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Nuestra Señora de los Colores

Nuestra Señora de los Colores es una advocación mariana de origen reciente, surgida en el ámbito del Movimiento de Jornadas de Vida Cristiana de Argentina y presentada en el seminario de Paraná (provincia de Entre Ríos) el 7 de noviembre de 1987. Está estrechamente vinculada con el saludo «¡De colores!» propio de los Cursillos de Cristiandad, en el que «estar de colores» significa estar en gracia de Dios.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreNuestra Señora de los Colores
CategoríaTérmino
Nombre CompletoMadre que acompaña al cristiano en el camino de la gracia y en el anuncio del Evangelio
DescripciónLa acción de la gracia en el alma de los bautizados y la diversidad de los dones que Dios reparte en la Iglesia
Autoridad EclesialMonseñor Estanislao Esteban Karlic
Doctrinas RelacionadasDoctrina mariana, Primacía de la gracia, Maternidad espiritual de María
Fecha7 de noviembre de 1987
Festividad7 de noviembre
HistoriaSurgida en el ámbito del Movimiento de Jornadas de Vida Cristiana de Argentina y presentada en el seminario de Paraná el 7 de noviembre de 1987.
LugarSeminario de Paraná (Entre Ríos, Argentina)
Movimiento eclesialMovimiento de Jornadas de Vida Cristiana y Cursillos de Cristiandad
OraciónOración de consagración a la advocación
OrigenMovimiento de Jornadas de Vida Cristiana de Argentina
TemaGracia, Cursillos de Cristiandad, Piedad popular, Carismas, Alianza
TipoAdvocación mariana

Tabla de contenido

No se trata de una aparición mariana ni de una imagen antigua de culto, y no figura en el calendario litúrgico de la Iglesia. Es una expresión de piedad popular promovida por un movimiento de laicos, que invoca a María como Madre que acompaña al cristiano en el camino de la gracia y en el anuncio del Evangelio.3

Denominación y significado

El nombre

El título Nuestra Señora de los Colores se compone del nombre de la Madre del Señor y de la expresión «de colores», que en el lenguaje de los Cursillos de Cristiandad y de las Jornadas de Vida Cristiana designa la vida de la gracia. Algunas fuentes lo presentan con la fórmula ampliada Nuestra Señora de los Colores de la Alianza.1

La advocación no se refiere, por tanto, a los colores materiales de una imagen o de unas vestiduras, sino a la acción de la gracia en el alma de los bautizados y a la diversidad de los dones que Dios reparte en la Iglesia.

Distinción respecto de otras advocaciones

Algunos textos divulgativos relacionan esta advocación con Colombia y con la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, a causa de la túnica rosada y el manto azul que presenta la imagen de ese santuario.4

Esa relación, sin embargo, no procede de la Iglesia Católica. La imagen de Chiquinquirá es una pintura del siglo XVI cuya renovación prodigiosa se recuerda en 1586 y que se venera en el santuario de Boyacá, mientras que Nuestra Señora de los Colores se presenta en 1987 en un movimiento de laicos argentino. Ambas devociones son distintas y no deben confundirse.4,1

Origen histórico

Los Cursillos de Cristiandad

El saludo «De colores» procede del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, nacido en la isla de Mallorca. El primer cursillo se celebró del 19 al 23 de agosto de 1944 en Cala Figuera de Santanyí, bajo el impulso del laico Eduardo Bonnín Aguiló. Los cursillos se numeran oficialmente a partir del celebrado el 7 de enero de 1949 en la ermita de San Honorato, en Randa.5

El obispo Juan Hervás, que llegó a Mallorca en 1947, acogió el método con entusiasmo y le dio el nombre de Cursillos de Cristiandad.2 El Centro Nacional de Cursillos de Estados Unidos se refiere a Bonnín como Siervo de Dios.2

El saludo y la canción «De colores»

Eduardo Bonnín buscó canciones que no fueran piadosas pero tampoco meramente folclóricas, para animar los momentos de descanso o de dificultad durante el cursillo. Según la historia del Movimiento, en uno de los primeros cursillos Guillermo Estarellas propuso cantar De colores, una canción muy popular que recordaba de sus años de estudio en la península.2

La letra original contenía una referencia a «las chicas bonitas de muchos colores»; el obispo y los sacerdotes pidieron que se modificara, y el verso pasó a hablar de «amores».2

En 1951, Cristóbal Almendro propuso una analogía entre la gracia y los colores. Eduardo Bonnín la recibió con entusiasmo, y el «De colores» se convirtió en una especie de contraseña de los cursillos: el saludo entre cursillistas significaba que estaban en gracia de Dios, y una respuesta distinta indicaba que algo podía estar ocurriendo.2

El Movimiento nunca ha reconocido oficialmente la canción como himno, aunque identifica a la familia cursillista en todo el mundo.2

El Movimiento de Jornadas de Vida Cristiana

El Movimiento de Jornadas de Vida Cristiana nació en México en 1961, por iniciativa de los Hermanos Maristas, y tomó elementos de los ejercicios ignacianos y de los Cursillos de Cristiandad sin identificarse con ninguno de ellos.1

Fue llevado a Argentina por los sacerdotes del Verbo Divino Adán Recofsky y Adolfo Ruhl. La primera jornada argentina se celebró del 17 al 20 de octubre de 1967 en Rafael Calzada, en la diócesis de Lomas de Zamora.1

El 3 de septiembre de 1984, el Equipo Episcopal para el Apostolado de Laicos reconoció el Movimiento.1 En otros países, como Costa Rica, el Movimiento se define como una asociación privada de fieles al servicio de obispos, presbíteros y laicos, para que muchos cristianos tomen conciencia de su vocación y misión en medio del mundo.6

La presentación de la advocación

Según la información difundida por el propio Movimiento, la advocación de Nuestra Señora de los Colores fue presentada por primera vez el 7 de noviembre de 1987, durante una jornada de convivencia, en el seminario de Paraná. La fecha se vincula con el día en que se recuerda a la Virgen María como Medianera de todas las gracias.1

Monseñor Estanislao Esteban Karlic, pastor de la Iglesia de Paraná, pidió una oración de consagración a esta advocación, como compromiso firme y serio de anunciar el Evangelio a imitación de la Virgen María.1

El 30 de octubre de 1988, la advocación y la oración de consagración fueron presentadas a los padres fundadores del Movimiento, Adán Recofsky y Adolfo Ruhl, en las jornadas de convivencia nacional celebradas en Luján.1

Reconocimiento eclesial de los movimientos de origen

Los Cursillos de Cristiandad en el Magisterio

Los Cursillos de Cristiandad cuentan con la aceptación y el reconocimiento pastoral de los papas. Pablo VI se dirigió a los cursillistas durante la primera Ultreya mundial, celebrada en la plaza de San Pedro el 28 de mayo de 1966, y volvió a hacerlo el 23 de mayo de 1970.7

Juan Pablo II recordó a los cursillistas que «la pequeña semilla sembrada en España hace más de cincuenta años se ha convertido en un gran árbol lleno de frutos del Espíritu».8 Constató que los Cursillos estaban presentes en más de sesenta países y en ochocientas diócesis.8

El Pontificio Consejo para los Laicos reconoció el Organismo Mundial de Cursillos de Cristiandad mediante decreto del 30 de mayo de 2004, como estructura de coordinación, promoción y difusión del Movimiento.9,10

El mensaje de Juan Pablo II a los cursillistas

En 2002, Juan Pablo II resumió el centro del carisma del Movimiento: el anuncio kerigmático consiste en «fijar la mirada en el rostro de Cristo», lo cual conlleva respetar «la primacía de la gracia» y emprender un camino de catequesis, oración, conversión y santidad de vida.8

Concluyó encomendando a los cursillistas a la protección materna de María santísima, «ejemplo admirable de obediencia a la voluntad del Padre y discípula fiel de su Hijo».8

Los movimientos como asociaciones de fieles

La Iglesia reconoce a los fieles el derecho a fundar y dirigir asociaciones para fines de caridad o de piedad, o para fomentar la vocación cristiana en el mundo.11 Las asociaciones privadas se constituyen por acuerdo de los fieles y se rigen por sus propios estatutos, bajo la vigilancia de la autoridad eclesiástica.11

Juan Pablo II enumeró los criterios de eclesialidad que deben guiar a las agrupaciones laicales: la primacía de la vocación a la santidad, la profesión de la fe católica, el testimonio de comunión con el Papa y los obispos, la conformidad con el fin apostólico de la Iglesia y el compromiso de presencia en la sociedad humana.12

Condición eclesial de la advocación

Nuestra Señora de los Colores es una advocación promovida por un movimiento de laicos. No procede de una definición del Magisterio y no pertenece al calendario litúrgico.

Su legitimidad descansa en la doctrina de la Iglesia sobre el culto a María y en el reconocimiento eclesial de los movimientos que la promueven. La petición de una oración de consagración por parte del obispo de Paraná muestra que la advocación nació con el conocimiento y el aliento de la autoridad eclesiástica local.1

Significado espiritual

La gracia y los colores

La Iglesia enseña que la gracia es el favor, el auxilio gratuito que Dios nos da para responder a su llamada y convertirnos en hijos suyos. La gracia santificante es un don habitual y estable que perfecciona el alma para hacerla capaz de vivir con Dios.13

El saludo «De colores» expresa esta realidad con una imagen sencilla. Los colores del alma son los dones de la gracia; el pecado mortal, en cambio, priva de la gracia santificante.13 Juan Pablo II recordó a los cursillistas que su camino exige respetar «la primacía de la gracia».8

La luz y el prisma

El Movimiento explica el sentido de la advocación mediante la imagen del prisma: así como el prisma descompone la luz blanca en una escala de colores, cada persona lleva su propio color, que refleja un aspecto de Jesucristo.1

La imagen es coherente con la doctrina cristiana. Cristo es la luz del mundo (Jn 8, 12), y los bautizados participan de su vida por la gracia. Cada fiel refleja de modo distinto la única luz de Cristo, sin que la diversidad divida la fe.

El arco iris y la alianza

El arco iris es en la Sagrada Escritura signo de la alianza que Dios establece con Noé y con toda criatura viviente después del diluvio (Gn 9, 12-17). El Catecismo presenta esa alianza como expresión del plan divino de salvación para toda la humanidad.14

En el libro del Apocalipsis, un arco iris rodea el trono de Dios (Ap 4, 3). La tradición cristiana ha visto en este signo una imagen de la fidelidad de Dios y de la reconciliación del cielo con la tierra. Esta imagen explica la fórmula ampliada de la Alianza con que algunas fuentes designan la advocación.

La multiforme gracia de Dios

San Pedro exhorta a los fieles a ser buenos administradores de «la multiforme gracia de Dios» (1 P 4, 10). El adjetivo griego que traduce «multiforme» significa también «variado» o «de muchos colores». Esta observación lingüística no es la fuente de la advocación, pero muestra que su imagen central está en armonía con el lenguaje del Nuevo Testamento.

Diversidad de dones y unidad

El Catecismo enseña que los carismas son gracias del Espíritu Santo que tienen directa o indirectamente una utilidad eclesial, y que la Iglesia presenta una gran diversidad que procede de la variedad de los dones de Dios y de la multiplicidad de las personas que los reciben.15

Esa diversidad no rompe la unidad. La advocación recuerda que cada cristiano es llamado a poner su color, es decir, sus talentos y su historia, al servicio de la comunión eclesial.

Doctrina mariana

María, llena de gracia

El ángel Gabriel saluda a María como «llena de gracia» (Lc 1, 28). La Iglesia reconoce en estas palabras la plenitud de gracia con que Dios dotó a la Madre de su Hijo, y enseña que fue preservada de toda mancha de pecado original desde el primer instante de su concepción.16

El Concilio Vaticano II la presenta como hija predilecta del Padre y sagrario del Espíritu Santo.17 La Iglesia no atribuye a María una relación con el Padre distinta de la que corresponde a una criatura. El Hijo eterno del Padre se hizo hijo de María por obra del Espíritu Santo.18

María, Medianera de todas las gracias

El Concilio Vaticano II enseña que la Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro y Mediadora, y precisa que esto debe entenderse de tal manera que nada reste ni añada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador.19

El Catecismo recoge esta enseñanza y subraya que la misión maternal de María hacia los hombres no oscurece ni disminuye la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia.20

La devoción a María como Mediadora de todas las gracias se difundió desde Bélgica en la década de 1920 por el impulso del cardenal Mercier.21 La fiesta litúrgica fue aprobada por Benedicto XV en 1921, y algunos santorales la sitúan el 7 de noviembre.22

María, modelo del discípulo y de la evangelización

El Catecismo presenta a María como figura de la Iglesia en el orden de la fe, la caridad y la perfecta unión con Cristo.20 El Concilio la propone como modelo de las virtudes para toda la comunidad de los creyentes.23

La oración de consagración que el Movimiento de Jornadas de Vida Cristiana pidió al presentar la advocación se orienta a anunciar el Evangelio a imitación de la Virgen María.1 Esta orientación está en sintonía con las palabras de María en Caná: «Haced lo que él os diga» (Jn 2, 5). María conduce siempre a su Hijo.

La entrega a María

El Evangelio de san Juan narra que, desde la cruz, Jesús entregó su Madre al discípulo amado, y que el discípulo la recibió en su casa (Jn 19, 26-27). Juan Pablo II vio en este gesto la raíz de la relación personal de los creyentes con María.24

El Catecismo enseña que la oración a María y la devoción hacia ella forman parte de la vida cristiana, y que la Iglesia ha enriquecido esa oración con innumerables títulos e invocaciones.25 La consagración a María no sustituye la consagración bautismal, sino que la vive con mayor plenitud.

Cautelas doctrinales

Textos de circulación privada

Junto a los materiales del Movimiento circulan por internet textos de comunidades privadas que desarrollan la advocación con un lenguaje propio. Algunos afirman que la advocación «existió desde el primer momento» en que María albergó a su Hijo, o atribuyen a la Virgen la condición de «única esposa del Padre».

Estas formulaciones no pertenecen a la doctrina católica. La Iglesia confiesa que María es Madre de Dios porque el Hijo eterno del Padre se encarnó en su seno por obra del Espíritu Santo.18 El Concilio la presenta como hija predilecta del Padre y sagrario del Espíritu Santo, nunca como esposa del Padre.17

Los fieles deben distinguir entre el lenguaje afectuoso de la piedad popular, que la Iglesia aprecia, y las afirmaciones doctrinales que requieren fundamento en la Escritura, la Tradición y el Magisterio.3

Revelaciones privadas

Algunos textos presentan mensajes atribuidos a la Virgen en relación con esta advocación. La Iglesia enseña que las llamadas revelaciones privadas, aunque algunas hayan sido reconocidas por la autoridad eclesiástica, no pertenecen al depósito de la fe, y que su función consiste en ayudar a vivir la Revelación definitiva de Cristo con mayor plenitud en una época concreta.29

Los mensajes de esta naturaleza que no cuentan con reconocimiento de la autoridad eclesiástica no pueden presentarse como doctrina ni como obligación para los fieles.3

Valor espiritual de Nuestra Señora de los Colores

Nuestra Señora de los Colores es una advocación sencilla, nacida de la piedad de los laicos, que invoca a María como Madre de quienes caminan en gracia y anuncian el Evangelio. Su valor no reside en el origen antiguo de una imagen ni en un acontecimiento extraordinario, sino en el mensaje que transmite: la vida cristiana es una vida «de colores», es decir, una vida de gracia, alegría y comunión.

La advocación une tres realidades de la fe católica: la primacía de la gracia, la diversidad de los dones en la unidad de la Iglesia y la maternidad espiritual de María, que conduce siempre a Cristo. Su lugar en la Iglesia es el de una devoción de piedad popular promovida por un movimiento eclesial, que se vive en armonía con la liturgia y la doctrina.

En la Iglesia, la advocación no es simplemente un saludo festivo ni un título piadoso. Es una invitación a vivir en la gracia, a reflejar cada uno su color de la luz de Cristo y a confiar en la intercesión de María, para que, de la mano de la Madre, los fieles lleguen a Aquel que es la fuente de toda gracia.

Citas y referencias

  1. Nuestra Señora de los Colores. Wikipedia en español, Origen de la advocación (s. f.). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13
  2. Centro Nacional de Cursillos de Estados Unidos. El Siervo de Dios Eduardo Bonnín Aguiló: 100 años, Biografía y mentalidad, Parte 5, La canción «De colores». Boletín Nacional de Cursillos de Cristiandad (2021). 2 3 4 5 6 7
  3. Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 61-66 y 90 (2001). 2 3 4
  4. Nuestra Señora de Chiquinquirá. Catholic.net, La imagen y su historia (s. f.). 2
  5. Fundación Eduardo Bonnín Aguiló. Breve biografía de Eduardo Bonnín Aguiló, El primer Cursillo de Cristiandad (s. f.).
  6. Movimiento de Jornadas de Vida Cristiana de la Arquidiócesis de San José (Costa Rica). Sitio oficial, Presentación (2018).
  7. Organismo Mundial de Cursillos de Cristiandad. Estatutos, Preámbulo (2022).
  8. Juan Pablo II. Discurso a un grupo de responsables italianos del Movimiento Cursillos de Cristiandad, 4 de mayo de 2002, 1-4 (2002). 2 3 4 5
  9. Pontificio Consejo para los Laicos. Decreto de reconocimiento del Organismo Mundial de Cursillos de Cristiandad, 30 de mayo de 2004 (2004).
  10. Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. Repertorio de asociaciones y movimientos: Organismo Mundial de Cursillos de Cristiandad, Historia (s. f.).
  11. Can. 215, cann. 298-299 y can. 305. Código de Derecho Canónico, 215, 298-299 y 305 (1983). 2
  12. Juan Pablo II. Exhortación apostólica Christifideles laici, 29-31 (1988).
  13. Catecismo de la Iglesia Católica, 1996-2005 y 1861 (1992). 2
  14. Catecismo de la Iglesia Católica, 56-58 y 71 (1992).
  15. Catecismo de la Iglesia Católica, 799-801 y 814 (1992).
  16. Catecismo de la Iglesia Católica, 490-493 (1992).
  17. Concilio Vaticano II. Constitución Lumen gentium, 53 (1964). 2
  18. Catecismo de la Iglesia Católica, 485-486 (1992). 2
  19. Concilio Vaticano II. Constitución Lumen gentium, 60-62 (1964).
  20. Catecismo de la Iglesia Católica, 967-970 (1992). 2
  21. Espacialidades. «Como essa nunca tinha visto!»: devoção a Nossa Senhora Medianeira, Universidade Federal do Rio Grande do Norte, Resumen (2016).
  22. Santoral 7 de noviembre: María, Mediadora de todas las gracias. La Verdad Católica, Santoral (s. f.).
  23. Concilio Vaticano II. Constitución Lumen gentium, 63-67 (1964). 2
  24. Juan Pablo II. Carta encíclica Redemptoris Mater, 45-46 (1987).
  25. Catecismo de la Iglesia Católica, 971 y 2673-2679 (1992).
  26. Concilio Vaticano II. Constitución Sacrosanctum Concilium, 13 (1963).
  27. Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 183-186 (2001).
  28. Pablo VI. Exhortación apostólica Marialis cultus, Introducción y 24-39 (1974).
  29. Catecismo de la Iglesia Católica, 67 y 156 (1992).
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