Francia ha sido históricamente una tierra profundamente mariana, con una devoción a la Madre de Dios que se remonta a los primeros días de su evangelización2. Santuarios antiguos como Chartres continúan atrayendo a numerosos peregrinos2. A lo largo de los siglos, la Virgen María ha sido invocada bajo diversos títulos en Francia, como Nuestra Señora de la Misericordia, de Toda Ayuda, del Buen Socorro, de la Guarda, de la Piedad, de la Consolación, de la Luz, de la Paz, de la Alegría, de la Esperanza, de las Virtudes, de los Milagros o de las Victorias3.
Entre las apariciones marianas más conocidas en Francia se encuentran las de la Medalla Milagrosa en París en 1830 a Santa Catalina Labouré4, y las de Nuestra Señora de Lourdes en 1858 a Bernadette Soubirous5. En Lourdes, la Virgen María se manifestó a una niña inocente, haciendo un llamado urgente a la «Penitencia, penitencia, penitencia» y pidiendo oraciones por los pecadores6. El Papa Pío XII, en su encíclica Le Pèlerinage de Lourdes, destacó la invitación de la Virgen a Bernadette, extendiéndola a todos los cristianos del mundo para que acudan a María7. También se menciona Paray-le-Monial, un importante centro de peregrinación desde 1873, donde tuvieron lugar la mayoría de las apariciones del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María Alacoque8.

