El título «Desamparados» expresa la condición humana de quienes carecen de apoyo: falta de recursos, soledad, fragilidad y abandono. La tradición devocional relaciona esta advocación con la acción materna de María como protección amorosa, de modo que la devoción no se reduce a un sentimiento, sino que orienta la vida cristiana hacia el servicio. Un documento de la Santa Sede vincula explícitamente la espiritualidad de la caridad con la «protección amorosa de Nuestra Señora de los Desamparados», presentada como un referente principal en las capillas donde el pueblo peregrina y aprende a servir.2
La misma línea espiritual conecta la advocación con el dinamismo de la caridad: el cuidado de los desvalidos, en especial de los pobres ancianos que las tragedias de los años empujaban al abandono. El texto subraya la «irresistible inclinación» a procurar asistencia a quienes carecían de sostén y protección.2
En esa perspectiva, la devoción a Nuestra Señora de los Desamparados actúa como escuela de obras: forma la sensibilidad para descubrir la necesidad real y sostiene el compromiso para responder con eficacia y ternura.



