La historia de Nuestra Señora de Aparecida comienza en el año 17171. Tres pescadores, João Alves, Felipe Pedroso y Domingos Garcia, se encontraban en el río Paraíba, en el Estado de São Paulo, con la tarea de pescar para un banquete que se ofrecería al Conde de Assumar, gobernador de la Capitanía de São Paulo y Minas de Oro1. A pesar de sus esfuerzos, la pesca era infructuosa1.
Fue entonces cuando, en lugar de peces, encontraron en sus redes una pequeña imagen de cerámica de la Virgen María1. Primero recuperaron el cuerpo y luego, más adelante, la cabeza de la estatua1. La imagen, ennegrecida por el lodo del río, representaba a Nuestra Señora de la Concepción1. Tras el hallazgo, los pescadores volvieron a lanzar sus redes y, milagrosamente, obtuvieron una pesca tan abundante que casi hundió sus embarcaciones1,2. Este evento fue interpretado como una señal divina y el inicio de la devoción a la imagen, que cariñosamente llamaron «Aparecida» (la que apareció)1.

