El título mariano
La expresión Nuestra Señora de todas las Naciones presenta a la Virgen María en relación con la universalidad de su maternidad espiritual y con la unidad de los pueblos en Cristo. En este sentido general, el título puede entenderse dentro de la legítima tradición católica que contempla a María como madre de los creyentes y figura de la Iglesia.
La Iglesia reconoce que la veneración mariana hunde sus raíces en el Nuevo Testamento. El Evangelio de san Lucas recoge la alabanza de Isabel a María como «bendita entre las mujeres» y presenta el Magníficat como anuncio de que todas las generaciones la llamarán bienaventurada. Esta veneración permanece subordinada al misterio de Cristo y nace de la acción salvadora de Dios.2
La maternidad universal de María también pertenece al marco teológico de la doctrina católica. La tradición cristiana interpreta las palabras de Jesús en la cruz -«Ahí tienes a tu hijo» y «Ahí tienes a tu madre»- como expresión de la entrega de María a los discípulos representados por san Juan. Esta maternidad no convierte a María en una divinidad ni la sitúa al mismo nivel que Cristo, único Redentor y Mediador fundamental.3
Distinción entre título teológico y advocación privada
Conviene distinguir tres realidades diferentes:
- El título mariano, que puede expresar una verdad legítima sobre la maternidad espiritual de María.
- La advocación concreta, vinculada a una imagen, una oración, una fiesta o una práctica devocional.
- Las presuntas apariciones y revelaciones de Ámsterdam, que constituyen un fenómeno privado sometido al discernimiento eclesial.
La legitimidad teológica de una expresión referida a la Virgen no demuestra por sí misma el carácter sobrenatural de una aparición. Un título puede emplearse en un sentido compatible con la fe católica y, al mismo tiempo, la Iglesia puede declarar que los fenómenos concretos asociados a él no proceden de una intervención sobrenatural.
La Santa Sede ha insistido en que la devoción mariana debe conservar su relación esencial con Jesucristo. La maternidad de María, su intercesión y su cooperación en la obra de la salvación poseen un carácter subordinado y dependiente de la gracia de Cristo.4

