Orígenes medievales
Durante la Edad Media, la construcción de catedrales dedicadas a la Madre de Dios se multiplicó en Francia. Según el Papa Pío XII, «el florecimiento de los siglos medievales vio surgir en Francia una gran cantidad de catedrales góticas consagradas a Nuestra Señora, entre ellas París»1. La catedral de Notre‑Dame, cuya primera piedra fue colocada bajo el pontificado del Papa Alejandro III, se convirtió en el centro espiritual de esta devoción mariana3.
Consolidación en la época moderna
En el siglo XX, los pontífices reforzaron la relación entre Notre‑Dame y la Virgen. El Papa Juan Pablo II, durante su visita pastoral a París en 1980, recordó que «nuestros antepasados consagraron este magnífico edificio a la Madre de Dios» y destacó la importancia de la Virgen como «la esperanza de nuestra Iglesia»4. Posteriormente, en 1981, subrayó que los santuarios dedicados a María continúan presentando «al Cristo rico en misericordia» a las generaciones actuales5.
