La ciudad de Civitavecchia, con su importante puerto en el mar Tirreno, ha sido históricamente un punto de encuentro comercial, económico y cultural en el Mediterráneo1. A lo largo de los siglos, la fe cristiana se arraigó profundamente en la comunidad, siendo una fuente de energía, esperanza y renacimiento para sus habitantes2. La devoción a la Santísima Virgen María en Civitavecchia es notable, y se le reconoce como la Estrella del Mar y la brújula que orienta e ilumina la navegación de quienes viajan por el mar1.
Los Papas han reconocido y fomentado esta devoción. Por ejemplo, el Papa Juan Pablo II, durante una visita a Civitavecchia en 1987, se dirigió a los portuarios, pescadores y marineros, invocando la protección de la Santísima Virgen, tan venerada en la ciudad, como su guía. También invocó la protección de Santa Fermina, virgen y mártir, cuya efigie fue llevada al puerto como testimonio de afecto y fe, para que protegiera y ayudara a todos los que operan en el sector marítimo1.
