La devoción a la Virgen de los Dolores tiene sus raíces en la profunda reflexión sobre el papel de María en la Pasión de Cristo, tal como lo narran los Evangelios, especialmente en el pasaje donde María está al pie de la cruz (Juan 19, 25-27) y en la profecía de Simeón (Lucas 2, 34-35)1,2. Desde el siglo XVI, esta devoción comenzó a tomar forma, aunque sus expresiones más reconocibles se consolidaron en los siglos posteriores2.
Un hito importante fue el establecimiento de la Orden de los Servitas (Siervos de María) en 1239. Los siete fundadores de esta orden adoptaron los dolores de María al pie de la cruz como la principal devoción de su comunidad, aunque la fiesta correspondiente no se originó directamente con ellos3. La celebración de los dolores de María fue promulgada por un sínodo provincial en Colonia en 1413, con el título de «Commemoratio angustiae et doloris B. Mariae V.», inicialmente para expiar los crímenes de los husitas iconoclastas. Esta fiesta se celebraba el viernes después del tercer domingo de Pascua y se centraba exclusivamente en el dolor de María durante la Crucifixión y Muerte de Cristo3.
A lo largo del tiempo, la devoción se extendió, y el Papa Pío VII la extendió a toda la Iglesia Latina el 18 de septiembre de 1814, después de su regreso del exilio en Francia3. Posteriormente, la fiesta fue elevada de rango en 1908. En la actualidad, la Iglesia celebra dos días festivos principales dedicados a los Dolores de la Santísima Virgen María: el viernes anterior al Domingo de Ramos y el 15 de septiembre3.

