Leyenda de la aparición
Según la tradición popular, la imagen fue descubierta en 1612 por un esclavo negro llamado Juan de Cruz y una niña indígena, quienes la hallaron en una cueva de la zona de El Cobre. La talla, siniestramente intacta pese a los años, fue interpretada como un signo de la protección divina sobre los más vulnerables. Esta narración, transmitida oralmente durante generaciones, ha cimentado la identidad de la Virgen como madre de los pobres y los oprimidos.
Desarrollo de la devoción
Durante la época colonial, la devoción se expandió rápidamente entre los distintos grupos étnicos de la isla—españoles, indígenas y africanos—reflejando la pluralidad del pueblo cubano. El santuario de El Cobre se convirtió en punto de encuentro para los fieles, y la imagen fue llevada en procesiones a lo largo del territorio, fortaleciendo la cohesión social y espiritual2.

