Orígenes patrísticos y medievales
Desde los primeros siglos del cristianismo, los padres de la Iglesia ya aludían a la inmaculada naturaleza de María, describiéndola como «exenta de toda mancha de pecado» y «la más excelente fruta de la redención»1. Sin embargo, la formulación precisa de la inmunidad al pecado original se fue afinando a lo largo de la Edad Media.
Controversia y defensa franciscana
En el siglo XIII, la Orden de los Frailes Menores adoptó la celebración de la Concepción de María y se convirtió en una de sus principales defensoras, mientras que los dominicos, en general, se mostraron escépticos2. El debate se centró en el momento exacto en que María fue santificada: ¿en su concepción o en su nacimiento?
Definiciones papales anteriores a la definición dogmática
Alejandro VII (1661) declaró que la inmunidad de María al pecado original se refería al «momento de la creación de su alma e infusión en el cuerpo» y prohibió cualquier controversia al respecto3.
Clemente XI (1708) impuso la fiesta de la Concepción a toda la Iglesia occidental como precepto litúrgico2.
Ineffabilis Deus (1854)
El 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX promulgó la constitución apostólica Ineffabilis Deus, definiendo de manera infalible que María, «en el primer instante de su concepción, por una gracia singular y privilegio de Dios, en vista de los méritos de Jesucristo, fue preservada inmune de toda mancha del pecado original»1,4. Esta declaración convirtió la doctrina en un dogma de fe que debe ser creído firmemente por todos los fieles4.
Conmemoraciones posteriores
El centenario de la definición fue celebrado con una Año Mariano proclamado por el Papa Pío XII en 1953, subrayando la necesidad de que la devoción a la Inmaculada Pureza se traduzca en una vida de virtud y pureza moral5.
