La Iglesia reconoce el culto de esta advocación dentro de la forma tradicional del catolicismo, que honra a la Madre de Dios mediante la veneración de imágenes sagradas. En términos teológicos, se afirma que Dios puede valerse de estos signos para manifestar su aprobación del culto: como se argumenta en la tradición apologética, hay evidencias de cómo los santos y los templos llegan a estar acompañados por testimonios votivos relacionados con gracias recibidas.2
En el caso de Guanajuato, la devoción se centra en la imagen de la Virgen y se expresa con peregrinaciones, plegarias y celebraciones en torno al santuario, llamándola con frecuencia «Dominam Guanajuatensem» («Señora guanajuatense») en el lenguaje devocional.1
