Origen medieval
Tras el hallazgo tradicional de la imagen, la devoción adquirió una dimensión pública. El lugar comenzó a recibir peregrinos y la autoridad civil y eclesiástica favoreció la construcción de un templo adecuado para custodiar la imagen y atender a los devotos.
La documentación pontificia del siglo XX recuerda que el rey Juan II de Castilla visitó el lugar relacionado con el hallazgo y confió el culto de la imagen a los religiosos de la Orden de Predicadores. Desde entonces, la espiritualidad dominicana quedó estrechamente vinculada a la historia del santuario.
La presencia de los dominicos contribuyó a consolidar la devoción, organizar la atención a los peregrinos y extender el culto a otras regiones. La Orden de Predicadores había nacido con una finalidad apostólica particularmente vinculada a la predicación, la enseñanza doctrinal y la defensa de la fe. Estas características favorecieron la difusión de una devoción mariana acompañada de catequesis y de vida sacramental.
Privilegios pontificios
La importancia del santuario creció durante los siglos posteriores. Diversos pontífices concedieron privilegios a la iglesia y al santuario de la Peña de Francia. La documentación de la Santa Sede menciona, entre otros, a Martín V, Calixto III, Sixto IV, Gregorio XIII, Clemente VIII y Paulo V. Estas concesiones reflejan la expansión de la devoción y la consideración eclesial del lugar como centro de peregrinación.
Los privilegios pontificios podían relacionarse con la celebración litúrgica, las indulgencias y la promoción de la peregrinación. La indulgencia, entendida correctamente, no sustituye la conversión ni la confesión sacramental. La pastoral de los santuarios debe ayudar al peregrino a perseverar en una vida renovada y a comprender la misericordia de Dios como una llamada real a abandonar el pecado.
Difusión de la devoción
La devoción a Nuestra Señora de la Peña de Francia se extendió por amplias zonas de España. La provincia de Salamanca conservó el núcleo principal del culto, pero la advocación también llegó a Portugal y a territorios de ultramar. La Santa Sede describió esta expansión como un crecimiento que superó las fronteras españolas y alcanzó regiones portuguesas y americanas.
La difusión dio lugar a iglesias, ermitas, altares, cofradías y fiestas locales dedicadas a la Virgen de la Peña de Francia. En numerosos lugares, la advocación quedó vinculada a comunidades de emigrantes, a rutas de peregrinación y a la transmisión familiar de la fe.
Coronación canónica
La imagen recibió una corona de oro en 1952, durante el pontificado de Pío XII. La coronación constituyó un reconocimiento solemne de la antigüedad y de la extensión del culto mariano en torno a la Peña de Francia.
La coronación de una imagen mariana no pretende atribuir a la Virgen una dignidad independiente de Cristo. La corona expresa la realeza de María como consecuencia de su relación única con su Hijo y de su cooperación maternal en la obra de la salvación. La Iglesia honra en ella a la mujer que acogió con fe la voluntad de Dios y que permanece unida a Cristo glorificado.
Patronazgo de la provincia de Salamanca
En 1966, el papa Pablo VI declaró a la Virgen de la Peña de Francia Patrona principal ante Dios de toda la provincia civil de Salamanca. La petición llegó a la Santa Sede mediante la Diputación Provincial y recibió el apoyo de los obispos de Salamanca, Ciudad Rodrigo y Plasencia, diócesis relacionadas con el territorio salmantino.
La declaración concedió a la advocación los honores y privilegios litúrgicos correspondientes a los patronos principales de una región. La condición de patrona no convierte a la Virgen en una autoridad política ni atribuye a la provincia un carácter confesional automático. Expresa, en cambio, la relación histórica y espiritual entre una comunidad cristiana y una advocación mariana que ha acompañado su vida religiosa.