La devoción a Nuestra Señora de la Soledad tiene sus raíces en la meditación de los Siete Dolores de María, que incluyen el sufrimiento experimentado por la Virgen desde la profecía de Simeón hasta la sepultura de Cristo1. Si bien la Iglesia celebra la conmemoración de Nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre, ofreciendo una ocasión para venerar a la Madre sufriente junto a su Hijo crucificado, la advocación de la Soledad se centra específicamente en el dolor de María durante el Sábado Santo2.
Esta forma particular de devoción se desarrolló en los países de habla hispana1. Su origen se remonta al siglo XVI, vinculado a la figura de la Reina Juana de España, quien lamentó la temprana muerte de su esposo, Felipe I (1506)1. La iconografía de Nuestra Señora de la Soledad a menudo presenta a María vestida de luto, sola, con las manos juntas o extendidas en señal de dolor, a veces con el velo cubriendo su rostro, simbolizando su profunda tristeza y recogimiento.

