Orígenes legendarios
Según la tradición medieval, el origen del santuario se remonta al siglo I, cuando el evangelista Zaqueo, esposo de Santa Verónica, habría adoptado el nombre de San Amadour y, guiado por un ángel, habría llegado a la costa de Aquitania y posteriormente a la zona de Quercia, donde fundó una capilla en honor a la Virgen María1. Esta narración, aunque carece de evidencia documental anterior al siglo XII, fue la base del culto popular durante siglos, y su valor simbólico ha perdurado en la piedad de los fieles1.
Desarrollo medieval
El sitio ganó prominencia durante la Edad Media, cuando peregrinos como San Domingo de Guzmán y numerosos monjes cistercienses visitaron la capilla, contribuyendo a la expansión del culto mariano en la región3. La fama del santuario se consolidó con la visita de monarcas como San Luis IX (1245), Carlos el Bueno (1324) y Luis XI (1463), cuyas peregrinaciones reforzaron la reputación de Rocamadour como centro de gracia y milagros2.
Renovación post‑revolucionaria
Tras la Revolución Francesa, el santuario sufrió abandono y deterioro. A finales del siglo XIX y principios del XX, los obispos de Cahors impulsaron una revitalización que incluyó la restauración de la basílica y la reanudación de las coronaciones de la imagen, devolviendo a Rocamadour su condición de importante destino de peregrinación1.
