La Iglesia distingue cuidadosamente entre la aprobación de una devoción y la declaración de sobrenaturalidad de una aparición.
La aprobación de una devoción significa que la autoridad eclesiástica permite o tolera determinadas expresiones públicas de culto, siempre que resulten compatibles con la doctrina católica y produzcan frutos espirituales. Esta autorización no equivale necesariamente a declarar que cada visión, mensaje o detalle narrado por el vidente procede de una intervención sobrenatural.
La declaración de sobrenaturalidad exige un juicio más específico sobre los hechos. Las normas clásicas para el discernimiento de apariciones consideran, entre otros aspectos, la existencia probable del fenómeno, la honestidad y el equilibrio psicológico de la persona vidente, la rectitud de su vida, la conformidad doctrinal del mensaje y los frutos espirituales producidos. También valoran posibles errores doctrinales, intereses económicos, conductas inmorales, trastornos psicológicos o fenómenos colectivos que puedan influir en la experiencia.
El discernimiento puede desarrollarse por etapas. La autoridad puede permitir una manifestación prudente de culto mientras continúa la investigación y reserva un juicio definitivo para un momento posterior, cuando la experiencia histórica y los frutos espirituales permitan una valoración más completa.
Este principio resulta especialmente necesario en Pellevoisin. Una referencia histórica de la archidiócesis de Bourges publicada en 1913 describía el lugar como famoso por las visiones iniciadas en 1876 y afirmaba que la autoridad eclesiástica todavía no había emitido un juicio definitivo sobre ellas. Esa constatación histórica no debe confundirse con una prohibición de la devoción ni con una declaración de autenticidad sobrenatural.
La disciplina actual confirma el carácter dinámico del discernimiento. El Dicasterio para la Doctrina de la Fe explicó en 2024 que el discernimiento contemporáneo concede prioridad a la evaluación doctrinal y pastoral de los frutos vinculados a los fenómenos presuntamente sobrenaturales, sin reducir automáticamente el proceso a una declaración sobre el origen sobrenatural de cada experiencia.