El icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro es una pintura bizantina sobre madera, que se cree que data del siglo XIII1. Su estilo es característico de la iconografía oriental, con un fondo dorado que simboliza la gloria divina1. La imagen central muestra a la Madre de Dios (Theotokos), con el Niño Jesús en sus brazos1. A cada lado de la Virgen María, los Arcángeles Miguel y Gabriel se presentan ante el Niño Jesús, llevando los instrumentos de su futura Pasión1. Las inscripciones griegas abreviadas sobre las figuras identifican a la Madre de Dios, Jesucristo, el Arcángel Miguel y el Arcángel Gabriel1.
Este venerado icono llegó a Roma a finales del siglo XV, traído por un piadoso mercader. Antes de su muerte, el mercader dispuso en su testamento que la imagen fuera expuesta para la veneración pública en una iglesia1. Así, el icono fue colocado en la iglesia de San Mateo, en Via Merulana, situada entre las basílicas de Santa María la Mayor y San Juan de Letrán1. Durante casi trescientos años, la iglesia de San Mateo fue un centro de peregrinación, y muchos fieles recibieron gracias a través de la intercesión de la Santísima Virgen, lo que llevó a que el icono fuera popularmente conocido como la Madonna di San Matteo1.
La iglesia de San Mateo estuvo a cargo de los Ermitaños de San Agustín hasta que fue destruida durante la invasión francesa de Roma en 18121. Tras este evento, el icono desapareció y permaneció oculto y olvidado durante más de cuarenta años1.

