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Nuestra Señora de la Cabeza

Nuestra Señora de la Cabeza es una advocación mariana venerada principalmente en el santuario situado en el cerro de Sierra Morena, dentro del término municipal de Andújar, en la provincia de Jaén. Su culto, vinculado a una antigua imagen románica y a una tradición de hallazgo milagroso, constituye una de las manifestaciones más importantes de la religiosidad popular andaluza y una de las grandes peregrinaciones marianas de España. La Iglesia católica la reconoce como patrona principal de la diócesis de Jaén junto con san Eufrasio, y su fiesta principal tiene lugar el último domingo de abril.1

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreNuestra Señora de la Cabeza
CategoríaTérmino
DescripciónEscultura románica de finales del siglo XII, talla en madera de cedro de aproximadamente 64 cm, representa a la Virgen sentada con actitud regia y coronada. El título ‘de la Cabeza’ se refiere al cerro donde se halló la imagen, simbolizando la asociación de María con el monte y la protección del territorio
Año de Origen1317
CiudadAndújar
Fecha de Celebraciónúltimo domingo de abril
Importancia EclesialPatrona de la diócesis de Jaén y objeto de reconocimiento papal, con privilegios litúrgicos
Importancia HistóricaUna de las mayores peregrinaciones marianas de España, vinculada a la Reconquista y a la historia medieval de la zona
LugarAndújar, Jaén, España
ObservacionesReconocida como patrona principal de la diócesis de Jaén en 1960; recibió una corona de oro que fue robada durante la Guerra Civil y sustituta después del conflicto.
PaísEspaña
PatronazgoPatrona principal de la diócesis de Jaén, junto a San Eufrasio
Personas relacionadasJuan XXIII
ProvinciaJaén
SimbolismoLa corona de oro representa la dignidad real de la Virgen; la postura frontal y hierática expresa autoridad espiritual
TipoAdvocación mariana, Santuario, XII, Peregrinación (romería anual)
UbicaciónCerro de la Cabeza, Sierra Morena

Tabla de contenido

Nombre y significado de la advocación

La expresión «de la Cabeza» procede, ante todo, de la geografía del lugar de culto. La imagen recibe su nombre por el cerro de la Cabeza, una elevación de Sierra Morena donde, según la tradición, fue encontrada y donde todavía permanece su santuario. La advocación no nació necesariamente de un rasgo físico de la escultura ni de una representación iconográfica particular de la Virgen, sino de su vinculación con aquel paraje.

La palabra cabeza posee en la toponimia peninsular un sentido relacionado con una elevación del terreno, una cumbre o un promontorio. En este caso, el nombre identifica a María con el monte que acogió la imagen y que acabó convirtiéndose en centro de peregrinación. La denominación completa equivale, por tanto, a Santa María venerada en el cerro de la Cabeza.

La advocación pertenece al amplio conjunto de títulos marianos nacidos de la relación entre la Virgen y un lugar concreto: montes, valles, fuentes, cuevas, caminos o ciudades. El título local no modifica la identidad de María, sino que expresa la forma particular en que una comunidad cristiana la honra y acude a su intercesión.

El santuario y su localización

El santuario de Nuestra Señora de la Cabeza se encuentra en un entorno montañoso de Sierra Morena, aproximadamente a varios kilómetros de Andújar. El cerro domina un paisaje de gran fuerza visual, formado por lomas, barrancos y extensas zonas de vegetación mediterránea. La posición elevada del templo favoreció desde la Edad Media la percepción del santuario como un lugar apartado para la oración y, al mismo tiempo, como un punto de referencia visible para los habitantes de la comarca.

La peregrinación combina dos dimensiones. Por una parte, constituye un acto religioso centrado en la Eucaristía, la oración, la penitencia y la veneración de la imagen. Por otra, conserva elementos propios de la cultura festiva andaluza, como las cofradías filiales, las caballerías, los estandartes, las insignias, los cantos y las reuniones familiares.

El santuario alberga una imagen antigua de la Virgen, venerada en un camarín al que los peregrinos acceden para contemplarla de cerca. La escultura conserva la tradición de vestir la talla con ricos mantos y prendas regias. El uso de vestiduras no constituye un añadido puramente ornamental: responde a la forma histórica en que los fieles han contemplado la imagen y también protege una madera cuya conservación requiere cuidados especiales.2

La imagen venerada

Características artísticas

El estudio artístico de la talla identifica una escultura románica de finales del siglo XII. La imagen está realizada en madera de cedro, mide aproximadamente 64 centímetros y presenta una factura popular y sobria. María aparece sentada, con una composición concebida desde el principio para mostrarla en esa posición. La frontalidad, el hieratismo y la actitud regia corresponden a rasgos frecuentes de la escultura mariana románica.2

La imagen no busca reproducir una apariencia naturalista. Su lenguaje visual pretende expresar la dignidad de la Madre de Dios y su estabilidad como figura de la fe. La rigidez solemne de la postura, la mirada frontal y la presencia de las vestiduras convierten la escultura en un objeto destinado principalmente a la veneración litúrgica y devocional.

El análisis citado relaciona su estilo con otras imágenes románicas de la península, entre ellas la Virgen de Ujué. La talla fue ennegrecida deliberadamente, circunstancia que contribuyó a su aspecto característico y a la asociación popular con las llamadas Vírgenes negras.2

Vestiduras, corona y conservación

La imagen permanece habitualmente cubierta con un manto regio. La tradición atribuye a estas vestiduras una función honorífica, pues presentan a María como Reina y Madre, pero también cumplen una función protectora ante el deterioro de la madera. La escultura sustituyó durante algún tiempo su exposición directa por una imagen destinada al culto, mientras la talla original permanecía velada.2

La corona ocupa un lugar central en la historia reciente de la advocación. La documentación pontificia de 1960 recuerda que la imagen recibió una corona de oro con motivo del reconocimiento de su patronazgo sobre la ciudad de Andújar y que la pieza fue robada durante la Guerra Civil española. Después del conflicto, los fieles prepararon otra corona, de mayor valor, para reemplazar la anterior.1

La coronación no pretende atribuir a María un poder independiente de Dios. Dentro de la tradición católica, la corona expresa la dignidad singular de la Madre de Cristo y la esperanza de que participe gloriosamente en la victoria de su Hijo. La veneración de la Virgen remite siempre a Jesucristo, que ocupa el centro de la fe cristiana.

Tradición del hallazgo

La leyenda piadosa

La tradición local sitúa el hallazgo de la imagen en el año 1317, después de la recuperación cristiana de la zona. Según el relato transmitido por la piedad popular, un pastor habría contemplado una luz o una aparición en el cerro de la Cabeza. La Virgen le habría manifestado su deseo de recibir culto en aquel lugar y le habría indicado la presencia de una imagen escondida entre las rocas.

El relato incluye habitualmente la dificultad de que las autoridades aceptaran la palabra del pastor. La tradición resuelve esa dificultad mediante un signo extraordinario, relacionado con la curación o con una señal visible que permitió reconocer la autenticidad del hallazgo. El pastor habría llevado después la noticia a Andújar, y la comunidad cristiana habría iniciado la veneración de la imagen.

Estos elementos pertenecen al género de las leyendas de hallazgo, muy extendido en la religiosidad medieval hispánica. Tales relatos expresan la convicción de que Dios actúa en la historia y que la Virgen acompaña a una comunidad concreta. No equivalen automáticamente a una crónica contemporánea ni permiten demostrar cada detalle del acontecimiento.

El dato histórico y la tradición documental

La fecha de 1317 aparece en la tradición histórica del santuario y en la documentación pontificia posterior como el momento asociado al descubrimiento de la imagen. La Santa Sede describe la talla como una imagen antigua encontrada, según la memoria transmitida, entre los riscos del monte de la Cabeza en aquel año.1

Conviene distinguir tres niveles:

  • La existencia material de la imagen, que el análisis artístico sitúa a finales del siglo XII.2
  • La tradición del hallazgo en 1317, conservada por la memoria religiosa y por la historia institucional del santuario.1
  • Los detalles sobrenaturales del relato, que pertenecen a la leyenda piadosa y no pueden tratarse como datos históricos demostrados con el mismo grado de certeza.

Los archivos de la cofradía, los libros de cuentas, las actas de las juntas y los documentos relativos a las peregrinaciones permiten estudiar la expansión de la devoción, la organización de las hermandades, las obras del santuario y la continuidad de las fiestas. Estos testimonios tienen un valor histórico distinto del relato oral sobre el pastor y la aparición. La tradición religiosa conserva el sentido espiritual del acontecimiento, mientras la investigación histórica debe separar la memoria devocional de los datos comprobables.

Contexto medieval: la frontera y la Reconquista

La España medieval

La tradición de Nuestra Señora de la Cabeza se consolidó en el marco de la España medieval, cuando la península estaba dividida entre territorios cristianos y musulmanes. Sierra Morena formaba parte de un espacio de tránsito, frontera y comunicación entre la meseta y el valle del Guadalquivir. Las campañas militares, la repoblación, la reorganización parroquial y la fundación de nuevas comunidades cristianas transformaron profundamente el territorio.

La conquista cristiana de Andújar tuvo lugar durante el avance castellano hacia el valle del Guadalquivir, especialmente después de la batalla de Las Navas de Tolosa de 1212. La incorporación de la ciudad y de su entorno a la Corona de Castilla favoreció la llegada de pobladores cristianos, la creación de instituciones eclesiásticas y el desarrollo de nuevos centros de culto.

En ese contexto, las imágenes marianas desempeñaron una función religiosa y social. Las comunidades las veneraban como signos de protección, intercesión y continuidad cristiana. La localización de una imagen en un monte podía expresar, además, la ocupación cristiana del territorio y la fundación de un espacio sagrado en una antigua zona fronteriza.

María y la identidad cristiana

La vinculación entre santuarios marianos y la historia de la Reconquista aparece también en otros lugares de España. Juan Pablo II describió Covadonga como un santuario relacionado con el comienzo de la resistencia cristiana frente a la ocupación musulmana y como un símbolo de la identidad cristiana española.3

Esta relación histórica necesita una interpretación prudente. La devoción mariana no convierte la fe en un programa militar ni autoriza a trasladar sin matices las categorías medievales al presente. En la vida de la Iglesia, María conduce a Cristo y acompaña a la comunidad cristiana en la fe, la esperanza y la caridad. Juan Pablo II presentó los santuarios marianos como testimonios de la fe del pueblo y como lugares donde la presencia de María orienta a los creyentes hacia su Hijo.4

La historia medieval explica el nacimiento de la peregrinación, pero el significado cristiano del santuario no depende de una nostalgia política. El lugar conserva su sentido cuando invita a la conversión, a la reconciliación y al servicio de los necesitados.

Formación de la devoción y de las cofradías

La devoción a Nuestra Señora de la Cabeza creció en torno al santuario de Andújar y adquirió una dimensión supracomarcal. Los peregrinos procedían de la ciudad, de los pueblos de la provincia de Jaén y de otros territorios andaluces. Con el tiempo, distintas comunidades fundaron cofradías filiales, que conservaron sus propias insignias, normas, fiestas y formas de participación.

Las cofradías cumplen varias funciones:

  • Organizan la peregrinación y la presencia de cada localidad.
  • Mantienen el culto durante todo el año.
  • Custodian estandartes, imágenes y objetos de devoción.
  • Transmiten la tradición a las nuevas generaciones.
  • Promueven obras de caridad y ayuda comunitaria.
  • Favorecen la comunión entre parroquias y familias.

La Santa Sede describió en 1960 la existencia de procesiones religiosas hacia el santuario, asociaciones piadosas especialmente vinculadas a la advocación y numerosos donativos ofrecidos a la Virgen.1

La romería reúne, por tanto, una dimensión personal y otra comunitaria. Cada peregrino lleva sus peticiones, agradecimientos y promesas; cada cofradía representa a una comunidad concreta dentro de una celebración común.

Reconocimiento eclesial

Patrona de Andújar

El culto a Nuestra Señora de la Cabeza recibió un reconocimiento pontificio específico durante el pontificado de san Pío X. La documentación posterior recuerda que el obispo de Jaén Juan José Laguarda y Fenollera obtuvo la declaración de la Virgen como patrona celestial de Andújar, junto con la autorización para celebrar solemnemente su fiesta el último domingo de abril.1

El patronazgo expresa la relación espiritual entre la advocación y la ciudad. No significa que la Virgen sustituya a Cristo ni que la protección mariana funcione como una garantía automática frente a todas las dificultades. Significa que la comunidad reconoce en María una intercesora y un modelo de discípula fiel.

Patrona principal de la diócesis de Jaén

En 1960, el papa san Juan XXIII confirmó o constituyó a la Virgen de la Cabeza, junto con san Eufrasio, como patrona principal ante Dios de toda la diócesis de Jaén. El decreto concedió los honores y privilegios litúrgicos correspondientes a los patronos principales de las diócesis.1

La declaración pontificia reconoció una devoción ya arraigada en amplias regiones y la incorporó de modo solemne a la vida litúrgica diocesana. La Santa Sede fundamentó su decisión en la antigüedad del culto, las peregrinaciones, las cofradías y la confianza de los fieles en la intercesión de la Virgen.1

El santuario en el siglo XX

La Guerra Civil española

La Guerra Civil española marcó profundamente la historia del santuario y de la imagen. Durante el conflicto, la corona de oro de la Virgen fue sustraída. La documentación pontificia de 1960 recuerda este hecho y la posterior sustitución de la corona por otra más valiosa, costeada con la generosidad de los fieles.1

El santuario quedó asociado a episodios militares de gran dureza, especialmente al asedio del cerro de la Cabeza en 1937. La defensa del recinto, dirigida por el capitán Santiago Cortés, adquirió una notable repercusión pública y convirtió el lugar en uno de los escenarios más recordados de la guerra. La violencia dañó gravemente el conjunto arquitectónico y alteró la continuidad ordinaria del culto.

La interpretación religiosa de aquellos acontecimientos exige respeto hacia las víctimas y rechazo de toda idealización de la violencia. Un santuario mariano no puede reducirse a un símbolo bélico. La devoción a la Virgen debe promover la paz, la reconciliación y la dignidad de todas las personas afectadas por la guerra.

Reconstrucción y recuperación del culto

Después de 1939 comenzó la recuperación del santuario y de las celebraciones. La reconstrucción material permitió restablecer progresivamente la peregrinación y la actividad de las cofradías. La sustitución de la corona mostró, además, la voluntad de los fieles de conservar la continuidad de la tradición.

La recuperación del santuario coincidió con una etapa de fuerte impulso de las peregrinaciones marianas en España. En 1954, durante el Congreso Mariano Nacional, Pío XII relacionó la renovación de la devoción mariana con la oración, la penitencia, la vida cristiana, la protección de la familia y la atención a los pobres.5,5

Relevancia nacional

Los acontecimientos de la década de 1930 dieron al santuario una notoriedad que superó el ámbito local. La reconstrucción, el reconocimiento diocesano y el crecimiento de las cofradías reforzaron su lugar entre los grandes centros marianos españoles. Las peregrinaciones reunieron a miles de personas y consolidaron una red de hermandades extendida por Andalucía y por otras regiones.

La relevancia nacional del santuario no depende únicamente de la afluencia de peregrinos. También deriva de la capacidad de la advocación para articular memoria histórica, identidad religiosa, patrimonio artístico y participación comunitaria. Las celebraciones contemporáneas mantienen elementos tradicionales, pero incorporan igualmente formas actuales de organización pastoral, atención al peregrino y conservación del patrimonio.

La romería de la Virgen de la Cabeza

Fecha y desarrollo

La fiesta principal tiene lugar el último domingo de abril, conforme a la tradición litúrgica vinculada al santuario y al patronazgo de Andújar.1

La romería comienza con la llegada de las cofradías y continúa con celebraciones religiosas, actos de bienvenida, procesiones y encuentros en el entorno del santuario. Los romeros recorren los caminos a pie, a caballo o mediante otros medios de transporte, según la organización de cada hermandad y las condiciones del itinerario.

La presencia de caballerías y de trajes tradicionales forma parte del patrimonio cultural de la fiesta, pero el centro de la celebración continúa siendo la veneración de la imagen y la participación en la liturgia. La peregrinación alcanza su momento culminante con la procesión de la Virgen por el entorno del santuario.

Las cofradías filiales

Cada cofradía filial llega con su insignia y ocupa un lugar determinado dentro de la celebración. El estandarte representa la identidad de la hermandad y su vínculo con la cofradía matriz de Andújar. La entrada de las filiales expresa la unidad de comunidades diversas alrededor de una misma advocación.

La organización cofrade transmite costumbres, canciones, relatos familiares y normas de participación. También permite mantener el culto cuando los peregrinos regresan a sus lugares de origen. De este modo, el santuario no concentra toda la devoción en una única fecha, sino que proyecta su vida religiosa sobre parroquias y comunidades lejanas.

Espiritualidad mariana

La veneración de Nuestra Señora de la Cabeza pertenece a la doctrina católica sobre la intercesión de los santos y la singular misión de María en la historia de la salvación. María es honrada como Madre de Dios, porque es la madre de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. De esta maternidad proceden los demás títulos marianos y la confianza con que los cristianos acuden a ella. Juan Pablo II recordó que los distintos títulos con que la Iglesia honra a la Virgen derivan de su condición de Madre de Dios y de su relación con la Iglesia.6

La devoción a la Virgen de la Cabeza incluye:

  • La escucha de la Palabra de Dios.
  • La participación en la Eucaristía.
  • El rezo del rosario.
  • La penitencia y la conversión.
  • La acción de gracias.
  • La petición de ayuda en las dificultades.
  • El compromiso con los pobres y los enfermos.
  • La reconciliación dentro de las familias y de las comunidades.

La Iglesia distingue entre adoración, que corresponde únicamente a Dios, y veneración, que los fieles tributan a María y a los santos. La Virgen no sustituye a Jesucristo ni concede la gracia por una autoridad propia separada de Dios. Su misión consiste en conducir a los creyentes hacia su Hijo, como expresó Juan Pablo II al afirmar que María introduce a los cristianos en el conocimiento de Cristo, Redentor del hombre.4

Devoción contemporánea

La devoción actual combina tradición y renovación. Las cofradías conservan la peregrinación anual, la música, las insignias y las costumbres propias de cada localidad, mientras el santuario desarrolla actividades pastorales, celebraciones litúrgicas y atención a los peregrinos.

La fiesta reúne a personas de distintas edades y procedencias. Para algunos participantes representa una tradición familiar; para otros, una ocasión de conversión, cumplimiento de una promesa o encuentro con la comunidad cristiana. El santuario ofrece también un espacio de silencio y oración en medio de una celebración multitudinaria.

La memoria de la Guerra Civil continúa formando parte de la historia del lugar, aunque la significación religiosa del santuario no puede quedar encerrada en aquel episodio. La Virgen de la Cabeza permanece como signo de continuidad de la fe y como llamada a construir una convivencia fundada en la verdad, el perdón y la caridad.

Fiesta litúrgica

La celebración principal de Nuestra Señora de la Cabeza tiene carácter propio en la diócesis de Jaén y alcanza su expresión popular el último domingo de abril. El calendario festivo del santuario integra la liturgia de la Iglesia, la tradición diocesana y la romería de las cofradías.

La misa, la proclamación de la Palabra, la oración mariana y la procesión forman el núcleo religioso de la jornada. Los elementos culturales -caballos, música, indumentaria, convivencia y desplazamientos- adquieren su pleno sentido cuando permanecen ordenados al culto cristiano y a la comunión eclesial.

Patrimonio histórico y cultural

El santuario y su entorno constituyen un conjunto de valor religioso, histórico, artístico y paisajístico. La imagen románica representa una pieza singular de la escultura mariana medieval. Su conservación exige la protección de la madera, el control de la humedad, la supervisión de las vestiduras y una restauración respetuosa con su uso litúrgico.

La peregrinación forma parte del patrimonio inmaterial de Andalucía. Las cofradías transmiten conocimientos y prácticas que abarcan la preparación de los caminos, la organización de las comitivas, la elaboración de insignias, el cuidado de los animales, la música y la hospitalidad.

La protección del patrimonio no puede separar los objetos de la comunidad que les otorga significado. La imagen, el santuario y la romería forman una unidad viva: la obra artística inspira la oración, el templo acoge la liturgia y la peregrinación mantiene la tradición.

Significado para la Iglesia de Jaén

Nuestra Señora de la Cabeza ocupa un lugar central en la identidad católica de la diócesis de Jaén. Su patronazgo, compartido con san Eufrasio, une la tradición mariana con la memoria apostólica y episcopal de la Iglesia local. La declaración pontificia de 1960 concedió a la advocación un reconocimiento litúrgico estable para toda la diócesis.1

La Virgen representa para los fieles:

  • La protección maternal de María.
  • La continuidad histórica de la evangelización.
  • La unidad de las parroquias y cofradías.
  • La esperanza cristiana en tiempos de dificultad.
  • La llamada a vivir la fe con obras de caridad.
  • La orientación permanente hacia Jesucristo.

El santuario conserva así una doble memoria. Por un lado, recuerda una tradición medieval vinculada a la recuperación cristiana del territorio. Por otro, testimonia la perseverancia de la Iglesia contemporánea, que reconstruyó su vida religiosa después de la destrucción y mantuvo viva la peregrinación.

Valoración histórica de la tradición

La historia de Nuestra Señora de la Cabeza requiere integrar tres perspectivas. La primera corresponde a la tradición religiosa, que narra el hallazgo de la imagen y la intervención de la Virgen en el origen del santuario. La segunda pertenece a la historia documental, que estudia los archivos de la cofradía, las instituciones eclesiásticas, las peregrinaciones, las coronas y las obras del templo. La tercera corresponde a la historia del arte, que sitúa la escultura en el románico de finales del siglo XII.2

Estas perspectivas no tienen que confundirse ni excluirse. La investigación histórica puede reconocer el valor espiritual de una tradición sin convertir cada detalle legendario en un hecho probado. Del mismo modo, la existencia de elementos legendarios no elimina la importancia religiosa que el relato posee para generaciones de creyentes.

Nuestra Señora de la Cabeza pertenece a la historia de la fe católica en España, a la memoria de Andújar y Jaén y al patrimonio cultural de Andalucía. Su santuario continúa siendo un lugar de peregrinación, oración y encuentro, donde la devoción a María conduce a los fieles a contemplar a Cristo y a vivir con mayor fidelidad el Evangelio.

Citas y referencias

  1. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis - 2 de junio de 1960, 18 (1960). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
  2. J. Goñi-Gaztambide. Repertorio de historia de las ciencias eclesiásticas en España. 7. Siglos III-XVI, Salamanca, 1 (1980). 2 3 4 5 6
  3. Reflexión sobre la peregrinación a Santiago de Compostela, Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 23 de agosto de 1989, 7 (1989).
  4. Papa Juan Pablo II. 21 de agosto de 1989: Misa en la Basílica Mariana de Covadonga - Homilía, 5 (1989). 2
  5. Papa Pío XII. Mensaje radial a los participantes del Congreso Nacional Mariano de España (12 de octubre de 1954) - Discurso, 1 (1954). 2
  6. Reflexión sobre la solemnidad de María, Madre de Dios, celebrada el 1 de enero, Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 7 de enero de 2004, 3 (2004).
Modificado el 12 de agosto de 2026 • FideScore™ 8.96Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/qkzrx4807

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