1983: inicio de las experiencias
El 25 de septiembre de 1983, Gladys Quiroga de Motta afirmó haber tenido la primera aparición de la Virgen María. La experiencia habría ocurrido en su domicilio, en San Nicolás de los Arroyos.
Durante los meses siguientes, las experiencias continuaron. Gladys comenzó a recibir mensajes que impulsaban al rezo del Rosario y a la conversión. La noticia se difundió entre los habitantes de la ciudad y atrajo progresivamente la atención de sacerdotes y autoridades eclesiásticas.
1984: aparición de la imagen
En 1984, la vidente relacionó las apariciones con una imagen mariana conservada en la catedral de San Nicolás. La imagen representaba a la Virgen del Rosario y había permanecido durante años en un lugar poco visible del templo.
La identificación entre la imagen venerada y la figura descrita por Gladys contribuyó a consolidar la iconografía propia de la advocación. La imagen muestra a la Virgen María con el Niño Jesús y el Rosario, de acuerdo con el título mariano que dio nombre a la devoción.
Durante este periodo comenzaron las peregrinaciones y las reuniones de oración. La devoción adquirió una dimensión comunitaria que superó el ámbito privado de la vidente.
1985-1986: crecimiento de la peregrinación
La afluencia de fieles aumentó de manera notable. Los peregrinos acudían a San Nicolás para rezar, participar en la Eucaristía, recibir el sacramento de la Reconciliación y encomendar intenciones personales y familiares.
La autoridad diocesana permitió la atención pastoral de los peregrinos, aunque la acogida litúrgica de una devoción no equivale por sí misma a una declaración sobre el origen sobrenatural de las apariciones. El Dicasterio para la Doctrina de la Fe recuerda que numerosos santuarios importantes de la Iglesia nacieron de formas de piedad popular sin que la autoridad eclesiástica hubiera declarado oficialmente sobrenaturales los acontecimientos iniciales.
1987: elección del lugar del santuario
La devoción condujo a la elección de un terreno destinado a la construcción de un santuario. El lugar quedó asociado a la peregrinación anual y a la celebración de la fiesta de la advocación.
La construcción del templo respondió a una necesidad pastoral concreta: acoger a los peregrinos, ofrecer espacios para la oración y permitir la celebración ordenada de los sacramentos. En la tradición católica, un santuario no se reduce a un edificio monumental. Su finalidad consiste en favorecer el encuentro con Dios mediante la proclamación de la Palabra, la Eucaristía, la Reconciliación y las obras de caridad.
1990: consolidación del calendario devocional
La práctica devocional estableció el 25 de septiembre como fecha principal de peregrinación y conmemoración. La fecha recuerda el inicio de las experiencias atribuidas a Gladys y reúne anualmente a numerosos fieles.
La Iglesia diferencia entre una celebración litúrgica universal y una fecha propia de la piedad popular local. El aniversario de una aparición no forma automáticamente parte del calendario litúrgico romano ni obliga a todos los católicos a rendir culto a esa advocación.
Décadas posteriores: expansión del santuario
Durante las décadas siguientes, San Nicolás se convirtió en uno de los principales centros marianos de Argentina. La peregrinación recibió grupos procedentes de distintas diócesis argentinas y de otros países.
La expansión de la devoción produjo asociaciones de peregrinos, grupos de oración, publicaciones, cantos y diversas formas de apostolado. La vitalidad de un santuario puede favorecer la evangelización cuando conduce a una vida cristiana más profunda y no queda reducida a la búsqueda de favores extraordinarios. El papa Francisco describió los santuarios como lugares privilegiados para la oración, la conversión y la evangelización.