El templo, la imagen y la memoria de la fe
En la tradición eclesial, el santuario del Valle en Catamarca aparece como un lugar estable para la veneración. Se menciona la existencia de una antigua capilla asociada al culto mariano desde los inicios de la historia local, y que el templo actual fue edificado posteriormente.
También se describe el carácter arquitectónico del templo: el documento señala que el edificio consta de tres naves de estilo románico, erigido en un emplazamiento que prolonga una memoria devocional anterior.
En este santuario, la devoción se concreta en el acceso de peregrinos que llegan a venerar a la Virgen y a pedir su protección maternal.
Reconocimiento de la Santa Sede: elevación a Basílica Menor
El culto del Valle no permaneció como mera devoción local. La Santa Sede concedió un reconocimiento jurídico-litúrgico de gran relieve.
En 1931, mediante una disposición pontificia, la Santa Sede honra con el título y la dignidad de «Basílica Menor» el templo dedicado a la Bienaventurada Virgen María del Valle, situado dentro de los límites de la ciudad y la diócesis de Catamarca.
Este acto no se presenta como algo aislado, sino como respuesta a una piedad constante de los fieles de la región (incluida la mención a la unidad de devoción entre diócesis cercanas) y como garantía de que el culto a la Virgen se convierta en un centro de referencia para la fe local.
La «Rosa de oro» y el impulso del culto (Benedicto XVI)
Entre los gestos pontificios vinculados a la Virgen del Valle, destaca la «Rosa de oro». En 2010, un documento de Acta Apostolicae Sedis recoge que, con motivo de «memoria futura», el pontífice Benedicto XVI concedió y otorgó esa rosa «forjada en oro» como testimonio y signo de benevolencia, conservada en el santuario.
El mismo texto recuerda que, desde comienzos del siglo XVII, los fieles empezaron a venerar a la Virgen del Valle y que el predecesor León XIII coronó su imagen; asimismo, subraya la afluencia de peregrinos al santuario, donde se custodia la imagen de la Madre de Dios.