Primeras referencias y leyenda
Según la tradición, la imagen de Nuestra Señora de Atocha habría sido traída a Sevilla por los conquistadores españoles a finales del siglo XV, como símbolo de protección para los viajeros y mercaderes que partían hacia América. La leyenda cuenta que la Virgen, bajo el título de Atocha (del latín adtocha, «lugar de los campos de trigo»), apareció a un pastor que buscaba refugio durante una tormenta, ofreciéndole su auxilio y prometiendo interceder por los que la invocaran en situaciones de peligro1.
Desarrollo histórico en Sevilla
La devoción se consolidó en el siglo XVI cuando la imagen fue trasladada a la entonces pequeña capilla de San Juan de la Cruz, que más tarde se amplió y se convirtió en la actual Basílica de Santa María de Atocha. Durante los siglos XVII y XVIII, la imagen recibió varias coronaciones papales y se enmarcó dentro del amplio movimiento de veneración a la Virgen en España, comparable a la devoción a Nuestra Señora del Pilar y a otras advocaciones marianas que surgieron en la península ibérica2.
