La devoción a Nuestra Señora de la Luz se ha extendido por diferentes regiones, adaptándose a las culturas locales y manifestándose a través de santuarios, festividades y prácticas piadosas.
En América Latina
La presencia de María como Madre y Reina ha sido fundamental en la evangelización del Nuevo Mundo, y su advocación como «Luz» ha guiado a muchas naciones.
Ecuador: Nuestra Señora de la Alborada
En Guayaquil, Ecuador, existe un santuario dedicado a Nuestra Señora de la Alborada. Este nombre, que evoca la primera luz que anuncia el día, simboliza a María como la portadora de la luz de Cristo. La construcción de este templo mariano buscó dejar un recuerdo visible de la natividad de la Virgen María. San Juan Pablo II celebró una Misa en este santuario, destacando el significado de María como la luz que anuncia el sol naciente, Jesucristo.
Perú: Nuestra Señora de la Luz
En Perú, la devoción a María como Madre de Cristo y Santa Madre de Dios es profunda. San Juan Pablo II, durante la beatificación de Ana de los Ángeles en Arequipa, colocó las intenciones de la Iglesia ante la imagen de Nuestra Señora, pidiendo que ella siga llevando a Jesús a los corazones de quienes confían en ella, como lo llevó al Templo de Jerusalén. Se profesa así que Cristo es «Luz para iluminar a las gentes». La luz de Cristo se invoca para guiar a las diversas diócesis y a sus fieles en todo el país.
Brasil: Nuestra Señora de la Victoria
En Brasil, la comunidad de Vitoria, fundada en 1541 con la llegada del sacerdote Francisco da Luz, tenía su parroquia bajo la advocación de Nuestra Señora de la Victoria. Aunque no directamente «de la Luz», el nombre del sacerdote y la misión de llevar la luz de Cristo a todos los pueblos resuenan con este tema mariano.
Chile: Santa Teresa de los Andes como «Luz de Cristo»
Aunque no es una advocación mariana directa, la canonización de Santa Teresa de los Andes fue presentada por San Juan Pablo II como una «Luz de Cristo» para la Iglesia chilena. Su vida, aunque breve, hizo brillar la luz de Jesucristo de manera admirable, sirviendo de faro y guía para el mundo.
En Asia: Filipinas
Las Islas Filipinas tienen una vocación especial para ser «la ciudad asentada sobre un monte, la lámpara puesta en alto», mostrando la luz de Cristo a través de la calidad de vida de su gente. La Virgen María es reconocida como la Madre de misericordia y amor, que ha velado por el pueblo filipino durante siglos y lo seguirá guiando hacia su Hijo. La devoción a María bajo diversos títulos es una característica central de la religiosidad popular filipina, que es un tesoro de fe y piedad a preservar y comunicar. El amor de Jesucristo, la luz del mundo, es el misterio que se celebra y que inspira a los fieles en la difusión de esta luz por toda Asia y el mundo.
En Europa: Letonia
En Letonia, la devoción a la Madre de Dios como luz del Pueblo de Dios es también muy significativa. En el santuario mariano de Aglona, se agradece al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo por la luz que Cristo, a través de su Madre, ha representado para el pueblo letón, especialmente en tiempos difíciles. Se pide que la luz de María ilumine incesantemente la tierra, la patria, la Iglesia y a todo el pueblo de Letonia.