El título «Nuestra Señora de la Expectación» remite al concepto litúrgico de Exspectatio Partus (en español, «expectación del parto»), entendido como la espera del nacimiento del Salvador en el seno de María. Esta expresión no se refiere a una expectativa genérica, sino al misterio concreto del anuncio y del cumplimiento del designio divino: en María, la espera mesiánica se vuelve acto de fe y disposición interior para recibir al Hijo de Dios.
En el horizonte del Adviento, la Iglesia interpreta esta espera como una participación en la esperanza del pueblo de Dios: una espera que sostiene el camino hacia el encuentro con el Señor que llega. En este sentido, la oración eclesial de los últimos días antes de la Navidad expresa «la necesidad básica de paz y salvación» que solo Dios hecho hombre puede colmar plenamente.1
