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Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas

Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas es una advocación mariana venerada en el santuario de Las Lajas, junto al cañón del río Guáitara, en el departamento colombiano de Nariño. Su culto gira en torno a una imagen de la Virgen del Rosario pintada directamente sobre la pared rocosa de una cueva. El santuario, elevado a basílica menor por Pío XII en 1954, constituye uno de los principales centros de peregrinación católica de Colombia. En 1965, Pablo VI proclamó a la Virgen del Rosario de Las Lajas patrona principal de la diócesis de Ipiales.1,2

Santuario de Las Lajas, Ipiales, Colombia, 2015-07-21, DD 21-23 HDR
Ver información de la imagenSantuario de Las Lajas, Ipiales, Colombia, 2015-07-21, DD 21-23 HDR., c. 2015. Original, Diego Delso, CC BY-SA 4.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreNuestra Señora del Rosario de Las Lajas
CategoríaTérmino
Nombre Completo
  • Virgen de la Roca
  • Virgen del Rosario
DescripciónAdvocación mariana venerada en el santuario de Las Lajas, con una imagen de la Virgen del Rosario pintada sobre la roca del cañón, centro importante de peregrinación en Colombia. Dirige la devoción a María hacia la contemplación de los misterios de Cristo a través del rosario
Fecha de Fundación1754
Autoridad EclesiásticaPío XII (elevó a basílica menor), Pablo VI (declaró patrona)
DiócesisIpiales
Fecha de Coronación1952
Fecha de Elevación30 de agosto de 1954
Fecha de Patronazgo1966
Festividad7 de octubre
LugarSantuario de Las Lajas, cañón del río Guáitara, Nariño
PaísColombia
PatronazgoPatrona principal de la Diócesis de Ipiales
TipoAdvocación mariana
Uso LitúrgicoRezo del rosario, celebración de la Eucaristía, confesión

Tabla de contenido

Nombre y localización

La advocación recibe diversos nombres: Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas, Nuestra Señora de Las Lajas y Virgen de la Roca. El apelativo «de Las Lajas» alude a la naturaleza geológica del lugar: una laja es una piedra plana o una formación rocosa de superficie relativamente lisa. La imagen mariana aparece integrada en una pared de roca del cañón del Guáitara, circunstancia que dio origen al nombre popular de la advocación.

El santuario pertenece actualmente a la diócesis de Ipiales, en el extremo meridional de Colombia, cerca de la frontera con Ecuador. La situación geográfica explica la dimensión internacional de su culto: tradicionalmente llegan peregrinos no sólo de distintas regiones colombianas, sino también del Ecuador y de otros países hispanoamericanos.

La Santa Sede describió el lugar como un templo construido en un entorno natural notable y relacionó expresamente el nombre de la advocación con la imagen mariana pintada sobre la roca.2

Historia

El relato fundacional

La tradición local sitúa el origen de la devoción a mediados del siglo XVIII, habitualmente en el año 1754. El relato conserva como protagonistas a María Mueses de Quiñones y a su hija Rosa, que pertenecían a una familia indígena de la región.

Según la tradición oral, María Mueses viajaba con su hija por el antiguo camino entre Ipiales y Potosí. La niña, que padecía dificultades para hablar y oír, se apartó de su madre y entró en una cavidad situada junto al cañón. Allí habría contemplado a la Virgen María con el Niño Jesús, acompañada por santo Domingo de Guzmán. La niña regresó después junto a su madre y relató lo ocurrido.

La madre no dio inicialmente crédito a las palabras de su hija. Sin embargo, en una visita posterior al mismo lugar, ambas habrían visto la imagen mariana en la pared de la cueva. La tradición cuenta que la niña recuperó entonces la capacidad de hablar y que el acontecimiento atrajo la atención de los habitantes de la zona.

El núcleo del relato fundacional comprende, por tanto, varios elementos:

  • La presencia de María Mueses, primera testigo adulta vinculada al acontecimiento.
  • El testimonio de su hija Rosa, presentada por la tradición como primera persona que contempló la imagen.
  • La localización de la imagen en una pared rocosa, rasgo singular que distingue a Las Lajas de otros santuarios marianos.
  • La curación o recuperación de la capacidad de hablar de la niña, considerada por la piedad popular como uno de los primeros favores asociados a la advocación.
  • La posterior difusión del culto entre los habitantes de Ipiales, Potosí y las comarcas próximas.

La tradición identifica también a otras personas que habrían conocido el relato en sus primeras fases, entre ellas habitantes de la zona y autoridades eclesiásticas que examinaron el lugar. No obstante, los detalles concretos de la narración presentan variantes en la transmisión oral y en las versiones devocionales posteriores.

Tradición oral e historia documentada

La historia de Las Lajas exige distinguir tres niveles.

El primer nivel corresponde a la tradición oral, transmitida por generaciones de peregrinos y habitantes de la comarca. Este nivel conserva los nombres de María Mueses y Rosa, el recorrido por el cañón, el descubrimiento de la pintura y la curación atribuida a la intercesión de la Virgen.

El segundo nivel corresponde a la historia documentada del santuario y de su culto. La documentación pontificia del siglo XX confirma la existencia de una veneración extendida, de un templo levantado en el lugar y de una imagen mariana pintada sobre la roca. Pío XII recordó y aprobó solemnemente la importancia religiosa del santuario mediante la elevación del templo a basílica menor.2,1

El tercer nivel corresponde al reconocimiento oficial de la Iglesia. La Santa Sede ha reconocido la importancia litúrgica y pastoral del templo, ha confirmado la advocación como patrona diocesana y ha concedido al santuario los honores propios de una basílica menor. Estos actos no equivalen necesariamente a una declaración dogmática sobre la historicidad sobrenatural de cada detalle del relato fundacional. La Iglesia distingue entre la aprobación del culto, la concesión de honores litúrgicos y el juicio definitivo sobre una aparición o revelación privada.

Por ello, la devoción católica a Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas puede exponerse con fidelidad afirmando que la tradición conserva un relato de aparición o descubrimiento milagroso de la imagen, mientras que los documentos pontificios acreditan de modo directo el culto, el santuario, la coronación de la imagen, la elevación de la iglesia a basílica menor y el patronazgo diocesano.

Desarrollo del santuario

La afluencia de peregrinos impulsó la construcción de sucesivas capillas y templos. El santuario actual, integrado en el cañón, presenta una arquitectura monumental adaptada a la verticalidad de la roca y al puente natural que atraviesa el desfiladero.

La ubicación responde a una característica esencial de la devoción: los fieles no veneran una imagen trasladada a un edificio independiente, sino una pintura vinculada físicamente a la pared rocosa del lugar tradicional del acontecimiento. La arquitectura protege la imagen y, al mismo tiempo, conserva su relación visual con el paisaje.

En 1927, los obispos colombianos reunidos en congreso declararon el templo santuario nacional de Colombia, según la documentación pontificia posterior. La decisión reflejó la difusión nacional del culto y la relevancia del lugar dentro de la identidad mariana del país.1

La Santa Sede también resaltó los frutos pastorales asociados al santuario, especialmente la participación de los peregrinos en los sacramentos. La vida del lugar no queda reducida a la contemplación artística o al interés paisajístico: la peregrinación incluye la celebración de la Eucaristía, la confesión, la oración del rosario y la acción de gracias.1

La imagen de Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas

Características generales

La imagen aparece pintada directamente sobre la roca. Su composición representa a la Virgen María de pie, con el Niño Jesús en brazos, en actitud de presentación y acogida. La escena incorpora también a santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores y tradicional propagador de la devoción del rosario.

La pintura posee una singularidad teológica y artística: la imagen no se contempla como una escultura aislada ni como un lienzo separado del entorno, sino como una representación mariana inseparable de la piedra. La roca funciona como soporte material y como signo devocional. Para los peregrinos, la permanencia de la imagen en el cañón evoca la estabilidad de la protección maternal de María.

La Virgen del Rosario

El título «del Rosario» identifica a María como aquella que conduce a los fieles a la contemplación de los misterios de Cristo. El rosario combina oración vocal y meditación: el padrenuestro, el avemaría y el gloria acompañan la consideración de los momentos principales de la vida, pasión, muerte y glorificación de Jesucristo.

La tradición eclesial vinculó de manera especial la predicación del rosario con santo Domingo y con la Orden de Predicadores. Benedicto XV presentó a santo Domingo como un gran defensor de la fe y describió el rosario como una oración vocal y mental, especialmente adaptada a la contemplación de los misterios cristianos y al crecimiento de las virtudes.3

La presencia del rosario en el título de Las Lajas expresa, por tanto, una orientación esencialmente cristocéntrica: María no sustituye a Cristo, sino que lleva a los fieles hacia Él. Juan Pablo II explicó que el rosario anuncia a Cristo, permite meditar los misterios de su humanidad, recuerda la redención, la resurrección, el nacimiento de la Iglesia y la esperanza de la vida eterna.4,5

El Niño Jesús

El Niño ocupa un lugar central en la composición. María lo sostiene y lo muestra como el Salvador. La iconografía subraya así la maternidad divina de la Virgen y la unión inseparable entre la devoción mariana y la fe en Jesucristo.

La imagen del Niño recuerda que toda auténtica devoción a María conduce al misterio de la Encarnación. El rosario, al repetir el avemaría, proclama precisamente que el Hijo de Dios asumió la naturaleza humana en el seno de la Virgen. Por esta razón, la contemplación de la imagen invita a contemplar simultáneamente a la Madre y al Hijo, sin separar la veneración mariana del centro de la fe cristiana.

Santo Domingo de Guzmán

Santo Domingo aparece asociado a la Virgen y al Niño como signo de la predicación del rosario y de la defensa de la fe católica. Su presencia explica la relación de la advocación con la espiritualidad dominicana.

La tradición dominicana considera a santo Domingo uno de los principales propagadores del rosario. La Iglesia ha reconocido durante siglos la importancia de su predicación mariana y ha presentado esta oración como un medio para meditar los misterios de la salvación.6,3

En la iconografía de Las Lajas, santo Domingo dirige la atención hacia María y hacia Cristo. No constituye el objeto principal del culto, sino un acompañante de la escena sagrada y un testimonio visual de la misión evangelizadora de la Orden de Predicadores.

Colores y atributos

La tradición iconográfica interpreta habitualmente los colores y atributos de la imagen de manera simbólica:

  • El manto azul evoca la pureza y la dignidad celestial de María.
  • La túnica rosada o roja puede relacionarse con la caridad y el amor maternal.
  • El cetro expresa la realeza espiritual de la Virgen.
  • La corona manifiesta su dignidad de Reina y Madre.
  • El Niño Jesús concentra la atención en el misterio de la Encarnación y de la redención.

Pío XII utilizó una lectura simbólica de los colores y atributos de una célebre imagen mariana colombiana: interpretó el vestido rosado como signo de la caridad, el manto azul como expresión de la pureza, el cetro como símbolo de la realeza maternal y el Niño como representación de Jesús. Esa interpretación ayuda a comprender el lenguaje visual de la piedad mariana colombiana, aunque no constituye por sí misma una explicación técnica completa de cada elemento de la pintura de Las Lajas.7

Coronación de la imagen

La devoción a Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas recibió un reconocimiento solemne con la coronación canónica de la imagen en 1952. La coronación tuvo lugar con la presencia de varios obispos y de una gran multitud de fieles, y contó con la autoridad del Cabildo de San Pedro.2,1

La coronación canónica no convierte a María en una divinidad ni añade una verdad nueva a la fe. Constituye un acto litúrgico y eclesial mediante el cual la Iglesia honra una imagen mariana vinculada a una devoción arraigada y reconoce la importancia pastoral de su culto. La corona representa la realeza de Cristo compartida de modo subordinado por su Madre y recuerda la esperanza cristiana en la victoria definitiva de Dios.

Elevación a basílica menor

Pío XII elevó el templo de Las Lajas a la dignidad de basílica menor mediante cartas apostólicas fechadas el 30 de agosto de 1954. El documento pontificio presentó la iglesia como un templo dedicado a la Santísima Virgen María de la Roca o de Las Lajas y le concedió los derechos y privilegios litúrgicos propios de las basílicas menores.1

La dignidad de basílica menor expresa una relación especial con la Santa Sede y reconoce la importancia histórica, litúrgica y pastoral de un templo. No significa que el edificio sea una catedral: la catedral es la iglesia principal de una diócesis y alberga la cátedra del obispo, mientras que una basílica menor puede encontrarse en cualquier lugar y recibe ese título por concesión pontificia.

En el caso de Las Lajas, la elevación a basílica confirmó la importancia nacional del santuario y consolidó su función como centro de peregrinación, oración y administración de los sacramentos.

Patrona principal de la diócesis de Ipiales

Pablo VI declaró a la Virgen del Rosario de Las Lajas patrona principal de la diócesis de Ipiales. El acto pontificio aparece fechado en enero de 1966 y fue publicado en las Acta Apostolicae Sedis.2

La proclamación respondió a una petición del obispo de Ipiales, respaldada por las autoridades civiles, el clero y los fieles. Pablo VI reconoció que los habitantes de la región veneraban desde hacía largo tiempo a la Virgen de Las Lajas como Madre y protectora, y confirmó para ella los honores y privilegios litúrgicos correspondientes a los patronos principales de los lugares.2

El patronazgo diocesano posee un significado espiritual concreto:

  • Presenta a María como intercesora celestial de la diócesis.
  • Vincula la vida diocesana con la celebración litúrgica y la peregrinación.
  • Refuerza la unidad de las parroquias en torno al santuario.
  • Orienta la piedad mariana hacia Jesucristo, centro de la vida de la Iglesia.

Significado teológico de la advocación

María como Madre e intercesora

La advocación presenta a María como Madre de Dios y Madre espiritual de los creyentes. El título no atribuye a la Virgen un poder independiente de Dios. La intercesión mariana participa de la única mediación salvadora de Jesucristo y conduce siempre hacia Él.

La tradición mariana colombiana ha entendido los santuarios como lugares donde los fieles encuentran una presencia maternal que acompaña sus sufrimientos y esperanzas. Juan Pablo II describió la devoción a María como una parte característica de la historia y de la cultura católica de Colombia, y afirmó que la Virgen lleva a los creyentes a Jesús, mostrándolo como Maestro y Salvador.4,5

María y el rosario

El rosario constituye una síntesis de la fe cristiana. La repetición de las oraciones no pretende producir un efecto mágico, sino favorecer la atención, la perseverancia y la meditación de los misterios de Cristo.

La tradición litúrgica lo presenta como una forma de oración en la que el fiel recuerda sucesivamente los principales misterios de la redención mientras recita el padrenuestro y el avemaría.6,10

Desde esta perspectiva, Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas invita a:

  • Contemplar la Encarnación.
  • Acompañar a Cristo en su pasión.
  • Celebrar su resurrección.
  • Meditar el nacimiento y la misión de la Iglesia.
  • Esperar la vida eterna.
  • Imitar las virtudes de María.

María y la unidad de la Iglesia

La veneración de la Virgen puede unir a comunidades diversas cuando mantiene su orientación hacia Cristo, la Eucaristía y la vida sacramental. Pío XII relacionó la piedad mariana colombiana con el amor a la Eucaristía, a la Madre de Dios y al Romano Pontífice.8

El santuario de Las Lajas expresa esta dimensión eclesial. Aunque nació en un contexto local y fronterizo, su culto adquirió alcance nacional y recibió confirmación pontificia. La peregrinación une a personas de distintas regiones y recuerda que la Iglesia católica vive una misma fe en pueblos y culturas diferentes.

Reconocimiento eclesiástico

La Iglesia ha otorgado a Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas varios reconocimientos de carácter oficial:

  • 1927: los obispos colombianos declararon el templo santuario nacional.
  • 1952: la imagen recibió la coronación canónica.
  • 1954: Pío XII elevó el templo a basílica menor.
  • 1966: Pablo VI proclamó a la Virgen patrona principal de la diócesis de Ipiales.

Los documentos pontificios presentan estos actos como confirmación de un culto mariano extendido y de una intensa vida religiosa en el santuario.1,2

Este reconocimiento debe distinguirse de una eventual declaración sobre la naturaleza sobrenatural de la aparición narrada por la tradición. La Iglesia puede aprobar y promover una devoción, reconocer la utilidad pastoral de un santuario y conceder honores litúrgicos a una imagen sin convertir todos los elementos del relato popular en una verdad de fe obligatoria para los católicos.

Fiesta y práctica de la devoción

La advocación se integra en la celebración católica de la Virgen del Rosario, cuya fiesta litúrgica tiene lugar el 7 de octubre en el calendario romano. La fecha recuerda la tradición histórica de la fiesta del Rosario y su relación con la victoria de Lepanto, aunque cada diócesis y cada santuario organiza además celebraciones propias.

En Las Lajas, las fiestas suelen incluir novenas, procesiones, celebraciones eucarísticas, rezo comunitario del rosario y actos de peregrinación. La forma concreta del calendario puede variar según las disposiciones de la diócesis de Ipiales y de los responsables pastorales del santuario.

La oración del rosario alcanza su sentido pleno cuando conduce a la escucha del Evangelio y a la transformación de la vida. Juan Pablo II exhortó a los fieles colombianos a mantener esta oración como alimento espiritual y como camino de contemplación de los misterios de Cristo.4,5

Importancia cultural y religiosa

El santuario de Las Lajas reúne tres dimensiones inseparables:

  1. Dimensión religiosa: constituye un lugar de culto, peregrinación, confesión y celebración eucarística.
  2. Dimensión histórica: conserva una tradición mariana iniciada en el periodo colonial tardío y desarrollada a través de varias generaciones.
  3. Dimensión artística y arquitectónica: integra una imagen singular pintada sobre la roca con un templo monumental levantado en el cañón del Guáitara.

La importancia cultural del santuario no reduce su naturaleza religiosa. Para la Iglesia, el paisaje, la arquitectura y la imagen sólo alcanzan su significado completo cuando ayudan a los peregrinos a encontrarse con Cristo y a vivir la fe en comunión con la Iglesia.

Valoración católica

Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas representa una de las expresiones más características de la piedad mariana colombiana. La tradición fundacional recuerda la sencillez de unos testigos humildes; la imagen anuncia la maternidad de María y la presencia salvadora de Jesucristo; el rosario orienta la oración hacia los misterios de la redención; y el santuario convierte el cañón del Guáitara en un lugar de peregrinación y vida sacramental.

La Iglesia ha reconocido oficialmente la relevancia del culto mediante la coronación de la imagen, la elevación del templo a basílica menor y la proclamación de la Virgen como patrona principal de la diócesis de Ipiales. La tradición de la aparición pertenece al patrimonio devocional del santuario, mientras que los actos pontificios acreditan de forma solemne la legitimidad y la importancia eclesial de la veneración.

Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas permanece así como signo de la fe católica de Colombia y como una advocación que, mediante María y el rosario, dirige la mirada de los peregrinos hacia Jesucristo.

Citas y referencias

  1. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: Número 2, febrero, 1956, 5 (1956). 2 3 4 5 6 7
  2. IV, Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: Número 1, enero, 1966, 44 (1966). 2 3 4 5 6 7
  3. Papa Benedicto XV. Fausto Appetente Die, 11 (1921). 2
  4. Papa Juan Pablo II. 3 de julio de 1986: Concelebración eucarística en el Parque «Juan Pablo II» de Chiquinquirá - Homilía, 5 (1986). 2 3
  5. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: Número 1, enero, 1987, 74 (1987). 2 3
  6. El rosario. Enciclopedia Católica, El rosario (1913). 2
  7. Papa Pío XII. Mensaje radial a los participantes del Tercer Congreso Mariano Nacional de Colombia (8 de diciembre de 1954) - Discurso, 1 (1954).
  8. Mensaje radial a los fieles de Colombia para el cierre del Congreso Mariano Nacional (16 de julio de 1946), Pío XII. Mensaje radial a los fieles de Colombia para el cierre del Congreso Mariano Nacional (16 de julio de 1946), 1 (1946). 2
  9. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: Número 10, septiembre, 1946, 25 (1946).
  10. B7: Nuestra Señora del Rosario, Alban Butler. Vidas de los santos de Butler: Tomo IV, 52 (1990).
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