Narek fue un importante centro monástico armenio situado al sur del lago Van. Allí ingresó san Gregorio de Narek, que desarrolló en el monasterio toda su vida religiosa e intelectual y alcanzó allí la cumbre de su experiencia mística. El monasterio contaba con una escuela dedicada al estudio de la Sagrada Escritura y de la tradición patrística.1
La expresión Nuestra Señora de Narek no designa solo una imagen concreta, una aparición mariana o un santuario universalmente reconocido con ese nombre. La advocación nace, sobre todo, de la estrecha relación entre María, el monasterio de Narek, la poesía teológica de san Gregorio y la identidad espiritual del pueblo armenio. En un discurso dirigido al pueblo armenio, san Juan Pablo II llamó a la Virgen «la Santa Virgen de Narek» y la presentó como patrona de los armenios.2
La tradición devocional reconoce en esta advocación a María como Madre de Cristo, Madre de la Iglesia y Madre protectora del pueblo armenio. La piedad armenia la invoca también como Reina de Armenia y Madre de la Luz, títulos que expresan su relación con Jesucristo, Luz eterna nacida del Padre.3

