Orígenes
El origen del santuario se remonta a la época medieval, cuando la comunidad local comenzó a rendir culto a la Virgen bajo la advocación de la Asunción, siguiendo la tendencia que se extendió por toda Europa de construir iglesias y capillas dedicadas a María — «pequeños capillas o espléndidas basílicas» que «envolvían el país en su sombra protectora»1. Los primeros documentos que aluden a la devoción mariana en la zona aparecen en el siglo X, coincidiendo con la consolidación de la fiesta de la Asunción como una de las principales celebraciones marianas del calendario litúrgico2.
Desarrollo de la devoción
A lo largo de los siglos, la devoción a Nuestra Señora de la Asunción de Ainhoa fue creciendo gracias a la transmisión oral y escrita de milagros atribuidos a la Virgen, así como a la organización de peregrinaciones locales. El Congregatio de la Liturgia reconoce que la Asunción está «profundamente incrustada en la piedad popular» y que en muchos lugares el día se celebra como «el día de Nuestra Señora»3. En el contexto vasco, la devoción se fortaleció con la celebración de novenas y procesiones que culminan en la fiesta del 15 de agosto, día de la Asunción, siguiendo la práctica universal de elevar oraciones públicas por la Iglesia durante la novena previa4.
Reconocimiento papal
El Papa Pío XII, en su Radio Mensaje del 15 de noviembre de 1953, menciona expresamente la advocación Nuestra Señora de la Asunción en la región de Vizcaya, resaltando la intercesión de la Virgen para los fieles y pidiendo que «no deje de interceder por ellos ante el Corazón de tu amantísimo Hijo»5. Este reconocimiento papal subraya la importancia del culto local dentro del marco universal de la piedad mariana. Posteriormente, el Papa Juan Pablo II, durante su visita a peregrinos en el año 2000, invocó a Nuestra Señora de la Asunción para que «con su cuidado materno vigile sobre las gracias recibidas»6, reforzando la dimensión pastoral del santuario.
