Primeras manifestaciones
La devoción a la Virgen bajo el título de Buen Socorro tiene sus raíces en la tradición cristiana medieval, cuando los peregrinos buscaban refugio en santuarios dedicados a María bajo el nombre de Bon Secours (francés) o Buen Socorro (español). En el santuario de Barmasc, en la región de Aosta, la Virgen es venerada bajo este título desde antes del siglo XVII, y los fieles acudían a implorar la lluvia y la protección de sus cosechas1.
Desarrollo en la Edad Moderna
Durante los siglos XVIII y XIX, la advocación se expandió a través de la liturgia popular y la difusión de liturgias marianas, como la Liturgia de Bon Secours que incluía invocaciones a la Virgen como protectora de los viajeros y de los agricultores. La Iglesia, reconociendo la necesidad de la Madre de Dios en tiempos de peligro, alentó la práctica de acudir a María bajo este título, como se señala en la enseñanza papal que destaca la costumbre de los católicos de buscar refugio en María en momentos de tribulación2.
