La enciclopedia católica en español

Nuestra Señora de Belén de Popayán

Nuestra Señora de Belén de Popayán es una advocación de la Virgen María venerada en la ciudad de Popayán, capital del departamento del Cauca, en Colombia. Su culto se concentra en el Santuario de Belén, templo situado en la colina oriental del centro histórico, donde se conserva una imagen quiteña del siglo XVII. La devoción nació de la piedad navideña del pueblo payanés y se expresa cada año en la fiesta patronal, celebrada el último domingo anterior a la Navidad, mediante procesiones que unen la memoria de la Natividad, la oración de la comunidad y las tradiciones culturales del Cauca.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreNuestra Señora de Belén de Popayán
CategoríaTérmino
DescripciónAdvocación de la Virgen María venerada en el Santuario de Belén en Popayán, Colombia. Remite al misterio de la Natividad y la Encarnación
Fecha de Fundación1689
Año de Fundación1689
Autoridad EclesiásticaCristóbal Bernaldo de Quirós
CiudadPopayán
Fecha de CelebraciónÚltimo domingo anterior a la Navidad
FestividadÚltimo domingo anterior a la Navidad
HistoriaSurgió de la piedad navideña en el siglo XVII con la subida a la colina de Belén; el santuario fue construido entre 1681 y 1689.
LugarPopayán
OraciónNovenario de la Natividad
PaísColombia
Personas relacionadasJuan Antonio de Velasco y Gerónima de Velasco y Noguera
TipoAdvocación mariana, Cauca

Tabla de contenido

Nombre y significado

El nombre Belén remite a la ciudad de Judá donde, según los Evangelios, nació Jesucristo de la Virgen María. El término hebreo Bêt leḥem suele traducirse como «casa del pan».1 El Catecismo presenta el nacimiento del Salvador como un misterio de humildad: Jesús nació en un establo, en una familia pobre, y en esa pobreza se manifiesta la gloria del cielo.2

La advocación no designa una aparición ni una revelación particular. Su origen histórico se vincula con la costumbre de los habitantes de Popayán de subir a la colina de Belén durante la Navidad y con la decisión de dedicar a la Madre de Dios el templo levantado en ese lugar.3,4

El título de Belén pertenece, por tanto, al grupo de las advocaciones que expresan un misterio de la vida de Cristo y de María, en este caso la Natividad, y no un acontecimiento sobrenatural localizado. No debe confundirse con Nuestra Señora de la Asunción, titular de la catedral de Popayán.

Fundamento doctrinal

La maternidad divina de María

El Concilio de Éfeso (431) proclamó que la Virgen María es Theotokos, «Madre de Dios», porque el Hijo que nació de ella es la persona divina del Verbo hecho carne.5 El Concilio Vaticano II recoge esta enseñanza y afirma que la Virgen, que recibió al Verbo de Dios en el corazón y en el cuerpo y entregó la Vida al mundo, es conocida y honrada como verdadera Madre de Dios y Madre del Redentor.6

La advocación de Belén expresa esta verdad de un modo sencillo y accesible al pueblo: la Madre que espera, da a luz y presenta al Niño.

María en el misterio de la Natividad

El Evangelio de san Lucas refiere que María dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre.1 El Catecismo enseña que «hacerse niño» ante Dios es la condición para entrar en el Reino, y propone la Navidad como ocasión para contemplar ese misterio de pobreza y de sencillez.2

Pablo VI señaló que el Adviento es un tiempo particularmente apto para el culto a la Madre del Señor y que el tiempo de Navidad constituye una prolongada memoria de la maternidad divina, virginal y salvífica de María.7 Este doble marco litúrgico explica que la devoción de Belén se exprese sobre todo en los días que preparan la Navidad.

El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia ofrece orientaciones para armonizar las expresiones populares con la celebración litúrgica del Adviento, de modo que la preparación de la Navidad conduzca al misterio celebrado y no lo sustituya.8

El culto a la Virgen

La Iglesia honra a María con un culto especial desde los tiempos más antiguos. El Concilio Vaticano II enseña que este culto, aunque enteramente singular, difiere esencialmente del culto de adoración que se tributa al Verbo encarnado, al Padre y al Espíritu Santo, y que lo favorece poderosamente.9 El Catecismo afirma que la piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano.10

El Código de Derecho Canónico recomienda a los fieles la peculiar y filial veneración a la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios.11

El Concilio pide que se fomente el culto a María, sobre todo el litúrgico, y que se aprecien las prácticas de piedad recomendadas por el Magisterio. Al mismo tiempo, enseña que la verdadera devoción no consiste en un sentimiento estéril y transitorio ni en una vana credulidad.12 Sus rasgos son:

  • Nace de la fe verdadera.
  • Reconoce la excelencia de la Madre de Dios.
  • Suscita un amor filial hacia ella.
  • Impulsa la imitación de sus virtudes.

La función maternal de María no oscurece ni disminuye la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia.13 Por eso la devoción a Nuestra Señora de Belén debe conducir siempre al Niño que la Virgen presenta.

Historia

Antecedentes: la colina de Belén y los Quingos

A mediados del siglo XVII, los habitantes del sector de Altozano acostumbraban subir a la colina que domina Popayán por el oriente durante las fiestas de Navidad. En su cima existía una choza pajiza a la que llegaban por un camino sinuoso, llamado los Quingos, para armar un pesebre y comenzar el novenario de la Natividad. El nombre Quingos procede del quechua.3

La tradición de levantar el nacimiento llegó a la ciudad por obra de los franciscanos.3

Fundación del santuario

En la segunda mitad del siglo XVII, Juan Antonio de Velasco y su esposa, Gerónima de Velasco y Noguera, advirtieron la devoción que suscitaban aquellos actos de piedad y decidieron financiar un recinto más digno para la veneración. La tradición describe a Velasco como un hombre de origen humilde que prosperó como comerciante y artesano.3,4

En 1679 adquirieron los terrenos de la colina y solicitaron licencia al obispo de Popayán, Cristóbal Bernaldo de Quirós, quien autorizó la edificación. Las obras comenzaron en 1681, con la primera piedra puesta en septiembre de ese año, y el templo quedó concluido hacia 1689.3,4

El primer edificio tenía planta rectangular, muros de tapia pisada, ladrillo y piedra, una espadaña frente a la ciudad y un camarín para la imagen de la Virgen.3

Para el patronazgo del templo se encargó a la Escuela Quiteña una imagen de la Virgen María, que llegó a Popayán poco después. La capilla quedó dedicada al amparo de Nuestra Señora de Belén.4 En 1687 se fundó la cofradía de Jesús, María y José, encargada de cuidar el templo y de propagar la devoción.3,4

La custodia del santuario se confió a los carmelitas, que construyeron junto a él un pequeño claustro conocido popularmente como la Casa de Jacob.3

Ampliaciones y reconstrucciones

En 1717 se decidió ampliar el templo, por iniciativa y con la financiación de Francisco Beltrán de la Torre. Entonces adquirió su planta actual en forma de cruz griega, con una sola nave, un crucero y un presbiterio con camarín al fondo.14

Los sismos debilitaron la construcción a lo largo del siglo XVIII, y el terremoto de 1787 la derribó. Su reconstrucción fue sufragada por José Beltrán, hijo del benefactor anterior, y en ella intervino el cantero Miguel Aguilón, autor de la gran cruz de piedra del atrio.14

En 1863, el presidente Tomás Cipriano de Mosquera ordenó la enajenación de los bienes eclesiásticos y el exilio de los religiosos. Los carmelitas perdieron la custodia de la capilla y abandonaron la Casa de Jacob, y el cuidado del templo quedó en manos de la diócesis de Popayán.14

El terremoto de 1885 derrumbó de nuevo el edificio. El presbítero Avelino Pérez, capellán del templo, promovió su reconstrucción con las limosnas y donaciones recogidas entre los fieles.14 El sismo del Jueves Santo, 31 de marzo de 1983, agrietó el campanario y la cúpula y destruyó parte de la gran cruz de piedra.15

El templo volvió a levantarse en 1787 y en 1885 gracias a la generosidad de benefactores y fieles, lo que muestra el arraigo de la devoción en la comunidad payanesa.

La imagen de Nuestra Señora de Belén

Descripción

La imagen original es una talla quiteña del siglo XVII, de las llamadas «para vestir»: solo tiene esculpidos el busto, las manos y los pies. Representa a la Virgen sentada en un trono barroco recubierto de pan de oro. Su cabeza, adornada con cabello donado por los fieles, suele llevar un sombrero negro de campesino, que la tradición local interpreta como signo del viaje hacia Belén. En la fiesta patronal porta una corona imperial de oro elaborada por el maestro orfebre Rafael Paz.4

Durante casi todo el año, la imagen sostiene en el regazo una canasta con ropa de bebé, que expresa la espera del nacimiento de Jesús. En la fiesta patronal sostiene al Niño Jesús, signo del alumbramiento. La rodea un resplandor de rayos de plata, rasgo tradicional en las vírgenes payanesas, y tiene una luna bajo los pies.4

Cuando recibe culto en el santuario, la Virgen suele estar acompañada a su derecha por san José, imagen quiteña del siglo XVII que lleva sombrero de peregrino, una bolsa con los pañales del Niño y el bastón de azucenas florecidas. Ambas imágenes forman la Sagrada Familia.4

La imagen original permanece todo el año en la capilla lateral del costado norte del santuario y solo sale de él con ocasión de la fiesta patronal.4

Sentido de la veneración de las imágenes

La veneración de las imágenes sagradas pertenece a la fe de la Iglesia. El II Concilio de Nicea (787) enseñó que el honor tributado a la imagen se dirige a quien ella representa.16 El Concilio Vaticano II ordenó mantener la práctica de exponer imágenes sagradas a la veneración de los fieles, con moderación en su número y con el orden adecuado, para que no provoquen extrañeza en el pueblo cristiano ni favorezcan una devoción poco recta.17 El Código de Derecho Canónico recoge esta norma.18

El Catecismo precisa que la veneración cristiana de las imágenes no es contraria al primer mandamiento, porque el honor dado a una imagen se dirige a la persona representada y no al objeto material.19

Los elementos iconográficos de la imagen de Belén, como la canasta, el sombrero, el Niño y la figura de san José, son signos que remiten al misterio de la Encarnación y no objetos de un culto autónomo. Se ordenan a Cristo y a la contemplación de su nacimiento.

La fiesta patronal

Las fiestas de Nuestra Señora de Belén se celebran en la capilla desde 1689 y fueron ganando reconocimiento entre los habitantes de Popayán y de sus alrededores.4 Hoy se articulan en dos procesiones:

  • La procesión de bajada, que en el penúltimo domingo anterior a la Navidad lleva la imagen desde el santuario hasta la iglesia de San Francisco, en el centro histórico.
  • La procesión de subida, que en el último domingo anterior a la Navidad, día de la fiesta patronal, devuelve la imagen al santuario.4

Acompañan a la Virgen la cruz procesional, el rector del santuario, niños vestidos de ángeles, bandas y chirimías tradicionales de Popayán, bailes típicos del Cauca como el bambuco y una representación infantil del pesebre. Delante de la imagen de Belén desfilan las imágenes de:

La procesión relee así, mediante imágenes, la historia que prepara la Natividad: los padres de María, el anuncio del ángel, la familia del Precursor y el cuidado de san José.

La fiesta a la luz del Magisterio

El Catecismo enseña que el sentido religioso del pueblo cristiano ha encontrado siempre expresión en formas variadas de piedad, como las visitas a santuarios, las peregrinaciones y las procesiones. Añade que estas expresiones prolongan la vida litúrgica de la Iglesia, pero no la sustituyen, y que requieren un discernimiento pastoral que las sostenga y, cuando haga falta, las purifique.20

El Concilio Vaticano II recomienda encarecidamente los ejercicios piadosos del pueblo cristiano, siempre que se conformen a las leyes y normas de la Iglesia y estén en armonía con la liturgia, deriven de ella en cierto modo y a ella conduzcan.21

El papa Francisco reconoció en la piedad popular, fruto del Evangelio inculturado, una fuerza activamente evangelizadora y una espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos.22 El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia la considera un verdadero tesoro del pueblo de Dios.23 El Documento de Aparecida cuenta entre sus expresiones las fiestas patronales, las novenas, las procesiones, los cantos del folclore religioso y la peregrinación.24

La presencia de la chirimía, del bambuco y de los trajes tradicionales en la procesión de Belén es un ejemplo de esa inculturación de la fe. La fiesta patronal no altera el carácter litúrgico del domingo de Adviento en que se celebra: la piedad popular prolonga la liturgia, la prepara y la ilumina, pero no ocupa su lugar.

El Santuario de Belén

Ubicación y arquitectura

El santuario se levanta en el extremo oriental del centro histórico de Popayán, en la cima de una colina a la que se asciende por los Quingos, un camino de escalinatas de piedra flanqueado por esculturas alusivas a las estaciones de la Pasión.25 Su planta es de cruz griega, con una sola nave, un crucero y un presbiterio con camarín.14

El templo custodia también el Santo Ecce Homo, venerado como patrono de Popayán. Su descenso los Domingos de Ramos vincula el santuario con la Semana Santa payanesa.3

Régimen canónico y finalidad pastoral

Tras la salida de los carmelitas en 1863, el cuidado del templo quedó a cargo de la diócesis de Popayán.14

El Código de Derecho Canónico designa con el nombre de santuario la iglesia u otro lugar sagrado al que, por un motivo peculiar de piedad, acuden en peregrinación numerosos fieles con aprobación del Ordinario del lugar.26 Según el mismo Código, en los santuarios se han de ofrecer con mayor abundancia los medios de salvación:

  • Predicando con diligencia la palabra de Dios.
  • Fomentando con esmero la vida litúrgica, sobre todo mediante la celebración de la Eucaristía y de la penitencia.
  • Practicando otras formas aprobadas de piedad popular.27

El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia insiste en que la pastoral de los santuarios debe procurar una relación correcta entre las acciones litúrgicas y los ejercicios de piedad.28

Peregrinación

La peregrinación ocupa un lugar destacado entre las expresiones de la piedad popular, porque en ella el pueblo de Dios se reconoce en camino hacia Aquel que lo espera.24 La ascensión a Belén por los Quingos tiene ese sentido: recuerda que la vida cristiana es una marcha hacia Cristo.

Juan Pablo II recordó que la Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y que precede a la Iglesia en ese camino.29 La imagen de la Virgen con sombrero de camino y de san José con bastón de peregrino encuentra en esta enseñanza un significado más profundo que el de un simple rasgo pintoresco.

Cofradía y Junta de Nuestra Señora de Belén

La cofradía de Jesús, María y José, fundada en 1687, desapareció con la organización colonial. En tiempos contemporáneos se refundó la Junta de Nuestra Señora de Belén como entidad sucesora, encargada de continuar las fiestas patronales.4

El Código de Derecho Canónico reconoce que en la Iglesia existen asociaciones de fieles que se proponen fomentar una vida más perfecta, promover el culto público o la doctrina cristiana, o realizar otras obras de apostolado.30 Estas asociaciones están sometidas a la vigilancia de la autoridad eclesiástica competente, a la cual corresponde cuidar de que se mantenga en ellas la integridad de la fe y de las costumbres.31

Dimensión evangelizadora

La fiesta y el santuario ofrecen una ocasión privilegiada de evangelización. Reúnen a personas de condiciones muy diversas, transmiten el contenido del misterio navideño mediante signos accesibles y educan en la espera de Cristo.22

La evangelización exige, sin embargo, discernimiento. El Directorio advierte de los peligros que pueden desviar la piedad popular, entre ellos la separación de la liturgia y de la Palabra de Dios y la reducción de la devoción a un elemento meramente cultural.32 La fiesta de Belén alcanza su plenitud cuando los fieles no solo contemplan la procesión, sino que participan en la Eucaristía, escuchan la Palabra y se preparan con la oración y la caridad para celebrar la Navidad.

Valor espiritual de la advocación

Nuestra Señora de Belén presenta a la Virgen en el momento de la espera y del alumbramiento. Su imagen, con la canasta, el Niño y la compañía de san José, ayuda a los fieles a contemplar el misterio de la Encarnación desde la sencillez de la vida familiar.

La Iglesia ve en María el modelo de sí misma en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo.33 La Virgen de Belén, que espera y da a luz al Salvador, enseña a la comunidad cristiana a esperar al Señor, a recibirlo y a mostrarlo al mundo.

En la Iglesia, Nuestra Señora de Belén no es simplemente un motivo de tradición local ni un elemento del patrimonio cultural de Popayán. Es una advocación que orienta la piedad del pueblo hacia el misterio de la Natividad, sostiene una fiesta que prepara la Navidad y mantiene vivo un santuario que ha atravesado siglos de terremotos y reconstrucciones. Su valor permanece auténtico cuando la devoción se ordena a Cristo, se nutre de la liturgia y se traduce en caridad.

Citas y referencias

  1. Mt 2, 1-6; Lc 2, 4-7. Sagrada Escritura, Mt 2; Lc 2 (s. I). 2
  2. Nn. 525-526. Catecismo de la Iglesia Católica, 525-526 (1992). 2
  3. Santuario de Belén - Reseña. Siervas de la Madre de Dios, Santuario de Belén, Popayán (s. f.). 2 3 4 5 6 7 8 9
  4. Nuestra Señora de Belén de Popayán. Wikipedia, la enciclopedia libre, Nuestra Señora de Belén de Popayán (s. f.). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13
  5. Nn. 466 y 495. Catecismo de la Iglesia Católica, 466, 495 (1992).
  6. Lumen gentium, n. 53. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, 53 (1964).
  7. Marialis cultus, nn. 4-5. Pablo VI, Exhortación apostólica Marialis cultus, 4-5 (1974).
  8. Nn. 96-105. Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 96-105 (2002).
  9. Lumen gentium, n. 66. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, 66 (1964).
  10. N. 971. Catecismo de la Iglesia Católica, 971 (1992).
  11. Can. 1186. Código de Derecho Canónico, 1186 (1983).
  12. Lumen gentium, n. 67. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, 67 (1964).
  13. Lumen gentium, n. 60. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, 60 (1964).
  14. Santuario de Belén (Popayán). Wikipedia, la enciclopedia libre, Historia (s. f.). 2 3 4 5 6
  15. Centro histórico de Popayán. Wikipedia, la enciclopedia libre, Patrimonio eclesiástico (s. f.).
  16. Definición sobre las sagradas imágenes. Concilio de Nicea II, DH 600-603 (787).
  17. Sacrosanctum concilium, n. 125. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum concilium, 125 (1963).
  18. Can. 1188. Código de Derecho Canónico, 1188 (1983).
  19. Nn. 2131-2132. Catecismo de la Iglesia Católica, 2131-2132 (1992).
  20. Nn. 1674-1676. Catecismo de la Iglesia Católica, 1674-1676 (1992).
  21. Sacrosanctum concilium, n. 13. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum concilium, 13 (1963).
  22. Evangelii gaudium, nn. 122-126. Francisco, Exhortación apostólica Evangelii gaudium, 122-126 (2013). 2
  23. N. 9. Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 9 (2002).
  24. N. 259. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento conclusivo de Aparecida, 259 (2007). 2
  25. Capilla de Belén Popayán, Cauca. Viajar por Colombia, Capilla de Belén (s. f.).
  26. Can. 1230. Código de Derecho Canónico, 1230 (1983).
  27. Can. 1234. Código de Derecho Canónico, 1234 (1983).
  28. N. 261. Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 261 (2002).
  29. Redemptoris Mater, n. 25. Juan Pablo II, Carta encíclica Redemptoris Mater, 25 (1987).
  30. Can. 298. Código de Derecho Canónico, 298 (1983).
  31. Can. 305. Código de Derecho Canónico, 305 (1983).
  32. Nn. 65-66. Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 65-66 (2002).
  33. Lumen gentium, n. 63. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, 63 (1964).
Modificado el 29 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.82 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/67wdvsf9q

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →