La Guerra Civil española
La Guerra Civil española marcó profundamente la historia del santuario y de la imagen. Durante el conflicto, la corona de oro de la Virgen fue sustraída. La documentación pontificia de 1960 recuerda este hecho y la posterior sustitución de la corona por otra más valiosa, costeada con la generosidad de los fieles.
El santuario quedó asociado a episodios militares de gran dureza, especialmente al asedio del cerro de la Cabeza en 1937. La defensa del recinto, dirigida por el capitán Santiago Cortés, adquirió una notable repercusión pública y convirtió el lugar en uno de los escenarios más recordados de la guerra. La violencia dañó gravemente el conjunto arquitectónico y alteró la continuidad ordinaria del culto.
La interpretación religiosa de aquellos acontecimientos exige respeto hacia las víctimas y rechazo de toda idealización de la violencia. Un santuario mariano no puede reducirse a un símbolo bélico. La devoción a la Virgen debe promover la paz, la reconciliación y la dignidad de todas las personas afectadas por la guerra.
Reconstrucción y recuperación del culto
Después de 1939 comenzó la recuperación del santuario y de las celebraciones. La reconstrucción material permitió restablecer progresivamente la peregrinación y la actividad de las cofradías. La sustitución de la corona mostró, además, la voluntad de los fieles de conservar la continuidad de la tradición.
La recuperación del santuario coincidió con una etapa de fuerte impulso de las peregrinaciones marianas en España. En 1954, durante el Congreso Mariano Nacional, Pío XII relacionó la renovación de la devoción mariana con la oración, la penitencia, la vida cristiana, la protección de la familia y la atención a los pobres.,
Relevancia nacional
Los acontecimientos de la década de 1930 dieron al santuario una notoriedad que superó el ámbito local. La reconstrucción, el reconocimiento diocesano y el crecimiento de las cofradías reforzaron su lugar entre los grandes centros marianos españoles. Las peregrinaciones reunieron a miles de personas y consolidaron una red de hermandades extendida por Andalucía y por otras regiones.
La relevancia nacional del santuario no depende únicamente de la afluencia de peregrinos. También deriva de la capacidad de la advocación para articular memoria histórica, identidad religiosa, patrimonio artístico y participación comunitaria. Las celebraciones contemporáneas mantienen elementos tradicionales, pero incorporan igualmente formas actuales de organización pastoral, atención al peregrino y conservación del patrimonio.