 de diciembre1. Este llamado fue reafirmado en la audiencia general del 10 febrero 1999, donde el Papa Juan Pablo II declaró que la Virgen de Guadalupe es «la Madre y Evangelizadora de América» y solicitó que su fiesta se extienda a todo el continente2.
Reconocimientos papales posteriores
El Papa Francisco, en su mensaje a las Américas del 11 de diciembre 2013, reiteró la imagen de la Virgen como «una madre que abraza a todos los pueblos de América» y llamó a los fieles a imitar su generosidad y acogida de los migrantes3. En la homilía de la Misa del 12 de diciembre 2015, el Santo Padre subrayó el papel de María como Madre de la Misericordia y protectora de los pueblos americanos4.
