Un título mariano de significado cristológico
La expresión Nuestra Señora de la Paz presenta a María como Madre de Jesucristo, fuente de la paz cristiana. La tradición católica no considera a la Virgen autora autónoma de la salvación ni principio independiente de la paz: su misión consiste en conducir a los fieles hacia Cristo, único Señor, Maestro y Redentor. Pablo VI insistió en que la auténtica devoción mariana debe conservar una orientación cristocéntrica y eclesial.3
La paz que expresa esta advocación no equivale solo a la ausencia de guerras. Incluye la reconciliación con Dios, la superación del odio, la justicia, la concordia social y la protección de la dignidad humana. Pablo VI presentó la paz como un bien esencial para la humanidad y exhortó a los cristianos a pedirla mediante la oración, el sacrificio y el compromiso responsable.3,4
La relación con Cristo, «nuestra paz»
La tradición paulina llama a Cristo «nuestra paz» (Pax nostra). La devoción a Nuestra Señora de la Paz entiende que María intercede ante su Hijo para que la humanidad reciba ese don. Pablo VI expresó esta idea al pedir que María, al entregar a Cristo, obtenga para el mundo la gracia de la paz y asista a quienes gobiernan para que busquen eficazmente la concordia entre las naciones.3
Por ello, la advocación no propone una paz débil, pasiva o indiferente ante la injusticia. La reflexión mariana de Pablo VI relacionó la paz con la verdad, la justicia, la caridad y la libertad, y presentó la reconciliación como una tarea que exige valentía moral.4,5




