Las apariciones de la Virgen María en Fátima comenzaron el 13 de mayo de 1917, cuando Lucía, Francisco y Jacinta pastoreaban sus ovejas. La «Señora vestida de blanco» se les apareció, pidiéndoles que regresaran el día 13 de cada mes durante seis meses1. En cada aparición, la Virgen transmitió un mensaje que, a lo largo del tiempo, se reveló como una profunda exhortación espiritual y una advertencia profética para el mundo2.
Los Tres Pastorcitos
Los videntes de Fátima fueron:
Lucía dos Santos: La mayor de los tres, quien fue la principal interlocutora de la Virgen y la encargada de transmitir el mensaje.
Francisco Marto: Un niño contemplativo que se dedicaba a consolar a Jesús.
Jacinta Marto: La más joven, con un corazón ardiente por la salvación de los pecadores.
Los dos hermanos menores, Francisco y Jacinta, fueron beatificados por el Papa Juan Pablo II en el año 20003 y canonizados por el Papa Francisco en 20174, reconociendo su santidad de vida y su respuesta ejemplar al mensaje de la Virgen.
El Mensaje de Fátima: Penitencia y Oración
El núcleo del mensaje de Fátima es un insistente llamado a la penitencia, la conversión y la oración2,5. La Virgen María pidió a los niños que oraran mucho y ofrecieran sacrificios por los pecadores, advirtiendo que muchas almas se perdían en el infierno porque no había quien rezara y se sacrificara por ellas3. Este llamado a la penitencia resuena con las palabras de Cristo al inicio de su ministerio público: «Arrepentíos y creed en el Evangelio» (Mc 1,15)5. La Virgen también solicitó el rezo diario del Rosario para alcanzar la paz mundial y el fin de la guerra5.


