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Nuestra Señora de la Revelación

Nuestra Señora de la Revelación, también llamada Virgen de la Revelación, es la advocación mariana vinculada a las apariciones que el tranviario romano Bruno Cornacchiola y sus tres hijos refirieron haber vivido el 12 de abril de 1947 en una gruta de Tre Fontane («Tres Fuentes»), en las afueras de Roma. Cornacchiola, adventista militante y enemigo declarado del papado, regresó a la Iglesia católica tras el encuentro. Hoy el lugar recibe el nombre de santuario de Santa María del Tercer Milenio en las Tres Fuentes y acoge a peregrinos de todo el mundo. La Iglesia no ha emitido una declaración sobre el carácter sobrenatural de las apariciones, pero autoriza y acompaña el culto en la gruta, donde la devoción mariana se orienta hacia la Sagrada Escritura, la conversión, el rosario y la oración por el Papa.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreNuestra Señora de la Revelación
CategoríaEvento
Nombre CompletoVirgen de la Revelación
DescripciónLa Revelación es la Palabra de Dios y esa Palabra habla de ella
ReferenciasCatecismo de la Iglesia Católica, n.o 67
Fecha de Celebración12 de abril
Fecha de Inicio1947-04-12
MensajeConversión, rezo del rosario, oración por el Papa y por la unidad de los cristianos.
PaísItalia
Referencias en el Derecho CanónicoCan. 1230; Can. 1186
TestigosBruno Cornacchiola
TipoAparición mariana
Ubicación
  • Tre Fontane, Roma
  • Roma
  • Santuario de Santa María del Tercer Milenio en las Tres Fuentes

Tabla de contenido

Significado del título

El título Virgen de la Revelación resume el mensaje que la Señora dio de sí misma. En el relato de Cornacchiola, ella explicó que la Revelación es la Palabra de Dios y que esa Palabra habla de ella. La advocación recuerda, por tanto, que la figura de María no se separa de la Escritura: toda la devoción mariana de la Iglesia se apoya en lo que Dios ha revelado sobre la Madre del Redentor.

La Iglesia enseña que Dios quiso manifestarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad mediante la Revelación, que culmina en Jesucristo.1 La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura forman un único depósito de la Palabra de Dios confiado a la Iglesia.2 El título mariano de Tre Fontane se sitúa en esta perspectiva: la Virgen conduce a los fieles al Evangelio y a la fe de la Iglesia, no a una enseñanza nueva.

La Señora se presentó con unas palabras que han pasado a ser la fórmula característica de la advocación: «Yo soy la que soy en la Trinidad divina». La teología mariana entiende esta expresión desde la relación singular de María con las tres Personas: hija predilecta del Padre, Madre del Hijo y sagrario del Espíritu Santo.3 María no forma parte de la Trinidad, pero su identidad se comprende solo en relación con ella.

El lugar: Tre Fontane

Las Tres Fuentes y san Pablo

La zona de Tre Fontane se encuentra al sur de Roma, junto a la vía Laurentina, en el barrio de la EUR. Su nombre procede de la tradición sobre el martirio del apóstol san Pablo. Según ese recuerdo antiguo, la cabeza del Apóstol de los gentiles, decapitado en tiempos de Nerón, rebotó tres veces en el suelo y en cada punto brotó una fuente. Allí se levanta la abadía de San Paolo alle Tre Fontane, ligada a la tradición monástica y a la memoria del apóstol.

La gruta

Frente a la abadía se abría una gruta excavada en la roca toba, abandonada y degradada antes de 1947. Los testimonios del entorno describen un lugar descuidado, usado como vertedero. Tras los sucesos de aquel año, el recinto se transformó en un espacio de oración y de peregrinación. La gruta se conserva en su forma original dentro del santuario, y una imagen de la Virgen de la Revelación preside el interior.4

Antecedentes de las apariciones

Bruno Cornacchiola

Bruno Cornacchiola nació en Roma el 9 de mayo de 1913, en una familia muy pobre. Tuvo una infancia dura, se alejó de la práctica religiosa y trabajó en distintos oficios hasta emplearse como conductor de tranvía. En 1936 se casó con Iolanda Lo Gatto, con quien tuvo tres hijos: Isola, Carlo y Gianfranco.

Participó como voluntario en la Guerra Civil Española. Allí, según su propio testimonio, entró en contacto con un soldado alemán luterano que lo acercó al protestantismo. A su regreso se hizo bautista y, el 8 de septiembre de 1945, ingresó en la Iglesia adventista del séptimo día. Su hostilidad hacia la Iglesia católica fue radical: atacaba los dogmas marianos, prohibía a su familia las prácticas católicas y llegó a concebir el proyecto de asesinar al papa Pío XII. Con ese fin compró un puñal en Toledo y grabó en la empuñadura la frase «Muerte al Papa».5

Los nueve primeros viernes

Iolanda, católica practicante, le propuso un pacto: él haría los nueve primeros viernes de mes, con confesión y comunión, en honor del Sagrado Corazón de Jesús, y después podría seguir su camino. Bruno cumplió la práctica sin convicción alguna. Más tarde, la Señora de la gruta le recordó que aquellos viernes habían sido el medio por el cual se había salvado.

Luigina Sinapi

La tradición del santuario recoge además el testimonio de Luigina Sinapi, una joven catequista romana que en 1937 dijo haber recibido en esa misma gruta un encargo para el entonces cardenal Eugenio Pacelli, secretario de Estado, futuro Pío XII: la conversión, una década después, de un gran pecador que querría atentar contra el Papa. Este episodio no pertenece al núcleo de los hechos de 1947, pero enmarca la aparición en una mirada de oración por el Pontífice que el santuario conserva hasta hoy.

Las apariciones de 1947

El sábado 12 de abril

El 12 de abril de 1947 fue el sábado in albis, el que sigue a la Pascua. Bruno había perdido el tren hacia Ostia y se dirigió con sus hijos a Tre Fontane. Mientras los niños jugaban, él preparaba el discurso que pronunciaría al día siguiente en una plaza de Roma contra los privilegios de María: la virginidad, la Inmaculada Concepción y la Asunción. Había escrito incluso a lápiz una blasfemia en el pedestal de una imagen mariana: la Virgen no sería ni virgen ni madre.

Cuando el balón de los niños se perdió, Bruno encontró al más pequeño, Gianfranco, de rodillas ante la entrada oscura de la gruta, repitiendo en éxtasis: «¡Bella Señora!». Isola y Carlo se arrodillaron a su lado y repitieron las mismas palabras. Entonces Bruno vio una luz intensa, sintió que perdía el peso del cuerpo y, al exclamar «¡Dios nos salve!», le cayó un velo de los ojos. Vio entonces a la Señora. La visión, hacia las tres y media de la tarde, duró aproximadamente una hora y veinte minutos.

La Señora

El vidente la describió de belleza indecible, con rostro materno y a veces velado por la tristeza. Vestía una túnica blanca ceñida por una faja rosa y un manto verde que cubría sus cabellos negros y llegaba hasta los pies descalzos. Estaba de pie sobre un bloque de toba. Sostenía contra el pecho un libro de color ceniza, que Cornacchiola identificó con la Sagrada Escritura. A sus pies yacía un paño negro con un crucifijo roto. La gruta se llenó de un perfume suave, que los presentes compararon con el de las flores.

Las palabras

La Señora se identificó con estas palabras: «Yo soy la que soy en la Trinidad divina. Yo soy la Virgen de la Revelación». Reprochó a Bruno su persecución con una frase que el relato transmite de forma constante: «Tú me persigues. ¡Ya basta!». Lo invitó a entrar en el redil santo, que el vidente entendió como la Iglesia católica. Le recordó que los nueve primeros viernes del Sagrado Corazón lo habían salvado. Le habló de su Asunción en cuerpo y alma y de la incorruptibilidad de su cuerpo. Le encargó rezar cada día el rosario por la conversión de los pecadores, de los incrédulos y por la unidad de los cristianos. Prometió que, mediante la tierra de aquel lugar de pecado, obraría milagros para la conversión de los incrédulos. Le confió también un mensaje destinado al Papa.5

El signo del sacerdote

Como señal de que el mensaje venía de Dios, la Virgen anunció a Bruno que encontraría a un sacerdote que lo saludaría con las palabras «Ave María, hijo mío». Durante varios días buscó a ese sacerdote por Roma. Un sacerdote lo saludó con aquella fórmula y lo remitió a otro presbítero, que lo acompañó en su regreso a la Iglesia. El 7 de mayo de 1947, Bruno y su familia quedaron reconciliados con la fe católica.

Apariciones posteriores

Cornacchiola refirió nuevos encuentros con la Señora los días 6, 23 y 30 de mayo de 1947. Más tarde, hasta su muerte, aseguró haber recibido mensajes adicionales, algunos con un tono apocalíptico y de carácter profético sobre acontecimientos futuros. La autoridad eclesiástica no ha confirmado esas comunicaciones posteriores, y los pastores de la Iglesia invitan a mantener la prudencia ante ellas.6

El mensaje de Tre Fontane

La Palabra de Dios en el centro

El libro que la Virgen sostiene sobre el pecho resume el carácter del mensaje: María es la primera oyente y custodia de la Palabra. La Iglesia anima a los fieles a acercarse a la Escritura con asiduidad, porque desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo.2 Las apariciones de Tre Fontane se dirigieron a un hombre que había hecho de su lectura de la Biblia un arma contra la Iglesia; la respuesta de la Señora devuelve la Escritura a su lugar, dentro de la comunión eclesial.

Conversión y unidad de los cristianos

El mensaje se articula en torno a tres conversiones: la de los pecadores, la de los incrédulos y la de los cristianos separados, llamados a la unidad. Cornacchiola era un caso extremo de cada una. En el santuario, la memoria de su conversión se convirtió en un signo de que ninguna hostilidad cierra definitivamente el camino de la gracia.

Rosario y Sagrado Corazón

La petición del rosario diario encaja con la enseñanza pontificia sobre esta oración, que contempla el Evangelio con los ojos de María y orienta a la conversión.7 La referencia a los nueve primeros viernes remite a la devoción al Sagrado Corazón, que había sido el camino por el que Bruno, sin saberlo, se había mantenido bajo la protección divina.

La Asunción de María

En la gruta, la Señora habló a Bruno de su Asunción. El vidente atacaba precisamente ese privilegio. Tres años y medio después de la aparición, el 1 de noviembre de 1950, Pío XII definió como dogma que la Inmaculada Madre de Dios, la siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial.8 La concordancia entre el contenido del mensaje y la definición dogmática forma parte de la memoria devocional del santuario, aunque la definición misma se apoya exclusivamente en la Tradición y en el testimonio de la Iglesia, no en las apariciones.9

Fidelidad al Papa y a la Iglesia

El mensaje confiado a Bruno pasa por el Santo Padre. La Virgen le pidió obediencia al Papa y la entrada en el «redil». El santuario conserva esta orientación: junto a la Eucaristía y el Corazón Inmaculado de María, la oración por el Pontífice constituye uno de sus tres ejes.4

El puñal y la audiencia con Pío XII

Tras su regreso a la Iglesia, Cornacchiola cumplió el encargo de presentarse ante el Papa. El 8 de septiembre de 1947 había sido la fecha escogida para el atentado, y el puñal permanecía en su poder. El 9 de diciembre de 1949 fue recibido en audiencia por Pío XII, ante quien confesó su antiguo plan y entregó la daga. El Papa lo acogió con un trato paterno.

La conversión del antiguo adventista y enemigo del Papa se presenta, en la tradición de Tre Fontane, como el signo más visible de la acción de la gracia en aquellos hechos.

El culto y el santuario

Los primeros años

Tras la reconciliación de Cornacchiola, la noticia de la gruta se extendió por Roma. El 5 de octubre de 1947, Pío XII bendijo en la plaza de San Pedro una imagen de la Virgen de la Revelación, que se trasladó en procesión hasta Tre Fontane.4 El 8 de septiembre de 1948, a la entrada de la gruta, se fijó un texto con el relato de la conversión del vidente, y el lugar se convirtió en meta de peregrinaciones. Ese mismo año, Cornacchiola fundó la asociación SACRI, de carácter catequético y apostólico.

La capilla de 1956

En 1956, el Vicariato de Roma autorizó la construcción de una capilla junto a la gruta y confió la atención del lugar a los frailes menores conventuales. La gruta quedó abierta a todos los fieles, con la Virgen de la Revelación en el interior. Un arco dedicado a la paz da acceso al recinto.

Santa María del Tercer Milenio

A comienzos de los años noventa, el Vicariato de Roma adquirió los terrenos de la gruta y abrió el camino a la construcción de un santuario estable. En 1997, san Juan Pablo II aprobó la denominación actual: Santa María del Tercer Milenio en las Tres Fuentes.4 El canon 1230 del Código de Derecho Canónico define el santuario como la iglesia o el lugar sagrado al que, por un motivo peculiar de piedad, acuden en peregrinación numerosos fieles con aprobación del Ordinario del lugar.10 Esa aprobación se aplica al caso de Tre Fontane desde hace décadas.

Las Misioneras de la Divina Revelación

La espiritualidad del lugar dio origen a una familia religiosa: las Misioneras de la Divina Revelación, que recibieron la aprobación del cardenal vicario de Roma, Camillo Ruini, el 11 de febrero de 2001. Su vocación consiste en difundir la Palabra de Dios y el mensaje de la Virgen de la Revelación.11

Valoración de la Iglesia

Las revelaciones privadas

El Catecismo de la Iglesia Católica recuerda que a lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas privadas, algunas de las cuales ha reconocido la autoridad de la Iglesia. Estas no pertenecen al depósito de la fe. Su función no consiste en «mejorar» la Revelación definitiva de Cristo, sino en ayudar a vivirla con mayor plenitud en una época determinada.12 Los fieles no tienen obligación de creer en ninguna aparición, ni siquiera aprobada.

La situación de Tre Fontane

La Iglesia no se ha pronunciado sobre la sobrenaturalidad de las apariciones de 1947, y tampoco las ha condenado. El Vicariato de Roma y la Santa Sede han actuado de forma pastoral: autorizaron la capilla, encomendaron la custodia del lugar, aprobaron la denominación del santuario y aprueban el flujo de peregrinos. Estos actos manifiestan aprecio por los frutos de conversión y oración, pero no equivalen a un reconocimiento de los hechos como sobrenaturales.4

La normativa vigente del Dicasterio para la Doctrina de la Fe sobre el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales, aprobada en 2024, establece diversos niveles de pronunciamiento y subraya el cuidado pastoral por los frutos espirituales.6 En ese marco, el criterio fundamental para el creyente sigue siendo el mismo: la devoción a la Virgen de la Revelación resulta legítima siempre que conduzca a Cristo, a la Escritura, a los sacramentos y a la comunión con el Papa y los obispos.

Fenómenos y gracias atribuidos

Con el tiempo, los peregrinos refirieron conversiones y curaciones tras visitar la gruta. La tradición del lugar concede un valor devocional a la tierra de la gruta, ligada a las palabras de la Señora sobre los milagros de conversión que obraría mediante ella. La Iglesia recomienda a los fieles acoger estos signos con sobriedad: los frutos de la gracia se reconocen ante todo en la vida sacramental y en la caridad.

Los testimonios de las comunidades que acompañan al santuario recogen también el relato de un fenómeno solar el 12 de abril de 1980, aniversario de las apariciones, que unas tres mil personas dijeron haber contemplado y que se habría repetido dos años después. Estas manifestaciones pertenecen al ámbito de la experiencia personal y no tienen valor doctrinal.

La devoción hoy

El santuario y los peregrinos

El santuario ocupa un lugar muy querido entre los romanos. La gruta sigue siendo el corazón del recinto: se reza el rosario, se celebra la Eucaristía y se ofrece la confesión. En la misa del 12 de abril de cada año, aniversario de la aparición, los peregrinos recuerdan la historia de Cornacchiola y piden por la conversión de quienes se han alejado de la fe.4

La devoción gira en torno a una petición constante: orar por el Papa y por la paz entre las naciones. En el aniversario número setenta y cinco de las apariciones, el rector del santuario subrayó la importancia de pedir por la paz y de convertir el corazón.4

Cornacchiola, testigo hasta el final

Bruno Cornacchiola murió en Roma el 22 de junio de 2001, a los ochenta y ocho años. Dedicó el resto de su vida a dar testimonio de su conversión. Su itinerario, de enemigo de la Iglesia a apóstol de la Palabra de Dios, constituye el rasgo más atractivo de la advocación y su mejor catequesis: la historia de un hombre que fue alcanzado por la misericordia en el momento en que menos la buscaba.

Fundamento teológico de la devoción

El culto a la Virgen de la Revelación se inscribe en la doctrina mariana de la Iglesia, que reconoce a María como Madre de Dios y Madre de los hombres en el orden de la gracia.3 La veneración que se le tributa no disminuye la adoración debida solo a Dios, sino que la facilita: María conduce hacia su Hijo. El Código de Derecho Canónico recomienda a los fieles la peculiar y filial veneración a la bienaventurada María siempre Virgen.13 Pablo VI, al exponer el sentido del culto mariano, señaló que la devoción a la Virgen debe tener una nota bíblica, una nota litúrgica y una apertura ecuménica.14 La advocación de Tre Fontane resalta con claridad la primera y la última: su signo distintivo es un libro, su centro la conversión y su horizonte la unidad de los cristianos.

Valor espiritual de la advocación

Nuestra Señora de la Revelación enseña que la Escritura, leída sin la Iglesia, puede convertirse en arma, y que la misma Escritura, acogida en comunión con ella, se vuelve camino de reconciliación. Su figura reúne la ternura de una Madre que se muestra triste por quienes la persiguen y la firmeza de quien exige un cambio de vida. El mensaje se resume en una invitación constante: volver al Evangelio, rezar con sencillez, confiar en el Corazón de Jesús y permanecer unidos al Papa.

En la historia de la piedad católica, la Virgen de la Revelación ocupa el lugar de una advocación de misericordia. Su santuario, levantado en el sitio que la tradición asocia al martirio de san Pablo, recuerda que el perseguidor de ayer puede convertirse en testigo de la fe, tal como sucedió con el Apóstol de los gentiles a las puertas de Damasco.

Citas y referencias

  1. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Dei Verbum, 2 (1965).
  2. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Dei Verbum, 10 y 25 (1965). 2
  3. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Lumen Gentium, 53-54 (1964). 2
  4. Mercedes de la Torre. Festejan 75 años de la aparición en Roma de la Virgen de la Revelación. ACI Prensa (12 de abril de 2022). 2 3 4 5 6 7
  5. La Virgen de la Revelación. Catholic.net, Las apariciones. 2
  6. Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Normas para proceder en el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales (17 de mayo de 2024). 2
  7. Juan Pablo II. Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, 1-2 (2002).
  8. Pío XII. Constitución apostólica Munificentissimus Deus, 44. Acta Apostolicae Sedis, 42 (1950), 753-771 (1950).
  9. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Lumen Gentium, 59 (1964).
  10. Can. 1230. Código de Derecho Canónico, 1230 (1983).
  11. Vergine della Rivelazione. Cathopedia, la enciclopedia católica, Cronología.
  12. Catecismo de la Iglesia Católica, n.o 67 (1992).
  13. Can. 1186. Código de Derecho Canónico, 1186 (1983).
  14. Pablo VI. Exhortación apostólica Marialis Cultus, 29-39. Acta Apostolicae Sedis, 66 (1974), 113-168 (1974).
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