Primeros testimonios
Los primeros cristianos ya invocaban a la Virgen Madre de Dios en momentos de peligro en el mar. En la Enciclopedia Católica se relata cómo los marineros clamaban «O Señora María, Madre de Dios, ten piedad de nosotros» y recibían la protección divina, aunque dichos relatos provienen de tradiciones apócrifas, reflejan la profunda confianza popular en la intercesión mariana2.
Desarrollo medieval
Durante la Edad Media, la veneración de la Virgen bajo el título de Stella Maris se consolidó en los puertos mediterráneos, especialmente en Italia y España. La figura de la «estrella del mar» se vinculó a la imagen de la Virgen como guía luminosa que orienta a los navegantes, una metáfora que los teólogos medievales adoptaron para describir la relación entre la Iglesia y los fieles1.
Renovación en la época contemporánea
En el siglo XX, el Papa Juan Pablo II reforzó la devoción en varios discursos dirigidos a pescadores y marineros, resaltando a María como «Stella Maris, nuestra brújula y faro» y animando a los fieles a confiar en ella como protector en sus travesías3. Posteriormente, el Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral recordó a la Virgen en el Mensaje del Día del Mar 2024, pidiendo que sea la «estrella guía» de todos los que viven del mar4.
