Origen hispánico según la tradición
La tradición piadosa atribuye a la imagen un origen antiguo en España. Según el relato conservado en la documentación pontificia, la imagen habría sido realizada en época remota y ocultada en una cueva durante la dominación musulmana de la península ibérica. Más tarde, los Reyes Católicos, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, la habrían encontrado.
Este relato pertenece al ámbito de la tradición religiosa y no debe confundirse automáticamente con una reconstrucción historiográfica crítica. La tradición pretende explicar la antigüedad y la singular dignidad de la imagen, así como su continuidad dentro de la historia cristiana de España.
La historia española de la imagen constituye una etapa distinta de su posterior presencia americana. El relato no sitúa inicialmente la imagen en Guanajuato, sino en España, donde recibió culto antes de su traslado al continente americano.
Donación imperial y llegada a México
La tradición afirma que el emperador Carlos V entregó la imagen como donativo destinado a los habitantes españoles que marchaban a establecerse en México. La imagen llegó a la ciudad de Guanajuato en 1557, fecha que la documentación pontificia presenta como el momento de su recepción en la ciudad.
El año 1557 resulta fundamental para distinguir dos momentos históricos:
- La etapa española, relacionada con el origen antiguo y la conservación tradicional de la imagen.
- La etapa americana, iniciada con su llegada a Guanajuato y la consolidación de su culto en la ciudad.
La documentación pontificia de 1957 conmemoró precisamente el cuarto centenario de la llegada de la imagen a Guanajuato.
Desarrollo de la devoción en Guanajuato
Tras su llegada, la imagen recibió una veneración creciente entre los habitantes de Guanajuato. La devoción acompañó el desarrollo de la ciudad y quedó vinculada a su identidad católica.
La presencia de la imagen adquirió una dimensión pública: la Virgen no permaneció únicamente como objeto de devoción privada, sino que pasó a ocupar un lugar central en la vida religiosa de la comunidad. La ciudad la reconoció como protectora y los fieles comenzaron a acudir a ella desde distintos lugares de la diócesis y de otras regiones.