La advocación de Nuestra Señora del Buenviaje surge en el contexto de la evangelización de Filipinas durante el período colonial español, cuando los viajes transoceánicos representaban riesgos extremos para misioneros, marineros y colonos. Esta imagen de la Virgen se asocia con la protección durante las travesías marítimas, evocando el nombre de la nao capitana Santa María en el viaje de Cristóbal Colón, un eco que resuena en las tradiciones hispanoamericanas y asiáticas.1,2 En Filipinas, el catolicismo llegó con las expediciones de Miguel López de Legazpi en 1565, y las devociones marianas se adaptaron rápidamente a la cultura local, incorporando elementos de la fe indígena con la piedad cristiana.
No se documenta un origen preciso en apariciones milagrosas, sino en la costumbre de bendecir embarcaciones y peregrinos bajo esta invocación. En el siglo XVI, los frailes agustinos y jesuitas promovieron el rezo del Ave María antes de zarpar, atribuyendo a María el título de «Buenviaje» para implorar un trayecto seguro. Esta práctica se popularizó en puertos como Cebú y Manila, donde los fieles ofrecían rosarios y medallas con la imagen de la Virgen para alejar tormentas y naufragios.
