La Iglesia honra a María con múltiples títulos, nacidos de la oración del pueblo fiel y asumidos dentro de la vida devocional de la comunidad cristiana. La advocación de Nuestra Señora de la Paz concentra una experiencia espiritual: María aparece como mediadora de reconciliación, protección contra el odio y acompañante de quienes sufren. En un contexto de proclamación litúrgica, Pablo VI presenta a María como patrona de la paz y recuerda la acción materna de la Virgen a lo largo de la historia, donde su presencia apaga la división fratricida y sostiene a la comunidad ante la amenaza destructora.1
La advocación añade una dimensión práctica: María no solo «inspira» paz, sino que orienta la acción concreta de los responsables y el deseo eficaz de la concordia entre los pueblos. Pablo VI pide que la intención principal del homenaje mariano apunte a la paz universal, y afirma que María obtiene esa gracia al dar a Cristo: «Pax nostra».1
El título del Buen Viaje se entiende en continuidad con la tradición mariana que contempla a María como la que muestra el camino. La teología de los iconos, recogida en la catequesis de la Iglesia, describe a María bajo la iconografía de la Hodegetria, es decir, la que señala el camino, y afirma que María conduce a Cristo, que es «el camino, la verdad y la vida» (cf. Jn 14,6).2
Así, la devoción integra un lenguaje propio de la piedad popular:
- Paz: fruto de la gracia de Cristo y de la intercesión materna de María.1
- Buen viaje: confianza en que María acompaña el trayecto humano hacia la verdad de Cristo, especialmente cuando el camino impone incertidumbre.2



